A.R.I.C.O MEMORIA ARAGONESA

Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido

Las olvidadas del franquismo

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 23/01/2012

Las olvidadas del franquismo

La revista ‘Stvdia Histórica’ ahonda en las particularidades de las cárceles femeninas de la guerra y la posguerra

PAULA DÍAZ MADRID 23/01/2012

Fui juzgada y sentenciada a pena de muerte con mi hija en brazos, cuatro días antes de que ella cumpliera 1 año de vida. Cuando salí de la cárcel, en 1942, sólo tenía dos ideas en la cabeza: sacar a mi madre de la calle y reivindicar el nombre de todos los caídos, los presos políticos». Así resumeConcha Carretero (Barcelona, 1918) una parte de su paso por la cárcel de Ventas, en Madrid, donde ingresó por ser miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas un día antes del fusilamiento de las Trece Rosas, el 4 de agosto de 1939.

Anteayer, Concha vio uno de sus deseos cumplidos. Con su pelo canoso perfectamente atusado, acompañada del bastón que la ayuda a caminar y con una sonrisa que no se borra de su cara, acudió a la presentación, en el Ateneo de Madrid, de Cárceles de mujeres. Las prisiones franquistas para mujeres (y para sus hijos) en la guerra y la posguerra. En la publicación, un monográfico de la revista Stvdia Histórica. Historia Contemporánea, 16 expertos rinden homenaje a todas las mujeres que, como ella, fueron represaliadas por el régimen del dictador.

«Es curioso, la cárcel de Ventas la había hecho Victoria Kent para los franquistas y quienes la estrenamos fuimos nosotras», ironizó Carretero. «Tenía capacidad para 500 personas, pero allí estuvimos miles de camaradas», recordó. Todo ello hizo que el hacinamiento, el hambre y las palizas fueran las condiciones habituales de las prisiones de la época.

¿Por qué un monográfico sobre presas? «Todo lo que sucedía en las cárceles de hombres se daba también en las de mujeres, pero no todo lo que sucedía en las prisiones de mujeres se daba en las de hombres», justifica el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes.

Torturas específicas

«Las mujeres sufrieron torturas específicas derivadas de su condición de mujer: violaciones, chantaje emocional, descalificaciones morales, y también fueron acusadas de responsabilidad subsidiaria, por los delitos que no impidieron que sus hijos, hermanos o esposos cometieran», argumentó por su parte Ángeles Egido, catedrática de Historia Contemporánea de la UNED.

Benito Zambrano, director de La voz dormida película que también recoge el drama carcelario de las mujeres en la posguerra, señaló, además, el desconocimiento de la sociedad sobre este tema. «Es una parte olvidada de la historia», aseguró. «Hacer la película fue como abrir la puerta de esa casa donde todo el mundo te dice que ahí no se entra», describió.

Hay tres características fundamentales, según Vinyes, que diferencian los «paisajes carcelarios» de hombres y mujeres: la presencia de niños en las prisiones, una menor solidaridad del exterior con ellas y la ausencia de un trabajo regulado por el sistema penitenciario. «Ellas transgredían constantemente normativas y reglamentos con trabajos y redes clandestinas de comercialización con el exterior», especificó el catedrático.

La propia Concha, en su propósito de ayudar a su madre para que no tuviera que pedir limosna, tejía paños de ganchillo en la prisión para que ella pudiera venderlos fuera. «Mi madre no era comunista, lo éramos mi hermano y yo», explicó Carretero. «Un día la Policía la interrogó y ella les dijo: si ser comunista significa ver lo que veo en mis hijos, compartir cada pieza de ropa y cada plato de comida, entonces, lo soy», rememoró.

Tanto ella como su familia sufrieron las consecuencias de haber peleado contra la represión. «Vivimos en chabolas, en la calle, pero si volviera a nacer, volvería a luchar por un mundo mejor», sentenció la expresa. De nada sirvió que en la cárcel la desnudaran, la golpearan y la regaran con jarros de agua fría en pleno invierno. Ni siquiera que la asustaran con un simulacro de fusilamiento.

¿Lo peor? «Hubiera preferido que me siguieran dando palos antes de ver a una compañera salir para no volver», lamenta Carretero en el documental de Jorge Montes Salguero Del olvido a la memoria. Presas de Franco, emitido por La Sexta en 2007 y que fue proyectado de nuevo el sábado pasado, en el Ateneo. Aun así, Concha, a sus 93 años, no guarda rencor: «En la cárcel hubo mucho dolor, pero ya pasó todo».

Más allá de la política

«Ellas son el testimonio vivo de la lucha por las libertades y su papel fue mucho más allá de la política», destacó Ángeles Egido. «Colaboraron con la guerrilla, fueron un apoyo sustancial para los hombres encarcelados, a los que siguieron de pueblo en pueblo protagonizando el llamado turismo carcelario, y fueron capaces de construir redes de resistencia antifranquista desde dentro y fuera de la prisión: las que salían nunca se olvidaban de las que se quedaban dentro», detalló.

