A.R.I.C.O MEMORIA ARAGONESA

Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido

Comienza en Babia la exhumación de 37 republicanos fusilados en la guerra

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 11/09/2011

LAS EXCAVACIONES SON REALIZADAS POR LOS 14 VOLUNTARIOS DEL CAMPO DE TRABAJO INTERNACIONAL EN PIEDRAFITA

Comienza en Babia la exhumación de 37 republicanos fusilados en la guerra

Un grupo de 14 voluntarios pertenecientes a la ONG «Servicio Civil Internacional», y que proceden de 9 países, intentan desde ayer exhumar a

Jose Luis Vega Corresponsal de Diario de León – PIEDRAFITA.Jose Luis Vega Corresponsal de Diario de León 03/07/2002

El campo de trabajo internaconal fue organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, «ARMH», que anteriormente ha realizado excavaciones de este tipo en la localidad de Priaranza, donde se recuperaron los cuerpos de 16 milicianos, y tambien en Cubillos del Sil, localizándose 4 cadáveres de civiles asesinados durante la guerra civil. Los voluntarios que participan directamente en las excavaciones, y que integran las denominadas Brigadas Internacionales del siglo XXI, han venido desde Francia, Polonia, Estados Unidos, Holanda, Austria, y Suiza, con edades que oscilan entre los 20 años de una chica polaca y los 72 años de una mujer suiza que ha demostrado una gran vitalidad y no desentona entre el grupo. Un aparato de alta tecnología denominado georradar, ha determinado la zona en la que presumiblemente se encuentran los 37 cadáveres asesinados hace 65 años, a la orilla de la carretera C-623, en el punto kilométrico 90, a escasos metros del desvío hacia el santuario de Nuestra Señora de Carrasconte. Los restos podrían estar dispersados a una profundidad que varía entre los 50 cm. y los casi 2 metros, e incluso se baraja la posibilidad de la existencia de dos fosas. La responsable técnica de las tareas, la geóloga María Luz González Fernández, señaló que los voluntarios han iniciado la excavación por el extremo de menor profundidad y realizarán barridas tanto transversales como longitudinales hasta localizar los restos óseos. Una vez procedida a la localización, el proceso continuará con la limpieza y documentación para proceder a la exhumación, instalando un taller provisional en el que poder realizar las labores que determinen la edad, sexo y patologías de los cadáveres hallados con el fin de poder identificarlos. La lentitud impuesta por el trabajo manual durante el desarrollo de la jornada de ayer, obligó a tomar la decisión de aceptar los trabajos de una máquina excavadora facilitada por el Ayuntamiento de Villablino, que se incorporó a las tareas a partir de las 16 horas, aunque ayer aún no había aparecido ningún resto. El grupo de brigadistas tuvo el primer episodio cargado de emotividad a mediodía, con la llegada al campo de trabajo de dos vecinas de Palacios del Sil que no dudaron en acudir a la zona en la que esperan recuperar los cadáveres de sus familiares, enterrados la fatídica noche del 5 al 6 de noviembre de 1937. Isabel González y Asunción Alvarez, se abrazaron a los voluntarios para agradecerles el trabajo que están realizando, y fueron informadas por los responsables de estas tareas, sobre el proceso iniciado en la mañana de ayer, confiando en que permita a estas mujeres ofrecer un entierro digno a sus familiares desaparecidos durante el franquismo, aunque este sepelio tenga que celebrarse con 65 años de retraso. A lo largo de la mañana tambien acudieron a la zona, numerosos vecinos de Piedrafita de Babia y del entorno, algunos de los cuales habían oído hablar del terrible fusilamiento por el que su pueblo será portada de televisiones y medios de comunicación en los próximos días. De hecho, el despliegue informativo que ha levantado este campo de trabajo, se dejaba notar ayer desde primeras horas de la mañana, pero se multiplicará en los próximos días.

http://www.diariodeleon.es/noticias/imprimir.php?id=29677

Los voluntarios del campo de trabajo internacional tratan de recuperar a pico y pala 37 cadáveresVEGA

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Las excavaciones en La Carcavilla han permitido hallar restos de una decena de fusilados

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 11/09/2011

Las excavaciones en La Carcavilla han permitido hallar restos de una decena de fusilados 

11.09.11 – 01:42 – EL NORTE | PALENCIA 

Arqueólogos y voluntarios vinculados a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica siguen trabajando en el parque de La Carcavilla en unas complicadas labores de búsqueda de restos de fusilados de la Guerra Civil. El trabajo ha permitido descubrir ya restos que corresponden a una decena de fusilados y que están listos para su exhumación.

Las excavaciones, que se desarrollan sobre la sección IV del antiguo cementerio, comenzaron a finales de agosto y está previsto que se prolonguen hasta finales de septiembre. La principal dificultad estriba en la escasez de tiempo y de presupuesto fijados para estas tareas, según reconocía ayer José Ignacio Marín, de la Agrupación de Villaviudas de Familiares de Fallecidos y Desaparecidos en la Guerra Civil, que es de la que parte la iniciativa. También colaboran agrupaciones de Monzón, Dueñas y Palencia, junto a la Unidad de Antropología de la Universidad Autónoma de Madrid, la Sociedad de Ciencias Aranzadi y las Asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica.

En la primera fase de la excavación en La Carcavilla, hace dos años, fueron recuperados los cuerpos de más de treinta represaliados. Arqueólogos y voluntarios buscan restos de 250 fusilados, que en 1936 fueron sepultados en el antiguo cementerio de Palencia.

http://www.elnortedecastilla.es/v/20110911/palencia/

excavaciones-carcavilla-permitido-hallar-20110911.html

 

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75 Años de la barbarie franquista

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 11/09/2011

HISTORIAS DE LA MASACRE DE 1936

75 Años de la barbarie franquista

Hace justo 75 años, Euskal Herria estaba envuelta en sangre por la barbarie franquista. Al menos 6.018 ciudadanos fueron ejecutados en los meses posteriores al 18 de julio. Este es un breve recorrido por el escenario de la masacre.

Iñaki EGAÑA I Historiador

Durante el tercer fin de semana de julio de 1936 tuvo lugar un golpe de Estado que, fracasado, daría pie a la guerra civil española. Un año después el territorio vasco quedaba en su totalidad en poder de los sublevados, de los franquistas, y para marzo de 1939 la integridad del español. En 1975 moriría el dictador, abriéndose una transición política que obviaría el pasado más cercano. Han transcurrido 75 años del inicio de la barbarie franquista y, todavía, las cuentas de la represión no se han contabilizado al detalle. Conocemos las líneas maestras, pero los obstáculos judiciales y políticos han impedido cerrar la investigación. Algún día se llegará al fondo. Mientras tanto vamos a intentar recapitular en este macabro aniversario.

