A.R.I.C.O MEMORIA ARAGONESA

Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido

Hallan una fosa en Paradilla de Gordón con nueve fusilados

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 18/10/2010

Hallan una fosa en Paradilla de Gordón con nueve fusilados

Investigan las circunstancias en las que llegaron allí los represaliados asturianos

18/10/2010 j.a. barrio planillo | paradilla

Los responsables de la Comisión de la Memoria Histórica de la localidad asturiana de Pola de Lena han anunciado la presencia de un fosa común en las inmediaciones de la localidad gordonesa de Paradilla de Gordón, en la que se encuentran enterrados un total de nueve vecinos lenenses, que fueron asesinados allá por el año 1937, según había señalado un vecino de Geras de Gordón, que al parecer fue testigo de los asesinatos.

El relato de este leonés Angel Valbuena de 87 años de edad, vecino de la zona con propiedades en Paradilla, y según publica el diario asturiano, La Nueva España, «ha sido el fiel testigo para localizar el lugar exacto donde se produjeron las dramáticas muertes y es ahora cuando la Comisión de la Memoria Histórica intenta localizar a los familiares de las víctimas por si quisieran iniciar alguna acción al respecto».

En palabras del presidente del colectivo de la Comisión, Germán Mayora, explica que este vecino «ha llegado a revivir los momentos trágicos de aquellas muertes ocurridas al parecer el día 10 de setiembre de 1.937 y que con una mente aún lúcida en la actualidad, se acuerda de que por entonces, tuvo que llevar alimentos a ocho vecinos lenenses que poco a poco fue entrabando conversación con ellos y darles un sustento para la ocasión».

Pero no solamente existe una fosa de personas muertas en las inmediaciones del puente de Paradilla. Precisamente ayer, un vecino del pueblo comentaba pasada la media tarde, que los montes del lugar tienen enterradas «cantidad de víctimas por los años de la Guerra Civil, pero que se encuentran en los montes de los parajes de Paradilla, donde los accesos hasta llegar allí se complican porque no se puede acceder en coche».

De todas formas, los vecinos del lugar indican que en los montes de varias localidades del municipio de Gordón existen cantidad de personas enterradas en los años de la Guerra , y que son muchos los expertos que «a diario nos visitan para hacer reportajes».

http://diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=559592

La imagen muestra el puente de Paradilla donde existen fosas de represaliados de 1937. planillo

 

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La búsqueda que no acaba

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

La búsqueda que no acaba

La exhumación de Ágreda halla a los cuatro torrellanos fusilados y dos aviadores más El equipo quiere localizar a tres vecinos de Vierlas y Santa Cruz de Moncayo.

17/10/2010 MARTA FRANCO

Querían desenterrar a cuatro, pero acabaron encontrando a seis. Otros tres no llegaron a aparecer. La actuación que hace solo unos días pretendía exhumar en el municipio soriano de Ágreda los cuerpos de cuatro torrellanos fusilados en 1936 y enterrados en una fosa común culminó con la búsqueda de dos aviadores republicanos y otros tres vecinos de Vierlas y Santa Cruz de Moncayo. Estos últimos no fueron hallados, pero la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad tiene previsto regresar a la zona para recuperarlos.

Las labores empezaron el pasado 8 de octubre, cuando un equipo de la Fundación Aranzadi dirigido por Francisco Etxebarría se desplazó hasta la zona para buscar los restos de Feliciano Lapuente, Gregorio Torres, Luis Torres y Marcelino Navarro, cuatro vecinos de Torrellas asesinados y enterrados en Ágreda. Los cuatro cuerpos fueron encontrados con rapidez en el lugar donde una mujer del pueblo había declarado verlos cuando todavía era una niña, hace 74 años.

Pero, al contrario de lo que estaba previsto, la operación no se detuvo allí. Según constaba en el registro, en el cementerio civil de Ágreda había dos aviadores murcianos –Antonio Soto, sargento piloto, y Luis Gil, sargento observador–, dos vecinos de Vierlas y uno de Santa Cruz de Moncayo. Hacía ya tiempo que la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad intentaba encontrar a los descendientes de Soto y Gil, sin éxito, mientras que la búsqueda de los otros tres no se había llevado a cabo por las reticencias de una de las familias. Esta terminó cambiando de idea y, por su parte, la Asociación de Aviadores de la República decidió hacerse cargo de los cuerpos.

Ni rastro del resto

Los aviadores aparecieron rápido y hay pocas dudas sobre su identidad. Los trabajadores recuperaron las cazadoras de cuero en buen estado de conservación. Pero del resto, ni rastro. «Hemos levantado todo el cementerio civil y no estaban allí –declaró Iván Aparicio, de la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad–. Pensamos que podía tratarse de un error histórico, porque a veces ocurre, pero hay vecinos que piensan que podrían estar en otro lugar». La agrupación tiene previsto regresar a la zona para continuar la búsqueda.

«Nosotros estamos a su disposición para ayudar en lo que haga falta, porque sabemos lo duro que es esto», aseguró Anabel Lapuente, nieta del torrellano Luis Torres. Tras un largo proceso, ella ha recuperado a su abuelo, aunque la identificación oficial aún está pendiente. Ahora, con la ayuda del Ayuntamiento de Torrellas, buscan ayuda económica para poder cerrar este capítulo.

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=617569

Anabel, tras desenterrar los restos de su abuelo. FOTO: SERVICIO ESPECIAL

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La fosa de las fosas

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

La fosa de las fosas

Memoria histórica. Décimo aniversario de la primera exhumación de un grupo de republicanos fusilados en la Guerra Civil efectuada con métodos forenses

DIEGO BARCALA MADRID 17/10/2010

Octubre de 2000. España cumplía 25 años sin Franco o «de paz», como algunos prefirieron decir para citar la efeméride. En las televisiones, los documentales y reportajes ensalzaban por enésima vez el papel del rey en la recuperación de la democracia, el 23-F y demás acontecimientos de la memoria reciente. Ni una mención a que esa elogiada Transición había dejado a miles de demócratas humillados en cunetas, pozos y tapias de cementerio. Quedaron enterrados. Ni siquiera a la espera de un tiempo propicio para su recuerdo. Olvidados para siempre. Eran «los desaparecidos», como escribió el 8 de octubre de 2000 el nieto del primer republicano fusilado cuyo cuerpo fue identificado de una fosa con métodos genéticos, Emilio Silva, en La Crónica de León.

Ese calificativo utilizado para hablar de las víctimas del franquismo «desaparecidos», tan repetido en los últimos diez años, era inédito. «Pensé que me podría servir para contactar con los familiares de los enterrados junto a mi abuelo. Conscientemente utilicé el referente de los desaparecidos argentinos o chilenos», reconoce el nieto del comerciante Emilio Silva Faba, víctima de un asesinato político el 16 de octubre de 1936. La conexión mediática fue total, pero se notaría años después al hilo del debate parlamentario. Las primeras crónicas sobre las exhumaciones en los diarios estatales no aparecieron hasta 2002.