«Además, ellas son el pilar de los logros femeninos que hoy nos hemos encontrado casi hechos del todo», concluyó la catedrática. Concha, sin embargo, aún cree que queda mucho por hacer. Y sólo le pide una cosa a la juventud: «Que luchen, porque aún falta mucho para conseguir lo que nosotras queríamos: la libertad».

http://www.publico.es/espana/418190/las-olvidadas-del-franquismo

Imagen de un taller de confección de la prisión de Alcalá de Henares, en 1956.LA SEXTA

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Comienza la exhumación de las «17 rosas» de Guillena

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 23/01/2012

Comienza la exhumación de las «17 rosas» de Guillena

Este lunes en el cementerio de Gerena, Sevilla, se va a producir la exhumación de las 17 rosas de Guillena. Madres, esposas, hijas y hermanas de milicianos republicanos que fueron fusiladas en noviembre de 1937 y enterradas en una fosa común.

23/01/2012

En septiembre de 1937, 19 vecinas de este pueblo sevillano fueron detenidas por ser madres, esposas, hijas y hermanas de milicianos republicanos. 

Dos de ellas fueron indultadas, pero las otras diecisiete fueron fusiladas a primeros de noviembre de ese mismo año, en el Cementerio de San José del cercano pueblo de Gerena.  Allí fueron sepultadas, en una fosa común, localizada hace un año, gracias a los esfuerzos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. 

Todas están identificadas y todas tienen parientes vivos, hasta cinco hijos directos. Todos han dado su consentimiento para abrir la fosa y someterse a las pruebas de ADN.

http://www.canalsur.es/portal_rtva/web/noticia/id/187279/

portada/comienza_la_exhumacion_de_las_17_rosas_de_guillena

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El Congreso volverá a debatir si se juzgan los crímenes franquistas

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 23/01/2012

El Congreso volverá a debatir si se juzgan los crímenes franquistas

El BNG repesca su texto coincidiendo con el juicio a Garzón por la memoria histórica

JUANMA ROMERO Madrid 23/01/2012

El pasado 19 de julio, el Congreso dijo no. No a revisar la Ley de Amnistía de 1977, no a permitir que los crímenes del franquismo sean considerados ungenocidio y delitos de lesa humanidad, imprescriptibles y, por tanto, perseguibles aún hoy judicialmente. No a siquiera discutir y enmendar esa propuesta planteada por el BNG. PSOE, PP, CiU, Coalición Canaria, UPN y UPyD lo impidieron. Tumbaron la iniciativa y se negaron a admitirla a trámite.

Aquel debate coincidió con una semana simbólica: un día antes, el 18 de julio, se cumplían 75 años del golpe de Estado que truncó los sueños de la República.El pleno del Congreso, con José Bono a la cabeza, ni se atrevió a condenar la sublevación militar.

El debate vuelve a la Cámara en otro momento simbólico, pocas horas antes de que Baltasar Garzón se siente en el banquillo del Tribunal Supremo acusado de presunta prevaricación por haberse arrogado la competencia de investigar el horror de la dictadura. El BNG ha repescado su propuesta y la ha registrado de nuevo en un Congreso ahora bajo el control absoluto del PP. Ahora será la Junta de Portavoces la que decida cuándo se discuta la admisión a trámite de la propuesta de reforma de la Ley de Amnistía. Y en ese pleno será previsiblemente vetada otra vez.

“Nuestra iniciativa tiene plena vigencia, más sentido que nunca. Vemos una operación de acoso y derribo contra un juez que quiso remover las aguas en un terreno que parecía vedado”, explicaba ayer a Público Francisco Jorquera, portavoz del BNG en Madrid.

Lo que buscan los nacionalistas gallegos no es “reabrir heridas”, sino “cerrarlas desde la verdad y la reparación a las víctimas”. Abrir la puerta para que aquello que intentó el magistrado de la Audiencia Nacional sea posible: que España se reconcilie con su pasado y pueda indagar los crímenes de la dictadura. En el auto de 16 de octubre de 2008, en el que Garzón se declaraba competente para abrir la causa, recogía información de 114.266 desaparecidos entre 1936 y 1951. No pudo dar más pasos. Por esa resolución se sentará mañana en el Supremo.

Un reto para el PSOE

El BNG cree que se ha hecho una aplicación “perversa” de la Ley de Amnistía, pues si en 1977 sirvió para sacar de las cárceles a los represaliados por luchar por la democracia, “hoy se usa como coartada para impedir que se esclarezcan los delitos del franquismo”. “Se ha puesto la Transición como modelo para América Latina –razonó Jorquera–, pero ahora América Latina ha abolido sus leyes de Punto Final. Nuestra Ley de Amnistía actúa como Ley de Punto Final”. Es decir, como norma de “absolución de los verdugos”.