Al menos 6.018 vascos fueron ejecutados por el franquismo en los meses y años posteriores al inicio del golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Entre ellos están contabilizados los que murieron en el campo de concentración de Deustu y en la prisión de San Cristóbal (en el monte Ezkaba) y en los bombardeos a la población civil. Los ejecutados en Nafarroa fueron el 1% de su población total, entre el 7 y el 8% de los que habían votado opciones abertzales o republicanas en febrero de 1936.

De Sartaguda fusilaron al 6,76% de su población. Entre el 2 y el 6% de fusilados se encontraban Lodosa, Mendabia, Milagro y Peralta. De Durango, incluyendo a los falle- cidos en el bombardeo del 30 de marzo de 1937, desaparecieron el 1,78% de sus habitantes. La capital vasca con mayor número de ejecutados fue Donostia, cerca de 400. Aunque en porcentaje lo fue Iruñea, con 300. La capital navarra tenía entonces 42.000 habitantes, y la guipuzcoana, el doble.

Los primeros ejecutados, el mismo 18 de julio de 1936, fueron el baracaldés Manuel Rodríguez, en Zambrana, y en Iruñea Fidel Zandueta y José Rodríguez-Medel, este último comandante de la Guardia Civil en Navarra, leal a la República. Los restos de cerca de 150 de los fusilados navarros, así como varias decenas de gudaris que murieron en la batalla de Legutio, fueron llevados al franquista Valle de los Caídos sin conocimiento de sus familiares. El primer militar vasco fusilado lo fue en Melilla. Se trató del capitán Virgilio Leret Ruiz, aviador e inventor de diversos ingenios voladores.

Jamás se ha tomado en cuenta la magnitud de la represión y el ataque frontal a las libertades vascas y al sistema republicano. La falta de voluntad de los herederos políticos directos del 36, que abandonaron a los suyos, ha hecho que la investigación haya quedado, como tantas otras, en manos particulares e iniciativas populares. A quienes intenten frivolizar habría que explicarles, por ejemplo, que 37.930 niños vascos (hoy sabemos el nombre y apellidos de todos ellos) fueron dispersados en el exilio y terminaron sus días, algunos de ellos, en lugares tan lejanos como Siberia.

La represión tuvo un componente antidemocrático y totalitario que, en primera instancia, se cebó en los representantes de la voluntad popular: 29 alcaldes, de ellos 22 en Nafarroa, fueron ejecutados, así como un número más elevado de concejales. Fue paradigma el caso de Cárcar, donde fueron ejecutados su alcalde Lucio Gutiérrez y todos los concejales excepto dos.

Entre los alcaldes asesinados se encontraban Alejandro Mallona (Mundaka), Fortunato Agirre (Lizarra), Gabino Alustiza (Aia), Domingo Burgaleta (Tudela), Teodoro González de Zarate (Gasteiz), Saturio Burutarán (Loiola, Donostia), Valentín Plaza (Castejón), José Markiegi (Deba), Felipe Urtiaga (Berriz), Antonio Moreno (Corella)… En Araba y Nafarroa fueron fusilados 27 maestros. También decenas de funcionarios municipales como Tomás Abaitua Ugalde, jefe de la Guardia Municipal de Bilbao.

Entre los cargos políticos, el consejero de Sanidad del Gobierno Vasco, Alberto Espinosa Orive, fue el primero en ser ejecutado. Desde febrero de 1936 era diputado a Cortes en Madrid. A Teodoro Olarte, diputado general de Araba, le torturaron, le rompieron varias costillas y le ejecutaron en Bayas. Tras la rendición de Santoña, la Falange ejecutó a quienes consideraba los dos máximos dirigentes de cada partido y sindicato leales. Entre los muertos estaban Jesús Zabala (ELA) y Ramón Rabaneda (PCE), padre del que luego sería modisto Paco Rabanne.

A partir de Santoña, prácticamente todos los sectores sociales fueron juzgados colectivamente: médicos, funcionarios, empleados municipales, ayuntamientos al completo, etcétera. Los funcionarios de prisiones o milicianos que participaron en tareas de vigilancia en las cárceles fueron ejecutados, en todos los casos, a garrote vil. Los primeros agarrotados, Pedro Garmendia, de ANV, natural de San Salvador del Valle, y el socialista Julián Hermosa, de Basauri.

Todas las formaciones políticas sufrieron la pérdida de dirigentes. En el PNV Ramón Azkue, que había sido jefe del Eusko Gudarostea, y Aitzol Ariztimuño, el sacerdote más influyente del partido, fueron pasados por las armas. El médico jeltzale Luis Álava Soutu fue ejecutado por espiar para los aliados durante la Guerra Mundial. Julián Zugazagoitia Mendieta y Jesús Larrañaga, líderes vascos del PSOE y del PCE, también, tras ser detenidos y extraditados desde Francia y Portugal, respectivamente. Tomás Ariz, líder del PCE en Navarra, había sido fusilado igualmente. José Luis Arenillas, jefe de Sanidad del Gobierno Vasco y militante del POUM, fue asesinado en diciembre de 1937.

Isaac Puente Amestoy, médico en Maeztu y uno de los teóricos más importantes del anarquismo durante el siglo XX, fue ejecutado en Pancorbo. El poeta Esteban Urkiaga, Lauaxeta, murió en el paredón del cementerio Santa Isabel de Gasteiz atado a José Placer Martínez de Lezea, responsable de las milicias de ANV. El escritor José María Azkarraga Mozo, de Amurrio, detenido en Larrinaga, entró en un canje de prisioneros entre los dos bandos. Se negó al mismo, por considerarse privilegiado sobre sus compañeros. Fue fusilado en Derio.

El clero y la especificidad navarra

La represión contra el clero vasco fue, asimismo, notoria. Al menos 18 sacerdotes vascos fueron fusilados, 7 de ellos en Hernani. En 1911, todos los sacerdotes declaradamente nacionalistas vascos fueron destinados a diócesis ubicadas en América. En 1923 y con motivo de la restauración de la Virgen de Estíbaliz, un redactor del diario jeltzale «Euzkadi» fue excomulgado por criticar un discurso abiertamente españolista y militar del cardenal Juan Belloch. En esos años, otros sacerdotes fueron desterrados y perseguidos por predicar en euskara. Las ejecuciones confirmaron la tendencia represiva de los años anteriores.

Como ha sido citado en el caso del diputado general Teodoro Olarte, muchos de los detenidos fueron torturados antes de ser enviados al paredón. José María Berraondo, de 18 años, fue detenido como venganza a que su padre, concejal del PNV de Oiartzun, había logrado huir y cruzar la muga. Torturado hasta la muerte, su cuerpo fue arrojado por el puente de Endarlatsa. José María Igartua Polo, vecino de Beasain, también sufrió malos tratos. Fue torturado hasta morir. En abril de 1939 Juan Antonio Bilbao Gaztañaga Txakoli fue muerto por un funcionario en la prisión bilbaina de los Escolapios por acercarse a una ventana. Ramón Rugama, abogado criminalista de Orduña, fue muerto a palos en la prisión de Larrinaga.