Respecto al paso histórico que estaba dando Emilio Silva, tan sólo aparecieron artículos sueltos como el del escritor Manuel Vázquez Montalbán en Interviú el 11 de diciembre de 2000. «Quedan por detectar cientos de fosas similares [como la de Emilio Silva] donde están los restos de los desaparecidos acusados por el franquismo, desaparecidos para siempre de prosperar el pacto tácito establecido durante la Transición de que demócratas y franquistas no se tiraran la memoria histórica a la cabeza. Tal vez el censo de desaparecidos y el descubrimiento de estas fosas comunes convenza a los jóvenes militantes en su ignorancia histórica, cada vez que hablan del franquismo y de la Guerra Civil como si no fuera con ellos (…). Y es que Franco, mis querido cachorros, fue el padre espiritual de Pinochet, por si este dato os ayuda a situarlo éticamente».

Referencia de Chile

La referencia a Chile de Montalbán, militante antifranquista, guardaba toda la intención en ese momento. Dos años antes, también un 16 de octubre, España saltaba a la escena internacional como ejemplo de funcionamiento del Estado de derecho después de que Baltasar Garzón dictara una orden de detención contra Augusto Pinochet. «En este país no se hablaba de fosas. No existían. Ni siquiera se debatía sobre la búsqueda de Lorca. Era un asunto que no estaba en la calle», recuerda Emilio Silva. Otro 16 de octubre, esta vez en 2008, el proceso abierto por la exhumación del abuelo de Silva junto a otros 12 fusilados en Priaranza del Bierzo (León) ocho años antes desembocó en otra orden del mismo juez. El magistrado se declaró competente por primera vez en España para investigar los crímenes del franquismo.

«En los últimos meses de 2000 recibimos muchas cartas y llamadas de teléfono. Cientos de personas esperaban la oportunidad de poder recuperar los restos de sus familiares. En ese momento, no nos quedó la más mínima duda: España era una gran fosa común», relata Silva. Esas cartas y llamadas hablaban de crímenes similares al que llevó al abuelo de Emilio a un agujero junto a un nogal a 30 kilómetros de su pueblo.

Emilio Silva Faba nació en 1894 en Pereje (León). Con 21 años emigró a Argentina y después a Nueva York hasta que, en 1925, decidió volver a su pueblo natal para montar un negocio de ultramarinos que instaló en Villafranca del Bierzo (León). «Era un hombre autodidacta, pero ciertamente ilustrado. Había viajado y eso le suscitaría ciertas inquietudes que le llevaron a afiliarse a Izquierda Republicana en 1932, el partido de Manuel Azaña», explica su nieto.

Silva Faba, como tantos otros republicanos, creía que la educación era la asignatura pendiente en España hacia el progreso. Prueba de ello es una foto familiar de una gran manifestación en Villafranca en la que aparece uno de sus hijos, de «8 o 9 años», con una pancarta que reclama: «Queremos un grupo escolar. ¡Viva Azaña!»

El compromiso de Silva Faba le llevó a tener un debate mediático en la prensa local con Antonio Carvajal y Álvarez de Toledo, uno de lo hombres más ricos y poderosos de la zona. El intercambio de artículos sobre la igualdad social en laParroquial Berciana, en 1932, fue determinante para que, pocos meses después del 18 de julio de 1936, Emilio Silva Faba acabase en la lista falangista de personas a eliminar. «El descubrimiento de la carta se convirtió en la experiencia que más cerca me ha permitido estar de mi abuelo republicano. Dicen que ese enfrentamiento fue determinante, pero su muerte era inevitable por la dinámica represiva de los sublevados», reflexiona Silva.

Los asesinos dejaron una viuda y seis huérfanos. Tres de ellos pudieron recuperar, 60 años después, los restos de su padre y enterrarlo en el cementerio. En el lugar que para él había reservado su viuda, Modesta Santín. Los tres hermanos observaban incrédulos los restos de los 13 de Priaranza. Ajenos al hecho histórico que acababan de protagonizar. Pese a que a finales de la década de 1970 e incluso en los ochenta se habían organizado exhumaciones casi clandestinas en pueblos de Navarra o La Rioja, la exhumación de su padre había puesto en la agenda social algo imparable.

40 años de silencio

Entre las decenas de espectadores que acudieron a la excavación estaba el periodista Carlos Elordi, que acudió al Bierzo por «inquietud personal y profesional». «Apenas sabía a qué iba, pero me encontré allí con un espectáculo extraordinario. Estábamos cerca de 15 o 20 personas buscando el lugar exacto de la excavación. Hacía mucho frío y en realidad el asunto resultaba aburrido, pero me fijé en dos personas mayores que discutían sobre el lugar exacto donde fueron enterrados los restos. Recuerdo que uno de ellos decía: Tú los viste aquí cuando pasaste con la bicicleta. Me acuerdo que yo iba a por leche…’. Detallaban cada recuerdo del suceso y les pregunté cuántas veces habían hablado de ello. Me dijeron que llevaban 40 años sin comentar nada», recuerda el periodista.

El silencio impactante guardado durante cuatro décadas por los vecinos de Priaranza se rompió al remover la tierra. «Cuando hicimos aquella exhumación pensamos que podría haber una, dos o tres fosas más como mucho y que el asunto se acabaría. En ningún momento pensamos que se acabaría hablando de ello en la ONU, en el Parlamento y todo lo que ha sucedido», recuerda el médico forense de la Universidad del País Vasco Francisco Etxeberria. «La explicación pasa por la intimidad con la que las familias han vivido el dolor. Igual que esos dos vecinos llevaban décadas sin hablarlo, las familias de los fusilados tampoco lo hablaban entre ellas. Por eso no había en 2000 una conciencia de los cientos de fosas comunes que estaban todavía intactas. Los historiadores dicen que ya habían escrito de ello, pero era para su consumo interno. Vivíamos en la ignorancia», analiza este experto que en la última década ha colaborado en la recuperación de la identidad de cientos de fusilados.

La identificación de los 13 de Priaranza no saltó enseguida al debate parlamentario. «El debate empezó cuando el PP, que estaba en el poder, tomó posición y el PSOE se vio obligado a dar una respuesta. Nadie esperaba la posición en contra de las exhumaciones que tomó el PP y los socialistas tuvieron miedo», analiza Elordi. «Después, [José Luis Rodríguez] Zapatero lo incluyó en su programa electoral en un momento en el que la derecha estaba muy movilizada y el debate desembocó en una ley que al final no ha servido para nada. El PSOE no se preocupó durante 14 años en el poder de este asunto y cuando lo descubrió no supo qué hacer con él», concluye el periodista.