El BNG sabe que, como en julio, la izquierda minoritaria (IU, ICV, ERC) le apoyará, y que el PP lo rechazará. Aun así, seguirá mereciendo la pena para “suscitar el debate y clarificar las posiciones de todas las fuerzas”. ¿Y el PSOE? Jorquera desafía: “Ahora que quiere recuperar su imagen de izquierdas, tiene una excelente oportunidad para retratarse con nuestra iniciativa”.

http://www.publico.es/espana/418220/el-congreso-volvera-a-

debatir-si-se-juzgan-los-crimenes-franquistas

Baltasar Garzón, en una entrevista con ‘Público’ el pasado 14 de septiembre de 2011.LAURA LEÓN

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La espera de las víctimas

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 22/01/2012

La espera de las víctimas

Los tribunales continúan cerrados para los familiares de los desaparecidos durante el franquismo. La impunidad de los crímenes sigue pendiente desde la Transición

ELENA HERRERA MADRID 22/01/2012 

Insisten en que no les mueve la venganza, tampoco el rencor. Lo que pretenden es limpiar el nombre de sus padres o abuelos, darles un enterramiento digno para tener un lugar en el que poder llorarles. E invertir los papeles: que los suyos dejen de ser los miserables y sus asesinos los héroes a los ojos de la Justicia y de la historia.

Aseguran no estar cansados, a pesar de que todos llevan años luchando contra el olvido y buscando la dignificación pública de sus familiares, represaliados por Franco. Son los hijos y los nietos de los que perdieron la Guerra Civil y el próximo mes de febrero declararán como testigos en la causa abierta contra el juez Baltasar Garzón por declararse competente para investigar los crímenes del franquismo.

Manuel Muñoz Frías

Hijo y hermano de represaliados

Al padre de Manuel Muñoz Frías, Miguel Muñoz Aguilar, no le sirvió de mucho, al poco de estallar la guerra, acudir a la plaza de su pueblo, Comares (Málaga), a auxiliar a una vecina que le había dicho que «unos republicanos habían apresado a los señoritos del pueblo». Se plantó allí y dijo que mientras él fuera responsable político (era secretario local del PSOE y de la UGT) «en Comares no se mataba a nadie». Miguel, campesino de profesión, fue fusilado meses después, el ocho de marzo de 1937 y enterrado en una fosa común de la que todavía no ha podido ser rescatado. Este pasaje es el primero que cuenta Manuel, de 80 años, cuando se le pregunta por la historia de su vida.

«El franquismo destrozó a mi familia. A mi padre le habían recomendado que se fuera del pueblo, pero no quiso. Una noche la Guardia Civil vino a buscarlo, lo sacaron de la cama, le ataron las manos con un alambre y se lo llevaron. Un tribunal militar le condenó a muerte dos días después… y lo fusilaron. Me quedé sin padre con 6 años y éramos siete hermanos», cuenta Manuel, que en febrero declarará como testigo del juicio contra Garzón en el Supremo. «A los pocos días los falangistas volvieron a casa y se llevaron a mi hermano Miguel para que luchara en el bando de los asesinos de nuestro padre. Desertó, pero le cazaron. Lo mandaron a campos de concentración de Ávila y Sevilla, lo reventaron a palizas… Murió el 4 de julio de 1940. Nos enteramos porque alguien nos hizo llegar una bolsita con sus enseres: un peine, una pastilla de jabón, un bote de pasta de dientes», recuerda.

Pero la desdicha de Manuel y su familia no acabó ahí. «También vinieron a por mi madre. La Guardia Civil llegó un día a una finca en la que vivíamos entonces y se la llevaron a rastras, con las manos atadas. Estuvo en la cárcel dos o tres meses. No le dieron ninguna explicación. Nosotros quedamos desamparados».

Cuando salió de prisión, la familia decidió emigrar a la capital, Málaga, para intentar deshacerse de un estigma, el de ser una familia de izquierdas, con el que era difícil de vivir en el pueblo. Pero en Málaga también llevaron «una vida terrible», cuenta Manuel. «Mis hermanos y yo comíamos las sobras de comida que mi madre se echaba al bolsillo en un hotel en el que trabajaba limpiando: un trozo de filete, un mendrugo de pan, una fruta… hasta que el jefe del hotel se enteró y le empezó a regalar comida para que mi madre nos alimentara . Eso lo cuento para se sepa que también había gente buena», relata Manuel con la voz entrecortada.

Otro de sus hermanos, Juan, decidió cuando tenía 16 años ir a luchar en el bando republicano. «Lo dimos por muerto y, 20 años después, ya en los cincuenta, llegó una carta diciendo que estaba vivo. Mi madre se desvaneció», recuerda Manuel. Juan se había ido de España en 1939, estuvo en el maquis francés y luchó contra el nazismo en la resistencia. No pudo regresar a España hasta que llegó la democracia.