Militares vascos fueron también fusilados. Ernesto de la Fuente Torres, jefe del Estado Mayor del Ejército vasco, fue ejecutado en diciembre de 1937. José Gallego Aragués, también del Estado Mayor vasco, fue fusilado en mayo de 1938. Daniel Irezabal Goitia, jefe de División, fue fusilado en diciembre de 1937. Gumersindo Azkarate Gómez, coronel de Infantería e inspector del Ejército Vasco, también acabó así, el mismo día que Irezabal y que José Bolaños López, comandante de Infantería.

En Nafarroa, los muertos aparecieron por campos, caminos y cementerios. En marzo de 2009, la Sociedad de Ciencias Aranzadi recuperó los cuerpos de 20 vecinos de Buñuel en Magallón (Zaragoza). Otros 250 navarros fueron fusilados en Zaragoza, entre ellos 218 que pertenecieron al Tercio Sanjurjo. En Iruñea, los fusilamientos eran públicos, en la Vuelta del Castillo. La Tejería de Monreal, la cantera de Bera, Etxauri, Valcaldera, Ezkaba y Urbasa fueron lugares habituales de ejecución de prisioneros. Hoy, todavía se desconoce dónde fueron ejecutados el 10% de los navarros a los que se fusiló.

La especificidad navarra (la mitad de los fusilados vascos corresponde al Viejo Reino) tiene varios componentes excepcionales. Si la deserción en el Ejército de Franco era considerada un delito que se pagaba con prisión mayor, cuando el desertor era navarro, al menos en el frente vasco, el castigo era la pena de muerte, como a los iruindarras Juan Los Santos y Luciano Larraza.

Hechos de este calibre y diversas investigaciones han llegado a poner en tela de juicio el carácter ideológico de los muertos navarros en el Ejército de Franco. Las últimas investigaciones realizadas apuntan al hecho de que de los 4.488 navarros que murieron en la guerra civil en el Ejército de Franco, una cantidad cercana a la mitad de ellos no pertenecía sociológicamente al franquismo. Se habían alistado, como tantos otros, para evitar ser perseguidos.

En las cercanías de Oion, en Araba, fueron ejecutados más de 400 republicanos, la mayoría riojanos. En Bayas, Armiñón, Zambrana y las Conchas (entre Langraiz y La Puebla) también hubo numerosas ejecuciones. En Bizkaia, el cementerio de Derio fue el lugar elegido por los verdugos, mientras que en Gipuzkoa optaron por los cementerios de Hernani y Oiartzun y el campo de tiro de Bidebieta, en Donostia.

Sólo un juicio

Ninguno de los responsables de las matanzas fue jamás condenado. Se abrieron algunas diligencias en casos de tortura con resultado de muerte, pero siempre hubo ale- gaciones al «deber cumplido» y se cerraron. Los escuadrones de la muerte, 16 en Nafarroa, camparon a sus anchas. Pedro Díez Terés se jactaba de haber matado a más de un centenar de navarros. José Luis de Vilallonga, grande de España y biógrafo del rey Juan Carlos I, participó en los piquetes de ejecución en Hernani, según testimonio propio.

Violaciones, mutilaciones, torturas, ensañamientos con las familias republicanas, abusos infantiles… todo fue olvidado. Solo hubo una excepción, la de Juan José Domínguez, un falangista que puso una bomba en Begoña en 1942. El atentado, en medio de un acto religioso carlista, ocasionó 70 heridos, entre ellos el ministro del Ejército español, Enrique Varela. Domínguez fue juzgado, condenado y ejecutado. Fue la única excepción en 40 años. El resto sigue impune.

Mujeres: ultrajadas, violadas y ejecutadas

Al general Queipo de Llano, uno de los dirigentes del golpe de Estado de 1936, se le atribuye la siguiente frase: «Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora, por fin, han conocido a hombres de verdad y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará».

La mayor cárcel de mujeres del Estado estuvo en Saturraran. En los últimos años, diversos trabajos monográficos han recuperado la mayoría de los detalles de aquel infierno. La de Amorebieta fue, asimismo, una de las cárceles que albergó a numerosas mujeres republicanas y abertzales, junto a las provinciales de cada territorio vasco.

Cerca de un centenar de mujeres vascas fueron ejecutadas: 15 en Bizkaia, 28 en Nafarroa, 40 en Gipuzkoa y 9 en Araba. Todavía hay algunos casos sin contabilizar, sobre todo en Bizkaia, en los que, sin información más detallada, diversas mujeres que habían sido violadas se suicidaron luego. Las situaciones que se produjeron tras la muerte de estas mujeres, en muchos casos con cargas familiares, fueron un apartado más a añadir a la larga lista represiva. Adelaida Fernández, una de las fusiladas, natural de Bilbo, era viuda y madre de seis hijos. Ana Naranjo, de Sestao, dejó tres hijos huérfanos. Berta Peña Parra, de Sestao, cinco hijos de corta edad.

En Nafarroa, las violaciones de Maravillas Lamberto, Carmen Lafraya y las hermanas Asunción y Adela Campaña causaron una gran conmoción por el hecho de que luego fueron asesinadas, y dejaron un recuerdo imborrable en la memoria popular. Los vecinos de sus localidades, de una u otra ideología, las recordaron entre la congoja y el temor. Alguna otra, como una anarquista de Allo llamada Blasa Roncal, se enfrentó con dignidad a sus asesinos, que la querían violar previamente a su ejecución. Se defendió hasta la muerte.

Aunque no es el más conocido, el caso de Asunción y Adela Campaña Ortiz es el de una gran tragedia. Ambas fueron violadas y asesinadas en Izco. Eran vecinas de Sangüesa. Los tres hijos de Asunción, Eugenio, Máximo y Primitivo Palacín, fueron fusilados en Sos y Zaragoza.

No ha terminado, a pesar de que han pasado 75 años, los trabajos de recuperación. Hace poco hemos conocido la violación y muerte de una niña, María Luisa Yerro, que aún no había cumplido los 14 años. Fue en 1946 en Lerín. De familia republicana, un juez llamado Agustín Erviti investigó su caso para cerrarlo. Los implicados estaban demasiado cercanos al régimen franquista.

En Cabanillas, una muchacha de 19 años llamada Simona Calleja, fue asesinada junto a su madre, Felisa Aguado, de 64 años. A Simona le cortaron el pelo y la encerraron en la cárcel del pueblo. Parece que ese era el único castigo previsto. Pero una noche fue violada repetidamente. Los vecinos oyeron los gritos desgarradores de la pobre Simona. Los violadores, temerosos de una denuncia, decidieron terminar con su vida.