Más de 1.500 cuerpos

La primera exhumación con métodos forenses dio lugar a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que fundó el propio Emilio Silva junto con un joven investigador de León que llevaba años detrás del asunto, Santiago Macías. Desde entonces han recuperado más de 1.500 cuerpos de cerca de 150 fosas comunes viviendo situaciones tensas «que cada vez son más infrecuentes», según Macías. «El último suceso desagradable lo tuvimos el pasado verano cuando el párroco de San Mamede do Río, en Portomarín (Lugo), se negó a dar los permisos para entrar en el cementerio. Parece que la Iglesia no evoluciona», ejemplifica.

El reconocimiento a la labor de esta asociación que ha contribuido a cerrar las heridas de cientos de familias no ha llegado en España. Desde un punto de vista internacional, la percepción ha sido otra. «Es el proceso más fascinante que vive actualmente la democracia en España», señala el corresponsal del Berliner Zeitung, Martin Dams, que también acudió a la fosa de Priaranza en octubre de 2000. «Recuerdo que me sorprendió mucho el asunto porque cinco años antes había entrevistado al historiador Santos Juliá, que me negó el pacto del olvido de la Transición y me aseguró que la culpa de que no se hablara de las fosas en España era de la izquierda, que no quería recordar sus crímenes, como el del trotskista Andreu Nin».

«Como alemán, percibo que España es vista ahora como un país que tiene dificultades para mirar a su pasado y ha sido la ARMH la que más ha contribuido a acabar con ese defecto. De hecho, el día que el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia sea recibido por Emilio Silva será cuando España haya cerrado sus heridas», concluye.

http://www.publico.es/espana/341923/la-fosa-de-las-fosas

Los familiares de Emilio Silva Faba colocan su foto en el nicho del cementerio en 2000.

 

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Un muerto por bando

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

Un muerto por bando

Anselmo Álvarez, abad del monasterio del Valle de los Caídos, cuenta la historia de su familia. En el osario de la basílica están los restos de su padre, fusilado por los republicanos; de su tío, republicano muerto en la batalla de Brunete; y de su hermana, que perdió la vida en un bombardeo

16 Octubre 10 – José Aguado – Madrid

Su hermana se llamaba Esperanza. Pero los nombres casi nada significan. En Navidad de 1936, en un bombardeo, le alcanzó un trozo de metralla y la mató. Anselmo Álvarez tenía tres años y apenas guarda recuerdos de esos tiempos, pese a que está obligado a hacer memoria cada día. Anselmo es el abad benedictino del Valle de los Caídos, un lugar que no deja indiferente a nadie y menos a él, que vive tan cerca de los huesos de su hermana, su padre y su tío. Su hermana Esperanza murió en la Guerra Civil, fue enterrada en una fosa común y ahora está allí. Su padre José, fusilado al principio de la guerra por el bando republicano y, también, identificado, descansa en el monumento. Y los huesos de su tío Antonio, que luchó con las tropas republicanas y murió en la batalla de Brunete, se encuentran en una de las fosas comunes del Valle. El abad Anselmo es el ejemplo perfecto de cómo las dos Españas, con el tiempo, se juntan en una. Él tiene muertos de los dos bandos de la Guerra Civil y está en el centro exacto de la historia de España, en la carretera que lleva a El Escorial, en el Valle de los Caídos.

En 2004 fue nombrado abad, cuando ya se esperaba lo que se le venía encima: «Conocía la historia de este lugar y sabía que iban a ser tiempos complicados. Al poco de ser abad se planteó un nuevo futuro para el Valle, una nueva perspectiva de convivencia y así ha sido», cuenta. Es un abad polémico, a veces políticamente incorrecto, aunque estos días, en los que ha vuelto ha ser noticia, ha elegido la prudencia para manejarse con los medios.

Está en Francia, en una reunión benedictina, pero ni fuera de España puede desentenderse de lo que sucede de un monasterio que nunca le abandona: hay demasiadas historias enterradas en las criptas y quien se acerca no puede no sentir o no tener una opinión de lo que representa. Es la memoria constante de un país que a veces no puede y a veces no quiere olvidar.

Miguel Ángel Capapé estuvo hace un mes. La humedad  que siente al recordar le provoca una sensación entre desagradable y emocionante. Junto a subsecretarios, delegados o funcionarios de los que nunca recuerdas el nombre, o forenses en los que ha depositado su esperanza, Miguel Ángel fue una de las seis personas que visitó el Valle para comprobar cómo están los restos de algunos enterrados republicanos y si se pueden trasladar. A través de un hueco en la pared de apenas 80 por 50 centímetros vio huesos mezclados, irreconocibles, cajas consumidas por la humedad y otras cerradas, en las que parece difícil leer la inscripción. Miguel Ángel Capapé es vicepresidente de la asociación aragonesa Arico, en la que diez personas quieren recuperar los huesos de los republicanos enterrados en Aragón tras morir en la guerra y trasladados después a Madrid. La asociación y tres particulares habían pedido reconocer y recuperar los huesos enterrados en el Valle. Arico incluso había solicitado al Gobierno una subvención de 60.000 euros para hacerlo ellos mismos. Pero se la negaron.

Un foco, humedad y huesos
Un día recibieron una llamada, los citaron en el Valle de los Caídos y tras esperar a que terminara la misa, entraron: «Nosotros estamos acostumbrados a desenterrar huesos, pero lo que vimos allí no tiene comparación. El aspecto lúgrube, el foco con el que tenías que mirar por el agujero en la pared, la humedad, el desorden de los huesos, el ambiente. La verdad es que fue muy impactante», reconoce Miguel Ángel. «Nosotros no hubiésemos podido hacer el trabajo de desenterrarlos», reconoce ahora.

El equipo que acompañaba a Miguel Ángel, y que nunca le pidió discreción o mantener el secreto, tiene que hacer un informe y en unos tres meses decidir si es posible recuperar o reconocer a las víctimas a través de los restos del Valle. «Si hubiera alguna posibilidad de recuperar los huesos, yo no pondría ningún tipo de reparo. Eso lo tiene que decidir el equipo del Gobierno», dice el abad. Él sabe lo que es buscar unos restos, la inquietud y la curiosidad que nacen de  sospechar, pero no saber con seguridad, dónde están enterrados tu ascendentes.

Anselmo Álvarez llegó al antes que los huesos. En 1958 junto al primer grupo de benedictinos fundadores se instaló en el Valle de los Caídos desde Silos. Su idea era hacer lo mismo que en todos los monasterios: rezo, trabajo e investigación. Lo que Anselmo no sabía entonces, con apenas 25 años, es que se iba a encontrar con su propia historia en el mismo sitio donde vivía.