«Cuando empezamos a crecer nos dimos cuenta de por qué éramos unos desgraciados. Tardé años en darme cuenta de que un canalla, un terrorista, había decidido que miles de niños se quedaran huérfanos, como yo, y miles de mujeres viudas, como mi madre», relata.

Manuel, bregado durante su juventud y madurez en las luchas vecinales y sindicales, ha dedicado los últimos de su vida a la recuperación de la dignidad de su familia. Al juicio acudirá con un maletín en el que guarda con mimo la documentación que acredita «todo el sufrimiento» de su vida. «No nos anima el deseo de venganza, pero llevamos 33 años esperando y ahora van a procesar al único magistrado que se ha interesado en mi historia. No es justo», lamenta.

Mª antònia Oliver París

Nieta de fusilado

El abuelo de María Antònia Oliver París, Andreu París, fue detenido en agosto de 1936. Meses antes, cuenta María Antònia, había firmado la constitución de la agrupación socialista de Inca (Mallorca). «Primero estuvo preso en su pueblo y después en Mallorca. Mi madre, que se había traslado a vivir a la capital a casa de unos familiares, era la encargada de llevarle la comida. Era un niña, tenía 12 años, pero iba a la prisión un día sí y otro no. Al principio de la primavera, en marzo de 1937, el centinela le dijo que no volviera, que lo habían puesto en libertad», relata María Antònia, que el próximo dos de febrero también declarará como testigo en la causa abierta contra Garzón.

En aquella época, cuenta la nieta de Andreu, era habitual que dijeran a los familiares que habían soltado a los suyos, pero no era verdad. Era lo que se conocía como las sacas. «Por la noche llamaban a un grupo de presos, algunos falangistas los recogían y se los llevaban para matarlos», explica. María Antònia cree que su abuelo fue asesinado en la tapia de la iglesia de Santa Creu, en Porreres (Mallorca). No tiene ningún documento que lo acredite porque eran muertes de las que no hay constatación oficial, pero lleva años recabando testimonios de vecinos de Porreres que así lo atestiguan.

«Mi madre y mi abuela acudieron a diversas administraciones para preguntar dónde estaba mi abuelo. Nunca les dijeron nada. Al final, sólo pedía que le dieran su cuerpo». Pero al dolor de la muerte del padre, se unió el del estigma de ser una familia de izquierdas. «Eran rojos y no tenían derecho a nada, ni lo tuvieron nunca. Mi abuela nunca cobró una pensión de viudedad, era la marginación total», relata la nieta. En su casa, recuerda, siempre se habló de la historia de su abuelo pero, conforme fue creciendo, se dio cuenta de que tendría que ser ella la que se encargara de recuperar sus restos e investigar lo sucedido. Por ello, decidió, primero, impulsar la asociación Memòria de Mallorca y, después, acudir a la Audiencia Nacional. «Cuando vimos que la Audiencia Nacional era capaz de investigar los crímenes de la dictadura argentina nos llenamos de esperanza. Pensamos que era imposible que nos amparara a nosotros, los hijos y los nietos de los desaparecidos en la Guerra Civil».

Ahora, con Garzón a punto de sentarse en el banquillo por declararse competente para investigar crímenes como el de su abuelo, María Antònia siente que, de nuevo, han perdido «los de siempre». «Este proceso abre nuevas heridas, porque el dolor es algo que no prescribe, que pasa de generación en generación», denuncia. Agotadas ya todas las opciones en España, la nieta de Andreu París ha ido a buscar justicia para su abuelo y para otros represaliados de Mallorca al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo. Porque, si algo tiene claro, es que está dispuesta a luchar «hasta el final».

Olga Alcega

Nieta de fusilado

Olga Alcega no llegó a conocer a su abuelo Antonio Alcega Lázaro, fusilado el dos de septiembre de 1936 en Magallón (Zaragoza) por un grupo de falangistas, pero ha dedicado gran parte de su vida a recuperar su cuerpo y su memoria. Comenzó a buscar a finales de los setenta, de la mano de su padre. Pero el intento de golpe de Estado de Tejero, el 23 de febrero de 1981, volvió a meter el miedo en el cuerpo de la gente. «Se dejó de buscar, volvió el silencio… ¡Han sido siempre tantos los muros que nos han puesto!», lamenta. A partir del año 2000 fueron los nietos los que cogieron el testigo. Y comenzaron a tirar con más fuerza.

El proceso desde entonces ha sido largo, lleno de momentos «amargos», también de otros «muy felices», pero el 9 de abril de 2010 Olga logró completar el ciclo. Los restos de 81 personas fusiladas en Magallón, entre ellos su abuelo, fueron devueltos a sus familias. En aquella ceremonia, Olga se refirió a los nietos de los republicanos fusilados como «la primera generación sin miedo».