Algunos casos fueron excepcionales y merecedores de mayor espacio. Fue dramático el de Mercedes Colás Irisarri, de Lodosa, a quien fusilaron a su padre por ser dirigente anarquista. A ella le cortaron el pelo y junto a su familia fue sometida a diversas humillaciones. Fue perseguida y un día decidió marchar al exilio, cruzando el océano. Cincuenta años después sería una de las madres de la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Su hija Alicia había desaparecido en la dictadura argentina. Hoy la Biblioteca de Lodosa homenajea a Mercedes como uno de los tres hijos ilustres de la localidad, junto al general liberal Chapalangarra y al poeta nicaragüense Ángel Martínez Baigorri. El reconocimiento a Mertxe Colás es, todavía, excepción. I.E.

http://www.gara.net/paperezkoa/20110911/290086/es/

75-Anos-barbarie-franquista

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4-9-2011-TORRIJO DE LA CAÑADA INHUMACION RESTOS EXHUMADOS EN CETINA-2010

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 10/09/2011

El día 4 de septiembre de 2011 fueron inhumados los 12 vecinos de Torrijo de la Cañada (Zaragoza), que en 1936 fueron asesinados y enterrados en una finca agrícola en la localidad de Cetina.
En el año 2010 la asociación A.R.I.C.O y un amplio equipo técnico dirigido por Javier Ortiz, localizo y exhumo la fosa común donde se encontraban estos vecinos de Torrijo.
El acto del día 4 fue preparado y organizado por la agrupación de familiares contando con la ayuda de A.R.I.C.O, resulto muy emotivo y contó con la participación de mas de 300 personas

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Un monolito en el cementerio de Tierga recuerda a siete vecinos de Borja fallecidos durante el franquismo

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 10/09/2011

Un monolito en el cementerio de Tierga recuerda a siete vecinos de Borja fallecidos durante el franquismo

El cementerio de Tierga acoge desde este sábado el monolito en recuerdo de siete vecinos de Borja fallecidos durante el franquismo. La investigación que la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón comenzó hace cuatro años a petición de sus familias ha resuelto que fueron enterrados en una fosa de este campo santo.

Zaragoza.- El cementerio de Tierga recordará con el monolito que se ha inaugurado este sábado los nombres de los siete vecinos de la localidad zaragozana de Borja, tres de la misma familia, que fueron asesinados durante el franquismo. La hija de uno de ellos, Mercedes Sánchez, ha sido la encargada de retirar la tela que cubría la escultura.

Al acto han acudido medio centenar de personas, en su mayor parte, los familiares que hace cinco años informaron a la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón de que miembros de su familia fueron asesinados y enterrados en una fosa del campo santo de Tierga.

A partir de ese momento, la asociación comenzó los trámites de la investigación “por su cuenta”, como reconoce su presidente, Enrique Gómez: “En concreto, esta labor la hemos financiado con los fondos de la asociación, no ha sido subvencionada por presidencia. Y lo hemos conseguido gracias al trabajo voluntario de los profesionales que exige para estos casos el protocolo de la Comunidad Autónoma”.

De este modo, un arqueólogo, un antropólogo y un conservador comenzaron a levantar un año después en este cementerio varias catas “muy extensas”, tal y como ha detallado Enrique Gómez.

Finalmente no se han encontrado los cuerpos, y una de las explicacions que han dado los responsables de esta investigación es que podrían estar debajo de los nichos: “Esto era una práctica muy habitual que se hacía en los años 60 para cubrir los crímenes de los años 30 y 40. No obstante, aunque no hayamos podido recuperar los cuerpos, sí podemos dignificarlos a través del monolito que se ha inaugurado hoy”, ha señalado el presidente de la asociación aragonesa.

Enrique Gómez ha recordado que una de las últimas actividades que se organizaron desde el programa Amarga Memoria de la DGA era la dignificación de las fosas más importantes en cuanto al número de personas que cada una de ellas albergaba: “Las asociaciones nos reunimos con el antiguo director general de Patrimonio y quedó todo en el aire. Una de las fosas previstas era la de Tierga, pero el Gobierno entrante se ha cargado el programa. Esto es un tema de derechos humanos porque son crímenes contra la humanidad, aquí no puede entrar la tijera de ninguna de las maneras”, ha insistido Enrique Gómez.

http://www.aragondigital.es/asp/noticia.asp?notid=86872

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4-09-2011-CETINA- CEMENTERIO SACANDO LOS RESTOS PARA LLEVARLOS A TORRIJO

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 09/09/2011

4 de septiembre de 2011 a las 9 de la mañana miembros de la asociación ARICO y algunos amigos, sacamos del nicho donde estaban enterrados provisionalmente los 12 vecinos de Torrijo de la Cañada que fueron exhumados en marzo de 2010 por ARICO.
Posteriormente se trasladaron a Torrijo donde fueron inhumados definitivamente y donde se les rindió un sentido homenaje por mas de 300 asistentes al acto.

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La asociación Amecadec detecta en Castuera (Badajoz) una fosa con tres posibles víctimas del franquismo

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 07/09/2011

La asociación Amecadec detecta en Castuera (Badajoz) una fosa con tres posibles víctimas del franquismo

MÉRIDA, 7 Sep. (EUROPA PRESS) –

La Asociación Memorial Campo de Concentración de Castuera (Amecadec) ha informado de que dentro del proceso de exhumación que está realizando desde el pasado mes de agosto ha detectado una fosa en la localidad pacense de Castuera con tres cuerpos, víctimas «posiblemente» de la represión franquista de posguerra.

   Asimismo, el colectivo ha avanzado en nota de prensa que actualmente está siendo excavada otra fosa cuyo depósito contiene «un mínimo de quince cuerpos», así como que se está barajando la hipótesis de que procedan de una «saca» del cercano Campo de Concentración de Castuera también acabada ya la guerra.

   Los trabajos, que están recayendo sobre voluntarios, los dirige la arqueóloga Laura Muñoz Encinar, contratada por la asociación. También colabora el Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (Prehmex).