Tampoco sabía que iba a tardar tanto en encontrarla.
Hace solamente ocho años descubrió que su padre estaba enterrado en el Valle de los Caídos. La última vez que supo algo de él fue en agosto de 1936, cuando le fusilaron por el «delito» de haber sido proveedor de leche de un convento. Hubo un registro, vieron su nombre y fueron a buscarlo una vez. Avisado a tiempo, consiguió evitarlo. La muerte, sin embargo, le perseguía y no logró escapar de sus ejecutores a la segunda. Le cogieron y en eso días aciagos no se estilaba la compasión entre bandos.

Desde ese instante, la madre de Anselmo intentó encontrar el cadáver de su marido, pero fue imposible. Comenzaba la guerra y no había tiempo para casi nada. Volvieron a buscar el cuerpo al terminar el conflicto. Sin éxito. Anselmo necesitaba saber y no hace mucho fue al registro del Patrimonio. Al comienzo de la guerra había más orden, se inscribían los muertos, el nombre y el lugar de procedencia. Fue allí cuando descubrió que los restos de su padre José descansaban al lado de donde él había estado viviendo gran parte de su vida.

Un lugar de reconciliación
También descubrió que su hermana Esperanza, enterrada al principio en la Almudena, había terminado cerca de él y de su padre. Sin posibilidad de identificarla, entre el tumulto de restos de personas que vivieron en un país enfrentado, Esperanza corre la misma suerte que su tío Antonio, el hermano de su madre. Es posible que sus huesos estén mezclados con otros, comidos por la humedad, imposibles de rescatar tanto tiempo después. «Que mi tío y mi padre, que estaban en bandos distintos durante la guerra, estén enterrados en el mismo lugar demuestra que el Valle de los Caídos es un lugar de reconciliación y que por eso tenemos que trabajar todos», dice el abad. Su familia es un ejemplo: «Las dos Españas forman parte del pasado y lo que tenemos que hacer es caminar juntos, superando esa dificultad y buscar un futuro en común». Insiste en que hay que superar un pasado que nos oprime y mirar más allá: «Apenas tengo recuerdos de mi padre o de mi tío. Yo era muy pequeño, pero sí que se me han quedado imágenes de esos momentos. Recuerdo estar jugando en la plaza de España el 1 de mayo de 1936 y veo que llega una manifestación enorme. Era el día del trabajo. Enseguida me sacaron de allí. También recuerdo los bombardeos. Nosotros vivíamos en la calles San Bernardo, en el centro de Madrid, en el cogollo. Vivíamos en un bajo, y cuando empezaban a bombardear, la gente venía a refugiarse en nuestra casa. Recuerdo muy vivamente todo ese movimiento de personas, las carreras en busca de un lugar para salvarse».

Pero es consciente de que el Valle de los Caídos es un recuerdo de todo aquello, pero él quiere que se pueda ver en sentido contrario: «Tras la guerra, las relaciones en mi familia eran muy normales. No había conflictos políticos. La vida continuó».  El abad del Valle de los Caídos creció sin padre, sin hermano y sin un tío. Pero no fue eso lo que le llevó a ser sacerdote. O sí, eso, más las tragedias y las reconciliaciones que vivió España. «Siempre me atrajo la vida religiosa y creo que Dios te va dando señales, te va llamando».

Mano a mano entre Obreros libres y presos
La gran polémica sobre el Valle de los Caídos comienza con su construcción. Presos republicanos trabajaron junto a obreros libres y las dos Españas tienen diferentes visiones acerca de ese hecho. Para algunos, los presos fueron obligados a trabajar por una paga mísera y a cambio, también, de reducción de condena. Para otros, los presos trabajan junto a obreros libres, en perfecta convivencia y sin ningún problema. Tampoco hay acuerdo sobre el número de muertos durante las obras. Unos hablan de 14, a otros esta cifra les parece ridícula y extremadamente corta.

Pablo Linares, de la Asociación para la defensa del Valle de los Caídos, cuenta la historia de su abuelo, Antonio Clemente, que estuvo en el bando republicano. Tras acabar la guerra y al no haber matado a nadie, vivió sin problemas y para tener un sueldo trabajó en «Guillén granitos y mármoles», que junto a otras empresas ahora desaparecidas levantaron el Valle de los Caídos. Su nieto cuenta que no estaba de acuerdo con el régimen de Franco, pero que tenía que vivir y tampoco se expresaba públicamente. Iba en moto a trabajar y cuando no le daba tiempo a volver, dormía sin problemas en el mismo barracón que los presos. Además, alguna vez se marchó a los toros con ellos, sin ningún problema. Sí que vio morir a un obrero. A uno libre: se acercó a una hormigonera, se puso en marcha sin querer y le machacó. Pero aparte de eso, sus recuerdos de la construcción del Valle de los Caídos, a pesar de la dureza, son buenos.

No era igual para todos. José María Calleja recoge en su libro «El Valle de los Caídos», otros testimonios: «El trabajo era durísimo y se hacía en condiciones lamentables; y sin ninguna seguridad. 14 muertos en 19 años, ¡no se lo creen!», dice un preso.

http://www.larazon.es/noticia/2284-un-muerto-por-bando#fotos

Anselmo Álvarez, abad del monasterio del Valle de los Caídos

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Gibson publica un polémico diario personal sobre la búsqueda de Lorca

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

Gibson publica un polémico diario personal sobre la búsqueda de Lorca

Mañana ve la luz, de manos de Alcalá Grupo Editorial, un libro «obsesivo» en el que el biógrafo del poeta aborda cómo vivió las excavaciones en el parque de Alfacar y critica la preparación de los trabajos

GRANADA HOY / GRANADA

Es una crónica personal (y polémica, sin duda) compuesta por confidencias y conversaciones privadas del investigador Ian Gibson durante los meses de excavación de la fosa de Lorca con periodistas, responsables de memoria histórica e investigadores. Las anotó día a día, en apariencia sin permiso de los implicados.

En ellas unos se quejan del hermetismo de la Junta, otros reparten aguijonazos y alguno revela detalles desconocidos del proceso. Un testimonio plural y oscuro de una búsqueda fallida. Un diario obsesivo y ‘cabreado’ que retrata cómo vivió personalmente la infructuosa excavación en pos de los restos de Lorca durante los cuatro meses de 2009 en los que los expertos, coordinados por la Consejería de Justicia, abrieron seis posibles lugares de enterramiento en el parque de Alfacar.

Para «poder aguantar el estrés» y el enfado que le provocaba el hecho de que nadie de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada ni de la Junta le consultara respecto a la fosa a pesar de tener la Medalla de Andalucía por sus trabajos sobre Lorca, Ian Gibson llevó a cabo un diario organizado por fechas y horas en el que retrata del desarrollo de las excavaciones y los pensamientos que éstas le suscitaba.