Antonio Alcega Lázaro era cartero en Bureta (Zaragoza), regentaba un café, tenía tierras, algunas vacas y gestionaba también una fonda en Tudela (Navarra). «Siempre me han dicho que era un hombre muy emprendedor y que tenía una cultura fuera de lo común para la época y la zona rural en la que vivía», recuerda Olga. «Era una persona de izquierdas, pensamos que pudo militar en Izquierda Republicana, pero no tenemos documentación que lo acredite».

La Guardia Civil fue a buscar a Antonio cuando este estaba ordeñando a las vacas en el abrevadero de detrás de su casa. «No le dejaron entrar en casa. Le llevaron al Ayuntamiento y parece que ya salió de allí muy malherido», relata Olga. En el informe forense que ha recuperado la familia se detalla la rotura de algunas costillas y otros golpes. «Al día siguiente ya estaba muerto. Una vecina vino a decírselo a casa a mi abuela. Mi padre acababa de cumplir 10 años», amplía.

A partir de entonces, como ocurría en casa de todos los fusilados, «comenzó un duelo durísimo». «Les quitaron todos sus bienes, las vacas, las tierras, las yeguas, la casa… Les incautaron todo. Mi abuela nunca cobró una pensión, nunca fue viuda. De vivir holgadamente mi padre tuvo que dejar de ir al colegio porque era hijo de un rojo», recuerda la nieta de Antonio. Su abuela tuvo que aguantar los constantes robos y registros por parte de las autoridades franquistas. Le abrieron dos expedientes, uno de incautaciones y otro de responsabilidades políticas. A día de hoy, la Justicia nunca ha investigado si esta familia merece una recompensa por el robo de sus bienes.

Olga es otra de los testigos elegidos por Garzón para declarar en la causa de los crímenes del franquismo. Ante el Tribunal Supremo, asegura que volverá a dejar claro que fueron ellos, las víctimas, los que acudieron al magistrado en busca de justicia. «Quiero llegar hasta el final. Me gustaría saber quiénes y por qué mataron a mi abuelo. Los nietos de los asesinos no tienen la culpa, pero yo tengo derecho a saber», afirma.

Esa necesidad de hacer justicia es también un homenaje a todas las viudas que, para evitar venganzas, se llevaron muchos secretos con ellas. «Mi abuela siempre me decía que los que habían matado a su marido eran una asesinos y que sus hijos no lo tenían que ser», sentencia.

Pino Sosa

Hija de fusilado

Cuando la democracia todavía daba sus primeros pasos en España, Pino Sosa se atrevió a pedir en el pleno del Ayuntamiento de Arucas (Las Palmas), donde acababa de ser elegida concejala por el PSOE, que quería abrir el pozo de Llano de las brujas. ¿Por qué ese empeño? Sospechaba que allí yacía el cuerpo de su padre, José Sosa Déniz, también socialista, asesinado por las autoridades franquistas en la primavera de 1937. El pozo se abrió muchos años después, en 2008, y aparecieron los restos de diez personas. El padre de Pino no estaba entre ellos.

José Sosa Déniz era latero de profesión, estaba afiliado al PSOE y era el tesorero de esa formación en Arucas. Su hija Pino cuenta que su madre estaba embarazada de ella cuando lo detuvieron. Cuando nació fueron a verle a la cárcel hasta en tres ocasiones, pero sólo les dejaron verlo dos veces. Tenían que caminar 40 kilómetros para llegar a la prisión.

«El 10 de marzo de 1937 lo soltaron, los amigos le decían que se fuera, que en Arucas corría peligro. No quiso marcharse y, nueve días después, volvieron a por él», recuerda Pino. Y esa vez sí fue la definitiva. La familia siempre sospechó que lo habían fusilado y arrojado al pozo de Llano de las brujas, pero la última exhumación demostró que no estaba allí. No obstante, Pino no pierde la ilusión de recuperar el cuerpo de su padre y asegura que en Arucas quedan otros tres «en los que se sabe que hay gente a la que fusilaron y tiraron allí».

«Desde pequeña he estado buscando, queriendo saber más. Recuerdo que, cuando iba de paseo con mi madre, ella cogía un ramito de flores silvestres y las iba tirando a los pozos. Sabíamos y sabemos que a mi padre lo tiraron a alguno de ellos, pero era algo de lo que no se podía hablar. Aquí no hubo guerra, sino un represión tremenda. Todos tenían miedo de que se los llevaran…», cuenta.