   Las citadas exhumaciones forman parte del proyecto presentado por Amecadec al Ministerio de Presidencia para tratar de localizar y exhumar fosas de represaliados en el término de la localidad de Castuera, que albergó un campo de concentración de prisioneros.

http://www.europapress.es/extremadura/noticia-asociacion

-amecadec-detecta-castuera-badajoz-fosa-tres-posibles-

victimas-franquismo-20110907094423.html

Foto: AMECADEC

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4 DE SEPTIEMBRE DE 2011 INHUMACIÓN DEFINITIVA DE LOS VECINOS DE TORRIJO DE LA CAÑADA EXHUMADOS EN MARZO DE 2010 POR A.R.I.C.O

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 07/09/2011

4 DE SEPTIEMBRE DE 2011

INHUMACIÓN DEFINITIVA

DE LOS VECINOS DE TORRIJO DE LA CAÑADA

EXHUMADOS EN MARZO DE 2010 POR A.R.I.C.O

FOTOGRAFÍAS: A.R.I.C.O

RESTO DE FOTOGRAFÍAS EN LA PESTAÑA FOTOGRAFÍAS

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«La represión franquista fue un plan de exterminio»

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 05/09/2011

PAUL PRESTON

«La represión franquista fue un plan de exterminio»

Es uno de los grandes hispanistas británicos, quizá el último de esta influyente corriente de historia y literatura. Con el coste emocional de quien sufre el dolor ajeno, Preston desgrana en una entrevista exclusiva para Diario de León «el holocausto» que padeció España durante la Guerra Civil e inmediata posguerra, temas centrales de su último ‘best seller’. Pretendía ser el adelanto de su inminente visita a León, pero un contratiempo personal aplaza el encuentro con su público hasta la próxima primavera.

marco romero | león 04/09/2011

Manuel Santamaría Andrés, profesor de Literatura en el Instituto de León, fue encarcelado a finales de julio del 36 en la infausta cárcel de San Marcos. Sólo por ser un miembro destacado de Izquierda Republicana. El 4 de septiembre era condenado junto al entonces gobernador civil, Emilio Francés Ortiz de Elguea, y otros 29 hombres más. Su esposa y varios parientes viajaron a Burgos para que su pena de muerte fuera conmutada por años de cárcel. Lo consiguieron. Pero la noticia llegó a León antes que ellos y fueron recibidos con una lluvia de balas. Las autoridades militares obligaron a revocar la conmutación y los 31 prisioneros eran ejecutados el 21 de noviembre de 1936. Monseñor José Álvarez de Miranda, obispo de León, a pesar del entusiasmo que mostró al inicio del golpe militar, quedó consternado por las matanzas y empezó a interceder con las tropas de la región en favor de algunos prisioneros. Por cuestionar un tribunal del Ejército, al obispo le impusieron una multa de 10.000 pesetas. Y años más tarde, el Régimen le haría pagar su debilidad con un burdo montaje que desacreditaría su carrera para siempre.

Leyendo y hablando con el hispanista británico Paul Preston (Liverpool, 1946) cobran sentido las descripciones realizadas por Victoriano Crémer en el Libro de San Marcos tras su experiencia en el terrorífico campo de concentración— «‘¡Comeos los unos a los otros!’, nos aconsejaban piadosamente los guardianes, ‘y así tendréis más sitio’»—, los aterradores testimonios recogidos a pie de fosa durante las exhumaciones de cadáveres y el desesperado lamento de los que sobrevivieron a la tragedia.

La inmersión de Preston en el holocausto español —primera vez que no se habla solamente de matanzas o genocidio— ha logrado revisar los datos y los hechos acontecidos en la retaguardia durante la Guerra Civil e inmediata posguerra desde una perspectiva imparcial, analizando la represión en ambos bandos. Su ensayo concluye que por cada muerte en zona republicana se registraron tres en la rebelde. Y que el dolor sufrido por el pueblo español, fuere del bando que fuere, justifica de sobra el dramático concepto introducido en el título de su último libro, El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después, publicado por Debate (859 páginas). Más de mil libros leídos, casi veinte años de dedicación y un coste emocional irreparable preceden la última publicación del Premio Príncipe de Asturias en Historia Contemporánea, a su vez excelente embajador del humor inglés, al que define como una «mezcla de retranca gallega y mala follá granaína».

Paul Preston, acostumbrado a convertir en best seller cada uno de sus ensayos o biografías, atiende personalmente el teléfono en su vivienda de Londres. El pretexto para entrevistarle era su inminente visita a León. El próximo viernes estaba previsto que el afamado escritor se sentase en el Parador de San Marcos para conversar con su público, en un acto organizado por las librerías Artemis y el grupo editorial Random House Mondadori. Pero han surgido contratiempos familiares obligan a posponer este encuentro, quizá hasta la próxima primavera, aventura el autor de Las tres Españas del 36, Juan Carlos, el rey de un pueblo, La política de la venganza o Biografía de Franco. Aún sabiéndolo, el director del Centro Cañada Blanch para el Estudio de la España Contemporánea de la London School of Economics and Political Science, accedió a ser entrevistado. Incluso dos veces por culpa de los duendes que habitan en las grabadoras digitales y borran las conversaciones sin que nadie se lo pida.

—¿Por qué este trabajo? ¿Cómo lo justifica?

—Mi deber es explicar la Historia a los anglosajones, con lo cual eso me empuja a temas grandes. Si yo hiciera un libro sobre los aparceros de Castilla La Vieja no sobreviviría muchos años en la universidad inglesa. Por eso me dedico a asuntos como la Guerra Civil, Franco, la Transición, Segunda República… Desde mi primer libro La destrucción de la democracia en España, [lo escribió en los años 70 y desmenuza la Segunda República], siempre me ha interesado el destino de los vencidos, por así decirlo. Durante los largos años que hice la biografía de Franco me interesaron mucho los orígenes de su dictadura, su política de guerra, que era más bien una política de exterminio. A los diez o doce años decidí que tenía el deber de estudiar a fondo lo que pasó en la retaguardia durante la Guerra Civil. Pero a lo largo del trabajo entendí que no podría limitarme a estudiar lo que hicieron sólo los rebeldes militares, sino que también tenía que estudiar la violencia en la retaguardia republicana, y de todo eso salió el libro. No sé si eso le justifica a usted mis años perdidos.

—No le pedía exactamente que se justificara…

—Te estoy tomando el pelo.

—Lo siento, pero no pillo el humor inglés.

—Te vendría bien. Es una cosa muy enriquecedora para ponderar los sinsabores de la vida.

—No conozco muchos británicos, la verdad.

—Pero España tiene otras cosas, como la retranca gallega. Añadiendo algo de la mala follá granaína se va acercando al humor inglés.

[El entrevistado parace tener habilidades magistrales para romper la frialdad que impone una charla telefónica]

—Volviendo a su libro, ¿por qué introduce el término holocausto? Hasta ahora en España para referirse a las víctimas de la Guerra Civil y la represión posterior se hablaba de matanzas, como mucho de genocidio. Incluso en la versión en inglés de este ensayo, todavía sin publicar, se está pensando en incluir el concepto Inquisición.

—No se sabe si finalmente saldrá así. Jugar con la palabra Inquisición podría ser interesante para un público como el de Estados Unidos, que no sabe nada de la Historia española del siglo XX. Pero también podría tener connotaciones de que hay algo especialmente sangriento de los españoles, y eso no se puede pensar bajo ningún concepto. Parto de la base de que muchas de las cosas que ocurrieron en España pasan en todas las guerras civiles, aunque el elemento exterminio que había por parte de los rebeldes militares no lo tienen todas.