Sus reflexiones, el seguimiento de las publicaciones de prensa, a la que critica sin pelos en la lengua, y diversas conversaciones con los implicados, algunas de ellas privadas, verán la luz mañana en La fosa de Lorca. Crónica de un despropósito, un documento de 227 páginas editado por Alcalá Grupo Editorial y del que se distribuirán 3.000 ejemplares.

En el libro, el historiador critica el secretismo exigido por la Junta, una confidencialidad, bajo su punto de vista, impuesta en deferencia a los herederos del poeta, opuestos a la exhumación.

Así, muestra su indignación cuando, una vez recalificado el paraje como lugar apto para enterramientos, una petición realizada por los herederos, éstos se reservaban el derecho de identificar a Federico. Cree Gibson que con esta ambigüedad y la reiterada petición de que no querían un «circo mediático», ayudaron a provocarlo, así como a un largo rosario de bulos, filtraciones y contradicciones.

Por otra parte, el biógrafo de Lorca no entiende cómo los investigadores no tuvieran en cuenta, entre otras muchas cuestiones, las declaraciones en las que Antonio Ernesto Molina, vicepresidente de la Diputación en 1980, aseguraba que durante la construcción del parque se removieron huesos, algo que, según relata, también hizo público el alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez Salas, que durante años trabajó con Juan de Loxa, director de la Casa Museo de Lorca en Fuente Vaqueros.

«Se trata de un asunto extremadamente grave, de todas maneras: la posible ocultación ilegal de huesos humanos encontrados durante los trabajos en el parque de Alfacar. Juan Hurtado Gallardo, presidente de la Diputación Provincial en aquellos momentos, me ha asegurado que, de haberse enterado de lo que ahora se alega, habría parado inmediatamente las obras», escribe el irlandés en su diario de la exhumación. Además, va más allá y se pregunta: «¿No debería de haber, ya, una investigación judicial?».

A pesar de indagar en esta cuestión, por otro lado, cree que la preparación de los trabajos fue defectuosa; mientras que la búsqueda de los restos, demasiado restringida. E insiste una y otra vez en que habría que seguir buscando cerca de la barranquilla del parque de Alfacar, a ambos lados de la linde, e incluso debajo de ella.

Así, recuerda que de haber sido consultado antes de empezar la excavación, se lo habría aconsejado así a la Junta de Andalucía o a la Asociación granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. Y es que, según relata, él nunca dijo que Lorca estaba a los pies del monolito, sino en la zona del barranquillo y el olivo en cuya parte izquierda se sitúa el pinar, que a su juicio debería haber sido comprado por la Diputación hace ya tiempo e incluido en los trabajos que se llevaron a cabo.

Asimismo, tras abordar otras publicaciones recientes sobre la muerte de Lorca relata cómo en un encuentro mantenido el pasado 1 de septiembre con Juan Gallo, el comisario de Memoria Histórica, éste se extrañó mucho al ser preguntado sobre el decreto que la Junta prepara para proteger la zona de Fuente Grande y el barranco de Víznar. «¿Qué decreto?», asegura Gallo, al tiempo que afirma que la Junta no trabaja en tal proyecto.

Por último, Gibson lamenta la situación que atraviesa Garzón, así como la posibilidad de que la Junta pase a manos del PP, lo que, según indica, provocaría «un fatal retroceso en todo lo que concierne a la Memoria Histórica». Y concluye de esta forma: «De verdad, casi da ganas de llorar. Y de cortarse la coleta». Fin del diario.

http://www.granadahoy.com/article/granada/813899/

gibson/publica/polemico/diario/personal/sobre/

la/busqueda/lorca.html

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Un testigo desvela una fosa común en León con 9 lenenses enterrados

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

Un testigo desvela una fosa común en León con 9 lenenses enterrados

El colectivo de la Memoria Histórica de Lena contactará con los familiares «por si quieren emprender acciones»

Pola de Lena, C. M. BASTEIRO

Los responsables de la Comisión de la Memoria Histórica de Lena se encontraron hace unos días en Geras de Gordón con Ángel Balbuena, un vecino de la zona que presenció el asesinato de nueve lenenses en el año 1937. El relato del leonés, que ahora tiene 87 años, sirvió para localizar el lugar exacto donde se produjeron las dramáticas muertes. Ahora, la Comisión intentará localizar a los familiares de las víctimas «por si quieren iniciar alguna acción».

Germán Mayora, presidente de la Comisión, explicó que «Ángel tiene una mente muy clara para ser un octogenario». De hecho, «puede revivir momento a momento lo que ocurrió en los montes de Geras de Gordón aquel trágico 10 de septiembre de 1937». El leonés entregó una carta a los responsables de la Comisión «para que sus palabras no se pierdan».

Balbuena dedicó su vida al pastoreo y «se conocía al dedillo los montes de la zona», explica Mayora. A principios de septiembre de 1937, cuando fue a atender a su rebaño, se encontró con ocho lenenses «que estaban escondidos». Poco a poco, fue trabando amistad con ellos, «les llevaba algo de leche, para que no lo pasaran mal».

El día en que murieron, Balbuena estaba en el monte «cuidando de mis ovejas y mis cabras». De repente, vio aparecer «soldados armados hasta los dientes y, en cuestión de minutos coparon la zona», narra en su carta. Los lenenses, que eran ocho, quedaron rodeados y, «para mayor desgracia, apareció un enlace y lo detuvieron». Según explica el leonés, «a este último joven lo cogieron, le interrogaron y le dieron tal paliza que era difícil saber dónde tenía la cara».

«Luego le dijeron que se marchara, y cuando el joven comenzó a correr le dispararon repetidas veces, hasta dejarlo hecho un guiñapo», continúa Balbuena. Los otros ocho no corrieron mejor suerte. «Quedaron todos muertos a la orilla del río, les saquearon y los dejaron medio desnudos, junto al puente de Paradilla, y ordenaron a un vecino que pasó por allí que los enterrara», explica.

Ángel Balbuena lo vio todo escondido tras la maleza. Puso tanto cuidado como el que ha puesto durante 7 décadas para guardar la historia. Ahora la ha contado, «porque son cosas que se tienen que saber», según explicó a los miembros de la Comisión de la Memoria Histórica, con quienes contactó a través de un músico de Lena que actuó en León, este verano, en una verbena.

http://www.lne.es/cuencas/2010/10/17/testigo-desvela-

fosa-comun-leon-9-lenenses-enterrados/981507.html

El secretario de la Comisión de la Memoria Histórica, con Germán Mayora y Ángel Balbuena de pie. reproducción de fernando rodríguez

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El Marrufo: desenterrar el olvido

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

El Marrufo: desenterrar el olvido

El Ministerio de la Presidencia aprueba el proyecto presentado por el Foro de la Memoria del Campo de Gibraltar para hacer justicia · Los trabajos se encuentran en la fase de recopilación de información

YOLANDA G. TENA / ALGECIRAS

La investigación de la mayor fosa común que dejó la Guerra Civil en la provincia de Cádiz y que se localiza en la finca El Marrufo -en el límite entre las provincias de Cádiz y Málaga-, ha dado un nuevo giro en los últimos meses. Las asociaciones por la recuperación de la Memoria Histórica como la del Campo de Gibraltar siguen en su empeño de hacer justicia y en que no sea olvidada por las administraciones.