Pino también acudirá a declarar como testigo en el juicio a Garzón. Asegura que en el trabajo del magistrado tenía puesta la esperanza de encontrar a su padre para darle la sepultura que se merece y cerrar un capítulo de su historia. «Él comenzó a investigar porque nosotros se lo pedimos. Esto es importante», sentencia.

http://www.publico.es/espana/418105/la-espera-de-las-victimas

Víctimas del franquismo y sus descendientes participan en una manifestación de apoyo al juez Baltasar Garzón el 24 de abril de 2010. fernando sánchez Víctimas del franquismo y sus descendientes participan en una manifestación de apoyo al juez Baltasar Garzón el 24 de abril de 2010.F. Sanchez

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‘Tras el juicio a Garzón aún no sabremos quién es competente para abrir las fosas’

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 22/01/2012

JUICIO | El martes comienza la vista por investigar el franquismo

‘Tras el juicio a Garzón aún no sabremos quién es competente para abrir las fosas’

El segundo juicio contra el juez Baltasar Garzón promete traer más cola que el proceso sobre las escuchas en la cárcel a los implicados en la trama Gürtel que acaba de culminar, al menos en las calles.

La causa contra Garzón por la investigación del franquismo atraerá «a más gente, porque es el juicio de las víctimas y hay mucha más gente implicada personalmente», explica Jordi Gordon, portavoz de la plataformaSolidarios con Garzón, que aúna a colectivos y particulares que respaldan al magistrado de la Audiencia Nacional.

Es el caso de Emilio Silva, nieto de un desaparecido durante el franquismo y que el martes estará mostrando su apoyo a Garzón a las puertas del Tribunal Supremo.»Estos delitos son muy graves, no prescriben y venimos a dar testimonio de que el Estado tiene el deber de investigarlos», dice el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

«El juicio será un altavoz para nuestra causa», dice Silva, quien apunta que «una vez que acabe, todavía el Supremo tendrá que decidir quién es competente para abrir las fosas», otro frente de batalla que sigue abierto. «Quizás debería haberse hecho esto primero».

Víctimas sin resarcir vs la Ley de Amnistía

En 2008 Garzón se declaró competente para investigar la desaparición de víctimas del franquismo. Siete meses después, el Supremo imputaba al juez estrella por un delito de prevaricación(dictar a sabiendas una resolución injusta) por su actuación en el proceso, a raíz de la querella presentada por el colectivo Manos Limpias.

El juicio, dice Gordon, portavoz de la plataforma de apoyo al juez, «es un insulto y una afrenta a los 130.000 fallecidos que aún están desaparecidos desde la Guerra Civil y también a los miles de presos políticos del régimen».

Sin embargo, según el sindicato ultraconservador, «es totalmente falso […] que se vaya a procesar al juez por enjuiciar al franquismo o por la exhumación de las fosas». En su opinión, se le sienta en el banquillo por «dictar una resolución prevaricadora que vulneraba la irretroactividad de las leyes penales, la vigencia de la Ley de Amnistía y la imposibilidad juzgar a fallecidos», entre otros.

Y ahí es donde está parte de la miga del asunto. Mientras unos esgrimen el punto final que supuso la Ley de Amnistía, los otros inciden en que según el derecho penal internacional los delitos de desaparición son permanentes. «El testimonio que van a dar estos familiares durante el juicio es que todavía están afectados porque no han tenido la opción de enterrar dignamente a sus padres y, por tanto, el delito sigue vivo», explica Silva, de la Plataforma para la Recuperación por la Memoria Histórica.

Motivar a los jueces para que investiguen

Para los colectivos de víctimas del franquismo la actuación de Garzón ha sido fundamental. Es el caso de las asociaciones de niños robados. Garzón, en su investigación contra los crímenes del franquismo ya habló del robo de bebés, estimando las víctimas en 30.000 durante la dictadura.

Mar Soriano, portavoz de la Plataforma de Niños Robados califica de «surrealista» que se juzgue a Garzón por investigar estos crímenes, algo que considera necesario «porque hay una parte de la ciudadanía que exige ser resarcida y a la que, hasta ahora, no se ha dado asistencia».

«Lo que hay que hacer es motivar a los jueces para que investiguen y cambiar el marco legislativo para atender a unas víctimas que se sienten desamparadas, y no juzgar al único juez que se ha puesto a ello. Si no les parecen correctas las formas en que lo ha hecho, que se condene y se diga que así no, pero que no se frene su trabajo y se demonice al único juez que se ha atrevido a hacerlo», añade.

Solidarios con Garzón ha convocado una concentración a las puertas del Supremo el propio martes a las 10 de la mañana, así como unamanifestación en Madrid para el domingo siguiente que probablemente se refuerce con movilizaciones en otros puntos de la geografía española. Creen que la asistencia se verá reforzada por personas llegadas de otros puntos del país, y preparan una «sorpresa» para dar más movimiento a la concentración ante el juzgado.