—¿Es consciente de que estos conceptos le alejan de cierto público, por ejemplo el de derechas?

—Eso tendrías que preguntárselo al lector de derechas. Pongamos que estuviera hablando como ese lector: diría que este holocausto incluye a personas de izquierdas y de derechas, porque hubo víctimas de ambos lados, eso por un lado. Por otro, no se puede negar que murieron cientos de miles de españoles como consecuencia del golpe militar. La excusa que utilizaron los militares en el 36 y que utilizaron muchos de los que les apoyaban fue el estribillo de la dictadura durante 40 años, y es que el alzamiento se hizo para salvar España. Personalmente no puedo concebir una manera de salvar tu país a base de matar a medio millón de sus habitantes. Osea, si realmente la finalidad era esa, lo podrían haber hecho muy fácilmente poniendo sus servicios a disposición del Gobierno de la República. Pero es que había mucho más que eso; decir que trataban salvar España del desorden se puede desmontar enseguida.

[Aunque no es el asunto central del libro, las cifras siempre son polémicas. Preston abre el prólogo afirmando que «durante la Guerra Civil española, cerca de 200.000 hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente, ejecutados extrajudicialmente o tras precarios procesos legales. […] Por esa misma razón, al menos 300.000 hombres perdieron la vida en los frentes de batalla (p. 17)].

—La recopilación de datos sobre las matanzas lejos del frente y en los frentes de batalla es muy precisa. También novedosa porque aumenta las cifras que se conocían hasta ahora. Pero hay quien ha dicho que son cifras exageradas.

—Para obtener las cifras hay que tener los nombres de los muertos, con lo cual es más fácil llegar a cifras fidelignas respecto a los muertos en zona republicana que en zona rebelde. Yo no pretendo decir que tengo las cifras exactísimas, porque eso es imposible para cualquiera. Igual un historiador de un pueblo lo puede hacer, pero en toda España requeriría un equipo masivo de cientos de historiadores locales. Volviendo al tema, en el caso de los muertos en la zona republicana es más fácil por varias razones. Primero, en el momento de ocurrir las atrocidades, las autoridades republicanas intentaron identificar los cadáveres y comunicarlo a las familias, aunque no siempre fue posible. Eso ya ayudaba a la identificación de las víctimas. Cuando los militares tomaron cada plaza, ya empezaron a conocer los detalles ‘frescos’, por así decirlo. Y después de la conquista del territorio nacional entero se montó toda una operación con los recursos del Estado para identificar y localizar a las víctimas. Eso fue la Causa General. Franco había dicho en un discurso que las víctimas eran 400.000. Eso es ridículo. Montó la Causa General y logró la cifra de 85.000. Nunca se publicó esa cifra porque le habría dejado en ridículo. Pero luego, en los últimos años, esas cifran ha sido sometidas al escrutinio de historiadores locales y se ha descubierto que hay muchas duplicaciones. Es decir, un hombre que era de Jaén pero que murió en Madrid cuenta dos veces, porque cuenta entre las víctimas de Madrid y cuenta entre las víctimas de Jaén. De manera que muchos estudios muy detallados han llegado a la cifra de 50.000. Es sólo indicativa, pero bastante exacta en cuanto a las víctimas en zona republicana. En zona rebelde es mucho más difícil porque nunca hubo una investigación semejante, las autoridades no querían que se supiera el nivel de la matanza, había problemas de gente que murió lejos de sus pueblos, que no llevaba papeles y eran difíciles de identificar. Pero a base de las investigaciones de historiadores locales se han llegado a descubrir los nombres de 130.000 personas. Hay bastantes provincias, sobre todo en Castilla La Vieja, donde apenas se ha hecho investigación y hay otras, incluso en el sur, donde sólo se han hecho investigaciones parciales. Todos los investigadores están de acuerdo en que esas 130.000 son sólo el comienzo, por lo que se llegaría, como mínimo, a 150.000, es decir tres veces más.

[Es necesario reseñar que Preston se ha documentado con un abundante grupo de historiadores locales, a los que dedica un amplio capítulo de agradecimientos. En León colaboraron el profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de León Javier Rodríguez, el archivero Alejandro Valderas y los también historiadores José Enrique Martínez Fernández e Isabel Cantón Mayo]

—El estudio de Salas Larrazábal estima que en el frente de batalla murieron 167.000 personas. Usted casi duplica esa cifra.

1397058884Es que ese estudio no está hecho a base de nombres, sino con la Causa General y estimaciones. Salas Larrazábal es un gran historiador militar, pero ese libro ha sido bastante desacreditado entre los investigadores de este tema.

[No ha sido menos polémica su aportación sobre las consecuencias del golpe de Estado, concluyendo que hubo ‘violencia institucionalizada’ en la zona rebelde y ‘violencia espontánea’ en la zona republicana. Los casos que introduce sobre la provincia leonesa se incluyen en el capítulo titulado ‘El terror de Mola’ (p. 253-306), en el que se relatan, entre otras atrocidades, las que padeció el magisterio].

—¿Qué diferencias hubo entre las víctimas de una misma guerra?

—Por un lado, hay una diferencia cuantitativa de tres a uno. También hay otra gran diferencia de intencionalidad. En zona republicana todo lo que pasó fue en contra de los deseos de las autoridades republicanas y realmente las matanzas habían acabado alrededor de diciembre del 36, porque habían vuelto a imponer el orden. ¿Quiénes eran los culpables ahí? Había incontrolados porque se habían abierto las cárceles, había grupos políticos como los anarquistas que creían que había que acabar con todos los representantes de la vieja sociedad en aras de crear otra nueva, con lo cual asesinaron al clero, a los ricos, si les encontraban, y a los militares, si les pillaban. También hubo grupos de comunistas y algún socialista que hizo eso. Pero siempre en contra de las autoridades republicanas y, en el caso de los socialistas, en contra de los deseos de la dirección del partido. En cambio, en la zona rebelde, la eliminación del pueblo republicano, por así decirlo, de la gente asociada a las ideas progresistas de la república, los maestros, las maestras, todo el que había participado en un sindicato, en un municipio; todo el que estuviera de alguna forma relacionado con la república o participado en acciones sindicales que suponían un desafío a los terratenientes eran las víctimas predestinadas por el plan de exterminio que había. Había un plan previo de eliminación del enemigo y eso no tiene parangón en la zona republicana. Lo que sí hubo en ambas zonas fueron los bajos instintos humanos. En ambas zonas hubo casos de gente que aprovechó la situación para vengarse de alguien, para robar lo que codiciaban: y eso era la mujer, la casa, la propiedad, la empresa. Había mucho de eso; gente que, por la situación, podía violar, robar y matar impunemente. Y eso es algo que ocurre en todas las guerras civiles. Pero las grandes divergencias entre los dos tipos de víctimas son la intencionalidad y las diferencias cuantitativas.