El compromiso de la Junta de Andalucía en diciembre de 2009 de exhumar los restos humanos enterrados en El Marrufo ha quedado prácticamente congelado, sin fecha y sin confirmación tras los cambios de titulares en varias consejerías, entre ellas la de Gobernación. Pero para muchos ciudadanos, algunos familiares de los enterrados en la fosa, esta investigación ya no tiene marcha atrás. El Foro de la Memoria del Campo de Gibraltar, acogiéndose a la convocatoria para la concesión de subvenciones destinadas a actividades relacionadas con las víctimas de la guerra civil que realizó el Ministerio de la Presidencia el pasado 29 de marzo, presentó un proyecto que fue aprobado con la máxima puntuación de todos los presentados del el país, otorgándosele una subvención de 55.900 euros.

El tesorero del Foro de la Memoria del Campo de Gibratar, Arturo Ruiz, señala que el dinero aún no se ha ingresado, si bien los trabajos divididos en varias fases ya han comenzado. Añade que este proyecto se realiza sin menoscabo del que pueda efectuar la Junta de Andalucía, que aunque no ha iniciado el estudio que aprobó en 2008, tampoco ha negado que se vaya a desarrollar.

El plan aceptado este año por el Gobierno central pretende determinar el número real de víctimas y la identificación de las mismas, así como la localización exacta de las posibles fosas que realmente conforman el enterramiento. Además, se pretende acercar al conjunto de la población de las localidad cercanas, los trabajos de investigación sobre el Marrufo, que se inicia en la zona conocida como La Sauceda (Cortes de la Frontera), y próxima a la finca de El Marrufo, donde se localiza un amplio poblado cuyos ciudadanos procedían de municipios de Málaga, de la sierra de Cádiz y del Campo de Gibraltar.

La primera fase del proyecto, en la que se encuentra actualmente es la de recopilación de todos los trabajos, publicaciones, documentos y testimonios de ciudadanos que se puedan aportar para crear una base de datos. Con todo lo aportado se editará finalmente en un libro. El Foro del Campo de Gibraltar cuenta con el apoyo y colaboración de distintas asociaciones como Memoria Histórica Jerezana, Papeles de Historia, así como investigadores como Juan Pino Palma e historiadores como José Manuel Algarbani. «Entre todos vamos a realizar el trabajo y de todos van a ser los méritos y los reconocimientos. De otra forma, no podríamos llevar a cabo nuestros objetivos», señala Arturo Ruiz. Todos los colectivos se han reunido ya dos veces para trazar las líneas de actuación y el próximo mes de noviembre se realizará un nuevo encuentro.

En paralelo, y a medida que se da a conocer la investigación en los diferentes pueblos afectados, se presentan denuncias de familiares -actualmente medio centenar-, que son remitidas al Comisario para la Recuperación de la Memoria Histórica, de la Consejería de Gobernación, para que no quede en el olvido. En ellas, se solicita la exhumación de la fosa común.

El Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar está convencido que en los próximos meses seguirá saliendo documentación, que a su vez dará lugar a más testimonios de familiares y abrirá nuevas vías de información. La asociación Papeles de Historia aportarán en los próximos meses la información que recabe en el Archivo Militar de Sevilla.

El siguiente paso será un estudio topográfico de las fosas de la finca y las catas arqueológicas. Esta fase de los trabajos están prevista que se realice en el verano de 2011. El colectivo cuenta con recursos humanos -arqueólogos, topógrafos, historiadores -, y técnicos -material audivisual, maquinaria, alojamiento-, donde irá a parar la mayor parte de la ayuda estatal. Las posibles exhumaciones tendrán que realizarlas posteriormente la Junta, a la que finalmente se le aportará toda la documentación, así como la insistencia de los colectivos.

«Estamos convencidos de que cuánto más se vea la dimensión real de esta fosa común, las distintas administraciones tendrán que implicarse para dignificar a estas personas», señalan los responsables del Foro del Campo de Gibraltar, quienes consideran que la sociedad tiene una doble deuda con las víctimas de Guerra Civil, primero murieron por defender unas ideas políticas y años después la sociedad las vuelve a castigar con el olvido.

http://www.europasur.es/article/comarca/813768/

marrufo/desenterrar/olvido.html

Imagen de archivo de la capilla de El Marrufo, que sirvió de prisión durante la Guerra Civil.

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Rosas blancas para cuatro inocentes

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/10/2010

Rosas blancas para cuatro inocentes

Los benaventanos represaliados y enterrados en Santa Marta reposan en su tierra 74 años después

J. A. G. Modesto Rodríguez Vecino, Andrés Castaño Fernández, Clemente López Fernández y Víctor Calvo Sáez, reposan ya en su tierra. Los cuatro benaventanos víctimas del franquismo cuyos restos fueron exhumados de la fosa común de Santa Marta de Tera el año pasado, han regresado a casa. Juntos durante 74 años en una fosa común y juntos finalmente en el cementerio de su ciudad. Sus familiares les despidieron con rosas blancas en un emotivo homenaje. Una rosa por cada inocente «voló» hacia la tumba compartida. Los familiares, hijos, hermanos o nietos, las depositaron o las arrojaron sentidamente o con lágrimas en los ojos. Luego sonó la Elegía para Violonchelo de Gabriel Fauré y se guardó un minuto de silencio. Ángeles Morales, la presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) declamó un desgarrador poema propio y agradeció a los presentes su presencia. Así concluyó el homenaje.

La «Sinfonía de las lamentaciones» de Henrik Górecki sonaba íntimamente en el noreste del cementerio benaventano a las 16.30 horas de la tarde, poco antes de comenzar el acto. En una zona acotada se había abierto una fosa y depositado dos cajas con los restos de los cuatro benaventanos. Los familiares, algunos con ramos de flores, aguardaban el inicio del acto con gesto grave, con tristeza o con emoción contenida.

Esther González, magistrada y vocal de la ARMH, introdujo el homenaje con un breve agradecimiento al Ayuntamiento, evidenció que los cuatro benaventanos se mantenían juntos «como estuvieron todos estos años», y brindó un reconocimiento especial a los jueces Baltasar Garzón y Tania María Chico por el trabajo realizado en «momentos francamente difíciles», como mas tarde se vio, dijo, refiriéndose «a lo ocurrido con el juez Baltasar Garzón». González subrayó que al fin se había podido dignificar la memoria de los perseguidos restaurando con este acto constitucional la legalidad violentada en 1936 y, tras recordar la obligación del Estado español de cumplir las leyes internacionales, admitió que la Ley de la Memoria Histórica «no ha dado el resultado que esperábamos» y reclamó al Estado que se haga cargo de todas las actuaciones.