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/20/espana/

1327066486.html

Concentración de apoyo a Garzón el pasado día 17. | Alberto Cuéllar

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300 presos del franquismo buscan en Argentina la anulación de sus juicios

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 22/01/2012

300 presos del franquismo buscan en Argentina la anulación de sus juicios

“Queremos pedir allí la justicia que aquí se nos niega”, explica uno de los impulsores de La Comuna

 Madrid 21 ENE 2012

“Contra la impunidad del franquismo”, reza la pancarta. La colocan tres hombres canosos en el escenario del instituto de secundaria Lope de Vega. Es la puesta de largo de la asociaciónLa Comuna, integrada por opositores encarcelados desde los años sesenta hasta 1977. Agrupa a cerca de 300 personas que pertenecieron a organizaciones de izquierda —Liga Comunista Revolucionaria, ETA VI Asamblea, Partido del Trabajo de España, Organización Revolucionaria de Trabajadores, Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, y diversos partidos comunistas, incluido algún militante del PCE—. Una mezcla de viejos trotskistas, marxistas-leninistas, maoístas, anarquistas… que colmaba ayer en Madrid un salón de actos escolar para emprender la batalla contra el “punto final” que supuso la Ley de Amnistía de 1977 y el “desamparo” en que les deja la Ley de Memoria Histórica de 2007.

Los “represaliados” —como los define desde la tribuna Manuel Blanco Chivite, militante del FRAP condenado a muerte en 1975— tienen más esperanzas en la justicia argentina que en la española. De ahí que se apresten a reunir papeles para hacérselos llegar a la juez que, amparada en la justicia universal, investiga en Buenos Aires la represión franquista desde 1939 hasta junio de 1977. “Queremos pedir allí la justicia que aquí se nos niega”, explica uno de los impulsores de La Comuna, José María, Chato, Galante, ex dirigente de la LCR.

“Hemos estado en la cárcel por luchar contra Franco. Reivindicamos una época que no aparece, porque da la sensación de que la represión acabó a comienzos de los años sesenta y no fue así. Entonces fue cuando empezó el Tribunal de Orden Público”, detalla Galante a EL PAÍS. El TOP juzgó a 8.943 personas por delitos políticos. El 78% resultaron condenados a un total de 10.146 años, 18.870 meses y 4.758 días de condena, pero hubo unos 50.000 afectados si se suman los detenidos e investigados, enumera en rápido inventario.

Este tribunal juzgó los delitos políticos —incluidas las injurias contra el jefe del Estado, que llegaron a costar 10 años de cárcel— entre 1963 y 1977. Sustituyó a los consejos de guerra militares, limitados desde entonces a casos considerados como terrorismo y pródigos en penas de muerte. Muertes hubo también sin tribunal mediante: 214 a manos del aparato del Estado y de la ultraderecha entre 1962 y 1981, según el recuento de La Comuna —lleva este nombre en recuerdo de las comunas que organizaban los presos políticos para compartir, sobre todo comida y libros, en las cárceles de la dictadura—. “En España ha habido terrorismo institucional y de Estado, no solo de ETA”, concreta ante el auditorio Víctor Díaz Cardiel, del PCE.

Un bagaje de lucha y represión que quieren airear frente a las polillas de la historia. “Debe formar parte de la recuperación de la memoria histórica. Somos víctimas que hemos desaparecido porque no se ha querido señalar a los verdugos. Ni siquiera se sabe cuánta gente pasó por la cárcel por oponerse a la dictadura”, plantea Galante. “Tan luchadores contra Franco somos nosotros como lo fueron los del maquis, pero mientras estos son ahora héroes, a otros todavía les llaman terroristas”, tercia en la conversación Josefa Martínez Sereno, obrera presa casi un año en Yeserías por pertenecer al FRAP. Una mujer, abuela ya, que al pedir el pasaporte hace seis años se encontró todavía “con una vieja orden de búsqueda y captura”.

Además de una investigación a fondo sobre la represión de la época, los miembros de La Comuna piden la derogación de la Ley de Amnistía, que puso a muchos de ellos en la calle. Acabar con aquella ley “de punto final”: esa sería la puerta para conseguir la anulación de sus juicios —la Ley de Memoria Histórica solo los declara “ilegítimos”— y, de paso, la persecución de los culpables de la represión franquista, plantean en La Comuna. Porque defienden que lo de aquella época fueron crímenes contra la humanidad, que no prescriben, y quieren ver a sus responsables ante la justicia, aunque fuera en Argentina. “Me gustaría ver en el banquillo a Billy el niño [el policía Antonio González Pacheco], pero dudo que lo consiga”, tercia Martínez. “A mí me torturó”, lanza Ángela Gutiérrez Suárez, funcionaria y antes obrera trotskista presa varias veces.