—¿Falta arrepentimiento?

—Depende de quién se hable, porque evidentemente en el caso de los republicanos lo que había era la amargura de la derrota. Los exiliados tenían como primer cometido sobrevivir en países donde no entendían el idioma, con problemas tremendos. Y los de dentro: el sufrimiento de los que quedaban en campos de concentración, cárceles, las ejecuciones… Sí que había algún intelectual que en lo privado se arrepintió, pero más bien había intentos de culpar a otros por la derrota. Y en la zona victoriosa o vencedora no había nada, más bien lo que había era una propaganda para disminuir al derrotado y dividir la sociedad entre vencedores y vencidos, incluso de mantener una especie de miedo por lo que podría suponer la vuelta de los rojos pidiendo venganza. No es que hubiera la mínima posibilidad, pero ésa era la propaganda del Régimen. Oficialmente hubo muy poco arrepentimiento. Muchos intelectuales republicanos escribían denunciando esas atrocidades, pero en la zona franquista había individuos [la parte final del libro aborda ampliamente este tema] que tenían sentimiento de culpabilidad, que tenían problemas dramáticos por todo lo que habían visto y en lo que habían participado. Es muy difícil generalizar, pero en general ha habido poco arrepentimiento.

—¿Y la Iglesia?

—En los años 70, los obispos hablaron de que la Iglesia no se había comportado con espíritu cristiano, pero esa declaración fue derrotada en el seno de la jerarquía eclesiástica. Ha habido arrepentimiento, pero oficial nunca.

[Las conclusiones del hispanista sobre los dramáticos sucesos de Paracuellos implican directamente a Santiago Carrillo, pese a su silencio. Preston considera que decir que no tuvo nada que ver es tan absurdo como hacerle el único responsable. «Es inconcebible que tales decisiones fueran tomadas aisladamente por tres políticos tan jóvenes como Carrilo, de 21 años, Cazorla, de treinta años, y Serrano Poncela, de veinticuatro» (p. 466)].

—¿Qué puede decir de Santiago Carrillo?

—Yo he escrito el libro con afán de llegar a la verdad de lo que pasó, caiga quien caiga, por así decirlo. Mi intención no era poner mal a Santiago Carrillo, pero intentando descifrar lo que había pasado en Paracuellos del Jarama y en Madrid durante el asedio de octubre y noviembre es evidente que Carrillo tenía una responsabilidad, pero lo que no se puede decir es que fuera el responsable. Lo que intento mostrar en el libro son los diferentes niveles de cómo se tomaban las decisiones y quiénes tenían la responsabilidad de organizarlo y todo eso, dentro de lo cual una parte importante de la responsabilidad de la implementación de las decisiones corría a su cargo. Lo que pasa es que Carrillo mismo, por haber negado lo obvio durante tantos años, ha sido cómplice de los que dicen que ha sido el único responsable. Yo creo que parte del problema es precisamente eso, negar cosas absolutamente evidentes. Ha dado muchísimas entrevistas, que si se juntan todas cae por su propio peso porque en una entrevista contradice lo que dijo en otra. Por su cargo, era casi como un ministro de Gobernación dentro de la Junta de Defensa de Madrid, tenía la responsabilidad de los presos y de lo que pasó con ellos. Y los que implementaron sus decisiones informaron diariamente, por eso decir que él no sabía nada es un absurdo.

—¿Lloró? En el capítulo de las gratitudes dice que Gabrielle, su esposa, «es la única que conoce el coste emocional que ha supuesto la inmersión diaria en esta crónica inhumana».

—A lo largo del libro me provocó indignación ver la muerte de personas inocentes en ambas zonas, pero lo que realmente me emocionó fue el tratamiento a las mujeres y a los niños, y especialmente las cosas que pasaron a las mujeres que llegaban a la cárcel con sus hijos pequeños o embarazadas. Había una población bastante amplia en las cárceles, donde las condiciones eran inhumanas para estas mujeres con niños. El tratamiento de esos niños fue espantoso, incluso se los robaban a las mujeres jóvenes. Eso me ha emocionado mucho. También había casos de pueblos donde mataron a familias casi enteras. Lo hicieron con los adultos, dejando en la calle a niños de tres, cuatro o cinco años totalmente desamparados. Cualquier ser humano se emociona con estos casos.

—¿Contribuye este libro a la reconciliación o, por el contrario, cree que reabrirá viejas heridas?

—Yo no creo que este libro pueda reabrir heridas porque aparte yo reconozco que hay muchos españoles que ya ni piensan en eso; se exagera bastante. Oigo a políticos hablar de la posibilidad de una nueva guerra civil o que el país está dividido. Eso es un absurdo. Hay generaciones enteras que ni saben quién era Franco y mucho menos Negrín. Pero sí espero que sea una contribución al entendimiento porque parto de la base de que no se puede pasar a una plena reconciliación si no se reconoce lo que ha sucedido en ambos lados. En ese sentido, la idea de hacer un libro que pudiera contar con detalle los orígenes de la violencia y también las víctimas en ambos bandos era para que la gente que todavía siente odio pueda ver que no eran los únicos, que había sufrimiento en toda la sociedad. En ese sentido espero que sea una contribución.

—¿Cuál sería entonces la manera de restablecer moralmente a las víctimas de este holocausto? Porque no le he oído hablar todavía de memoria histórica.

—Habría que hacer una revisión de las sentencias de los tribunales militares. Puede que hubiera procesos de personas que habían cometido delitos, pero la gran mayoría no. Eso sería importante. También lo sería que se estableciera una ayuda estatal para las excavaciones y que las autoridades locales no puedan impedir, como pasa en muchos sitios, las conmemoraciones que quiere hacer la gente. Eso ha pasado a Granada, donde se quitan constamente placas a las víctimas. De la misma forma que en Alemania es ilegal negar lo que pasó, haría falta una cierta legislación porque hay cosas que se dicen en tiempos medios sobre lo que pasó que en otros países, incluso en Inglaterra, que no sufrió nada de eso, serían ilegales. El Estado tendría que tomar mano en este asunto, pero es algo utópico porque nunca va a pasar.

—¿Quiere decir que la democracia en España es todavía inmadura?