Magali Hidalgo, nieta de una de las víctimas, tomó la palabra en nombre de las familias. Se refirió a su abuelo, a quien prácticamente acababa de conocer y citó una leyenda italiana. «Nadie muerte del todo si hay alguien que le recuerde», dijo. Mencionó entonces los silencios familiares sobre el pasado, la «rabia», la «tristeza» o la «pena» con que cada cual afrontaba la situación. «Es muy duro para una familia vivir con esto», agregó. Evocó entonces el hallazgo de los restos, «la emoción de encontrarles», el apoyo de muchas personas y las frases de incomprensión. Agradeció la valentía de los jueces y «gratitud». Su voz fue la de el resto de las familias.

http://www.laopiniondezamora.es/benavente/2010/10/17/

rosas-blancas-cuatro-inocentes/470668.html

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Homenaje a la memoria histórica de Vigo sin apoyo del alcalde Abel Caballero

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 16/10/2010

Homenaje a la memoria histórica de Vigo sin apoyo del alcalde Abel Caballero

  • Abel Caballero no asiste al acto de recuerdo a 136 fallecidos
  • La Asociación Memoria Histórica del 36 critica al regidor vigués
  • Reclaman la retirada de la Cruz de los Caídos del parque de O Castro
  • Les impidió poner una placa en Pereiró, cementerio con 740 represaliados
  • ‘No es un acto de venganza, es de recuerdo, no debe de tener familia’, dicen
  • Reparten a turistas folletos en 5 idiomas con la historia ‘real’ de la cruz

Antonino García | Rosa González (Fotos) | Vigo

Actualizado sábado 16/10/2010

«Tenemos un representante del Concello, que no de la Alcaldía». Los ánimos en el castillo de O Castro, donde están los orígenes del Vigo actual, estaban caldeados por los continuos desprecios que reciben de Abel Caballero. Este sábado, la Asociación Viguesa por la Memoria Histórica del 36 homenajeó en el parque olívico a los 136 asesinados tras la Guerra Civil. Al acto asistió el teniente de alcalde nacionalista, Santiago Domínguez, pero no el regidor socialista, enfrentado con el colectivo.

Las malas relaciones vienen de atrás y se recrudecieron hace unos meses. La asociación ha pedido en numerosas ocasiones al alcalde que apoye la retirada de la Cruz de los Caídos que se levanta en la ladera del promontorio más céntrico de la ciudad, a los pies de la Casa Consistorial.

En su última respuesta en público sobre el asunto, Caballero no quiso hacer comentarios, pero en anteriores ocasiones les envió algún mensaje:«En los últimos 35 años, yo soy el que más ha hecho para eliminar los símbolos franquistas en la ciudad, eso es lo que debería tener en cuenta».

A raíz de aquel enfrentamiento, el contacto ha sido nulo y Telmo Comesaña, presidente de la asociación, recuerda que ni siquiera responde. «Le hemos enviado cartas y aún estamos esperando», indica sin olvidar que «también nos impidió colocar un placa» en el cementerio de Pereiró, el camposanto más grande de Vigo en el que reposan los restos de 740 represaliados.

Recientemente se presentaron 4.000 firmas pidiendo la retirada de la cruz y tampoco ha sido concedida la solicitud para intervenir en el pleno del Concello. «Es un alcalde antidemocrático. No le contesta a una asociación que tiene el título de Vigués Distinguido. Es inconcebible», indica Comesaña.

Abel Caballero argumenta que durante su mandato se ha llegado a un acuerdo con el Obispado para eliminar de las fachadas de las iglesias los recuerdos a los caídos, pero la asociación lo considera insuficiente. En los últimos días se aprobó la retirada de un escudo anticonstitucional de la Casa das Artes, un edificio de los años 30 construido en la céntrica calle García Barbón para acoger la sede del Banco de España.

Recuerdo a los fallecidos

Este sábado, decenas de personas, entre ellos muchos familiares de víctimas, acudieron al monte de O Castro para homenajear a los fallecidos. El colectivo ha recopilado documentación sobre la muerte de 136 personas en la muralla del castillo, que fueron asesinadas entre agosto de 1936 y abril de 1942.

«Esto no es un acto de venganza, es de recuerdo a nuestra familia, un símbolo de cariño, no queremos que vuelva a ocurrir. El alcalde no debe de tener familia», explica Amalia Collazo, vecina del barrio de Lavadores, una de las zonas en las que la represión posterior a la Guerra Civil fue más cruenta. Su abuelo y dos tíos abuelos murieron fusilados. «El alivio de poder poner flores en sus tumbas es de humanos, no puedo entender la controversia, no hay malos sentimientos, sólo ganas de curar», añade.

Discursos y un recital poético acompañaron el sentido homenaje al que acudieron decenas de personas que se mezclaban con los turistas que acudían a visitar los vestigios y yacimientos de la ciudad. «Esta piedra y este texto contará a todo el que pasé por aquí lo que realmente ocurrió, porque la gente no lo sabe», señaló Telmo Comesaña.

‘Rutas de la memoria’

En otras zonas de Vigo ya se han descubierto también placas de recuerdo. Alcabre, el cementerio de Lavadores, Figueiriña, A Guía o municipios cercanos como Mos forman lo que ellos denominan ‘rutas de la memoria’ para conseguir que conozcan cosas que «no vienen en los libros de historia».

En el fondo, la asociación critica la Ley de Memoria Histórica promovida por el PSOE y Comesaña la denomina como «un verdadero atraco a la sociedad desde el momento en el que no anulan los juicios sumarios y consagran como legales los crímenes fascistas». Asegura, además, que el acalde es «connivente con esa filosofía» y se pregunta «dónde está el partido político que más víctimas tuvo».

Retirar la Cruz de los Caídos sigue siendo su objetivo porque «no representa nada cristiano, sino sólo el fascismo y el franquismo. Se puso para dividir, no para unir». Sus iniciativas para conseguirlo también han llegado hasta los miles turistas que desembarcan a diario en la ciudad en los cruceros y a menudo se citan en los muelles vigueses para repartir folletos en cinco idiomas con la «verdadera» historia de la cruz, «un testimonio de la ignominia y vergüenza del municipio».

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/10/16/galicia/1287257647.html

La placa, en las murallas de O Castro donde fueron los fusilamientos. | R. G.

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Cuatro ejecutados en la Guerra Civil reciben sepultura en Benavente

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 16/10/2010

Cuatro ejecutados en la Guerra Civil reciben sepultura en Benavente

El acto dedicado a los benaventanos ejecutados en octubre de 1936 contó con la presencia de familiares directos de los represaliados

16.10.10 – 19:19 – ICAL | ZAMORA

Más de un centenar de personas asistieron hoy en el cementerio municipal de Benavente (Zamora) a la ceremonia en la que se dio sepultura a cuatro hombres que fueron ejecutados durante la Guerra Civil Española y cuyos restos se exhumaron a mediados de junio de 2009 en una fosa común en Santa Marta de Tera.

Una vez completado el proceso de identificación de los restos, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica organizó bajo el epígrafe ‘Homenaje a cuatro víctimas del franquismo en Benavente’ el acto dedicado a los benaventanos ejecutados en octubre de 1936 y que contó con la presencia de familiares directos de los represaliados. “Se cierra un círculo cada vez que una persona condenada a la desaparición forzosa se vuelve a sacar a la luz”, afirmó, en declaraciones a la agencia Ical, Ángeles Morales, presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Zamora. “Culminar ese acto y ese duelo por parte de los familiares y rendir justicia a esos restos hace que en cada uno de estos actos se cristalice todo el afán que tenemos de cerrar heridas que se habían cerrado en falso”, añadió.

Víctor Calvo López, contable de profesión, había cumplido 33 años cuando fue asesinado; Andrés Castaño Fernández, albañil, tenía 46; Clemente López Fernández, jornalero, 33, y Modesto Rodríguez Vecino, dependiente de comercio, fue ejecutado cuando tenía 26 años. Los cuatro vecinos de Benavente estaban vinculados al Partido Socialista Obrero Español, al Partido Republicano Radical Socialista o eran sindicalistas, según los casos y los datos que proporcionó la ARMH de Zamora. Estuvieron detenidos en la prisión de Puebla de Sanabria, de la que fueron sacados con el pretexto de un traslado a la de Zamora pero durante el trayecto hubo una parada en la que fueron ejecutados en las proximidades de Santa Marta de Tera. “Esta fosa fue la primera que se abrió por orden judicial de la entonces jueza de Benavente, Tania Chico. Los familiares de represaliados en Destriana (León) tenían noticias de esta fosa y se había localizado a gente de Santa Marta y algunos documentos que apuntaban a la existencia de un enterramiento de cuatro personas de Benavente”, explicó Morales.

“Conté los tiros que les dieron a estos señores”, dijo a Ical Felícito Ballesteros, de 85 años, natural de Santa Marta de Tera y testigo presencial de los asesinatos. “Tenía once años cuando presencié aquello. No hay derecho a matar a nadie. Los primeros enterrados en Santa Marta fueron los tres de Destriana y los segundos, los de Benavente, el día 22 de octubre de 1936”, explicó. “Si no es por la opción mía, estos restos no llegan a Benavente ni a sus familiares porque todo el mundo negaba que hubiera restos. Yo dije que estaban ahí”, recalcó.

Emoción

Los familiares, algunos de ellos, descendientes directos de los ejecutados, se mostraron visiblemente emocionados durante el acto que comenzó con las intervenciones de la presidenta de la ARMH y de Marta González, integrante de la Asociación, y en el que destacó la intervención, firme y emotiva, de Magalí Hidalgo, nieta de Víctor Calvo. “Pensamos en los jueces honrados valientes que hicieron ley por los derechos de las víctimas y de sus familias y de los que lucharon por hacerlas cumplir. Ni unos ni otros lo han tenido fácil, como ya hemos visto y, pese a ello, han perseverado en su trabajo”, dijo durante su discurso, dedicando una mención especial a la jueza asturiana Tania Chico. “Lo que más valoramos ha sido el apoyo de los cientos de personas comprometidas y batalladoras de la ARMH que han ofrecido las herramientas que tenían a su alcance y que han sido un bien precioso para nosotros, dando la sensación de que alguien estaba de nuestro lado”, apuntó.

Tras la alocución de Magalí Hidalgo, que concluyó con una salva de aplausos por parte de los asistentes, un familiar de uno de los represaliados tomó brevemente la palabra para protestar por la placa del monolito recién instalado por el Ayuntamiento de Benavente. “Es una vergüenza que la placa hable de ‘fallecidos’ cuando debería poner ‘asesinados’, que es lo que fueron realmente”, espetó.

Con los versos de Mario Benedetti todavía en el ambiente, y después de guardar un minuto de silencio ante la fosa en la que reposarán los restos de los cuatro benaventanos asesinados, sus familiares arrojaron al interior sendas rosas blancas como “símbolo de la inocencia de las víctimas”, según indicó la presidenta de la ARMH de Zamora.

Críticas al Estado

Al terminar el acto, el concejal por Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Benavente, Manuel Burón, y la concejala por el Partido Socialista, Purificación Fraile, expresaron su apoyo a la causa defendida por la ARMH y criticaron al Partido Popular por no haber tenido ninguna representación en la ceremonia. “Debería haber alguien del equipo de Gobierno”, comentó. “Nosotros también pensamos que la placa del monolito debería hablar de ‘asesinados’ porque esos ciudadanos no murieron de muerte natural, sean del bando que sean”, añadió, anotando que, en cualquier caso, “a pesar de la tristeza que producen estos actos, podemos tener la satisfacción de que sea el segundo acto porque hace cinco años hubo aquí mismo, en el cementerio de Benavente, un homenaje a nueve fusilados en Villanueva del Campo”.

Por su parte, Ángeles Morales criticó, en declaraciones a Ical, el hecho de que el Estado “haya delegado competencias que le son propias como esclarecer la verdad y reparar los daños a las personas y negando a la gente masacrada guante la Guerra Civil Española el derecho de amparo”. En este sentido, añadió que “se delega en iniciativas privadas, asociaciones, dando subvenciones y dejando hacer intervenciones aquí y allá pero esto no debería ser competencia de la iniciativa privada y, de algún modo, la Ley de la Memoria Histórica permite estas cosas pero no las cierra”, apuntando que “esto fue una iniciativa del juez Garzón y mira lo que pasó al final”.

Asimismo, recalcó que “no se puede entender que en países como Alemania, los países balcánicos, Ruanda o Camboya se haga una visión crítica de la historia y que en España no se pueda hacer” y se preguntó “por qué parece que somos un hecho histórico diferencial que nos impide dar la vuelta y esclarecer la verdad”.

http://www.nortecastilla.es/20101016/local/zamora/

cuatro-ejecutados-guerra-civil-201010161919.html

J. L. Leal / ICAL Los restos de cuatro ejecutados durante la Guerra Civil Española, que fueron encontrados en una fosa común en Santa Marta de Tera (Zamora) tras ser asesinados en octubre de 1936, reciben sepultura en el cementerio de Benavente en un acto organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

 

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