—La democracia en España nació en unas circunstancias muy difíciles y, evidentemente, hay déficits en la Transición, pero yo no soy de los que lo critica porque fue la mejor transición posible en aquel momento, en un contexto en el que todos los soportes básicos de la dictadura, sociológicos o institucionales, como el Ejército, la Policía Armada, la Guardia Civil o la Falange seguían funcionanado. El problema de ahora no es que sea madura o no. La democracia española tiene graves problemas, como la corrupción. Pero en cuanto a la memoria, el gran problema es que el Régimen de Franco montó una operación de lavado de cerebro del pueblo. A través de su control férreo sobre los medios de comunicación y el sistema de educación impuso a España una versión del pasado, la versión de que su acción militar había sucedido para salvar España, que España era un país en el que vivían buenos y malos y que los buenos eran los vencedores, claro. Todo eso durante 40 años creó un franquismo sociológico. Y de la misma manera que en la ex Unión Soviética 20 años después de la caída del comunismo hay todavía un comunismo sociológico, pues en España hay un franquismo sociológico. Hay gente que se crió en ese caldo de cultivo de las ideas franquistas. Como la democracia no pudo contestar eso con otro lavado de cerebro desde el otro lado, ése es el gran problema. En el libro no hablo de memoria histórica porque creo que es un término cargado de muchas connotaciones, pero diría que el franquismo creó e impuso una memoria histórica, la suya. Sin embargo, los familiares no tienen una memoria histórica única, hegemónica, como la franquista. El problema del legado de la propaganda franquista durante 40 años es que afectará, como mínimo, a tres o cuatro generaciones.

—¿Se ha imaginado alguna vez cómo sería una España que no hubiera padecido la Guerra Civil?

—Es muy difícil. No se puede cambiar solamente un término. Si no hubieran ganado los franquistas, ¿qué habría supuesto? Pues incluso podría haber supuesto que no hubiera pasado una Segunda Guerra Mundial. Hay un juramento hipocrático de los historiadores de no meterse en especular sobre lo que habría pasado porque es imposible saberlo.

—¿Por qué hay tantos hispanistas británicos?

—No es que seamos tantos, lo que pasa es que en Inglaterra el sistema de educación no concibe la Historia como un cuerpo de datos que hay que saber, como otros países, casi siempre centrados en la Hisotria nacional. Aquí se pone mucho énfasis en la Historia como método de análisis, de pensamiento. Por lo tanto se puede aprender un tema tanto del Imperio Romano como de la Guerra Civil española o de la Revolución Francesa, con lo cual hay muchísimos historiadores que estudian otros países. Igual que hay hispanisas hay italianistas, lusistas, alemanistas, etcétera.

—Yo no conozco a muchos investigadores franceses o italianos tan interesados en la Historia Contemporánea de España.

—Fue uno de los grandes imperios de la Historia, por lo que en Inglaterra hay mucho interés en la España del Siglo de Oro y en el declive subsiguiente. Por otro lado, la Guerra Civil española y los acontecimientos del siglo XX fascinan mucho. La guerra todavía se ve como algo idealista. El hecho de que Franco fuese uno de los grandes dictadores de derechas y que sobreviviera 40 años después de ganar la guerra y 30 años después de la caída de Hitler y Mussolini hizo de la Historia Contemporanea de España un pozo de fascinación. Es una mezcla de todo eso: un sistema universitario que prima la Historia de otros países y la fascinación por la España del siglo XX.

—¿Y por qué tienen tanto impacto?

—Yo diría que, por un lado, es gracias al franquismo. La censura primó bastante al escritor extranjero porque tenían libertad para escribir una versión mucho más objetiva. Y luego que los primeros libros entraron de contrabando en España. El libro de Hugh Tomas [La Guerra Civil Española (1961)] ingresó en España por ferroviarios que venían del trayecto de París. Luego hay una diferencia en el sentido de que aquí también hay una tradición de historia narrativa y una creencia de que la historia tiene que ser atractiva. Ahora está cambiando mucho, pero hubo una época en que los historiadores universitarios españoles escribían para otros historiadores universitarios. Y sus libros no llegaban al gran público porque no eran amenos. Nosotros hemos sido no sé si punteros en establecer la idea de que la amenidad y la seriedad pueden ir juntas. Ahora hay magníficos historiadores españoles que hacen libros amenos: Santos Juliá, Julián Casanova, Ángel Viñas… Pero la gran época de los hispanistas era antes, quizá yo sea el último.

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franquista-fue-un-plan-de-exterminio-_629858.html

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Encuentran bajo un mausoleo los restos de diez represaliados

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 05/09/2011

Encuentran bajo un mausoleo los restos de diez represaliados

JOSE SIERRA 04/09/2011

El pasado mes de julio la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera (Aremehisa) reanudó los trabajos de exhumación que está desarrollando en el cementerio local. Durante los últimos meses esta asociación ha seguido realizando las pruebas de identificación por ADN y gestionando los permisos administrativos y familiares necesarios para poder abrir la fosa número 21, bajo la que se sospechaba podían encontrarse los cuerpos de varios represaliados. Hace casi un año los trabajos de exhumación en la zona oeste del cementerio fueron suspendidos al comprobar que sobre la fosa en la que se iba a intervenir se había construido un mausoleo en los años 50. Tanto la familia, propietaria del mausoleo, como el Ayuntamiento han dado todo tipo de facilidades para que los cuerpos de las cuatro personas enterradas en este lugar pudieran ser trasladados a otro lugar, permitiendo que la asociación pudiera continuar con el proyecto de exhumación. Apenas dos días después de reiniciarse los trabajos ya fueron encontrados los primeros restos, habiéndose encontrado hasta el momento los cuerpos de diez represaliados, en dos tandas de cinco. Según Rafael Espino, presidente de Aremehisa, «estos cuerpos, ocultados intencionadamente, posiblemente pertenezcan a las personas ejecutadas en agosto de 1936; es decir, a José María León, alcalde de Aguilar y otros 9 compañeros, algunos de ellos funcionarios municipales, o a la Corporación municipal de Monturque que fue fusilada en pleno». Al parecer, todos los cuerpos presentan signos evidentes de violencia como manos atadas con alambre y tiros de gracia, encontrándose en al misma fosa abundantes casquillos y puntas de bala.

Con estos 10 cuerpos son ya 65 los exhumados en la zona de acceso al cementerio. Según Espino es posible que la campaña de este año concluya en los próximos días y que vuelva a reanudarse en primavera, cuando se intervendrá en las fosas comunes de caridad que se encuentran en la explanada del fondo del cementerio, cada una de ellas con unas 200 personas. En dos de ellas, que ya han sido localizadas, esperan encontrar los cuerpos de 50 represaliados.

En agosto de 1936 había dos fosas abiertas, una a punto de ser clausurada y otra de reciente apertura. La incógnita está en saber si los fusilados se encuentran en la que estaba a punto de ser clausurada, con lo que los trabajos de exhumación serían mucho más fáciles, o en la de nueva construcción, lo que complicaría su extracción.

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</b> Una arqueóloga y una voluntaria trabajan en la fosa.Foto:AREMEHISA

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