Ese verbo abre un silencio, una tenaza que solo aflojará cuando el grupo que conversa con este diario haya menguado: entonces vuelve aquel policía de Vitoria —luego víctima reconocida del terrorismo de ETA— que se llevaba un grifo de su casa para introducir el dedo del detenido en él e ir apretando en busca de una confesión; la barra de la DGS en la que se golpeaba a los detenidos, los monos mojados “estilo Guantánamo”, el “sadismo”…

“Las torturas no se pueden pagar. Ni los años de cárcel, pero hay medidas para reparar a un inocente al que se ha metido en prisión. Como mínimo, tendríamos que tener derecho a eso”, apunta Sabin Arana, militante en la primera ETA y luego de la VI Asamblea —trotskista—, preso durante nueve años. Miembro de La Comuna, también forma parte de otra asociación similar en Euskadi, Goldatu (Remover), que abarca hasta la Transición.

La derogación de la Ley de Amnistía daría paso al derecho a una reparación pública, defienden en La Comuna. Pocos de sus miembros la han conseguido: eran demasiado jóvenes, según la normativa de reparación aprobada hasta ahora para los expresos políticos. Víctor Díaz Cardiel, de 77 años, sí lo logró: 6.000 euros por sus ocho años de cárcel. “Y el 40% se lo llevó Hacienda”, apostilla con ironía este veterano del PCE.

http://politica.elpais.com/politica/2012/01/21/actualidad/

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Un grupo de expresos franquistas posa ante lo que fue la Dirección General de Seguridad durante la dictadura y hoy es la sede de la Comunidad de Madrid. / CRISTÓBAL MANUEL

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Restauran película inédita de los Niños de Morelia

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 22/01/2012

Restauran película inédita de los Niños de Morelia

La cinta, de aproximadamente 30 minutos de duración, recoge la llegada del barco francés Mexique, el 7 de junio de 1937, el arribo de los niños al puerto de Veracruz, y luego los acompaña durante su viaje en tren hacia Michoacán.

Originalmente la película estaba destinaba a recoger testimonio de la llegada de Euzkadi, la selección vasca de futbol a México. El equipo había iniciado en abril de 1937 una gira por Europa para recaudar fondos de ayuda al exilio de niños a causa de la Guerra Civil Española.

La escuadra tenía previsto llegar a nuestro país por esas fechas, así que el entonces dueño y fundador de un café, después convertido en ícono para la comunidad española en México, El Tupinamba, se allegó hasta Veracruz para filmar la llegada de jugadores como Blasco, Egusquiza, Aedo, Barcos y Regueiro.

Arturo López Negrete, investigador que ha recabado información en torno al Tupinamba, refiere que quien fue el fundador y dueño del café fue don Macario Rodríguez, y por tanto el mismo probable autor de las imágenes que no reproducen al Euzkadi porque llegó tres meses después a nuestro país, pero sí el único testimonio particular de la llegada de los Niños de Morelia.

“Yo no conocí al dueño del Tupinamba, pero si sé que su hijo estudió aviación con mi hermano Miguel. El alumno, después de investigar quién era mi hermano y de preguntarle muchas cosas sobre el exilio, le entregó la cinta y le contó la anécdota por la que su padre había tomado esas imágenes”, revela Amparo Batanero, quien a los 4 años de edad llegó a México con ese grupo de 456 niños españoles.

Es una lata de película filmada en 8mm y de una duración de aproximadamente 30 minutos. “Su importancia radica —dice Francisco Gaytán, subdirector de Rescate y Restauración de la Filmoteca de la UNAM— en que por primera vez se tiene conocimiento de este material, tomado por un particular y su contenido también es diferente a lo que se conoce”.

A decir del funcionario y de la señora Batanero, aunque las imágenes no son muy claras, dejan ver la llegada del barco a los muelles veracruzanos, cómo bajan los niños, los diferentes sindicatos y grupos que fueron a recibir a los recién llegados, “las niñas traemos una coronita de flores y yo me alcanzo a ver ahí”, dice la señora, quien llegó a México con sus cuatro hermanos.

Otro material tomado en 16 mm contiene algunas de las celebraciones que los Niños de Morelia hacían en el orfanato donde estuvieron, y algunas otras reuniones, que también fue entregado a la Filmoteca.

“Es una celebración del aniversario de la llegada del barco, pero ya son adultos, corresponde a los años 60. Aparecen ya todos casados y con hijos, celebrando con las autoridades del colegio y con profesores que los recibieron. Se puede apreciar ese gozo y disfrute, ese rememorar de los refugiados. Por todo ello me parece que es un material muy importante”, reflexiona Gaytán.

•••Material oficial

La otra cinta que se conoce con la llegada de los niños españoles a México fue presentada por la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México durante la inauguración del ciclo de cine Los caminos de la memoria, en julio de 1997, durante los festejos de los 70 años del arribo de los pequeños.

Se trata de un filme inédito que muestra la llegada de niños huyendo de la Guerra Civil de aquel país, dura 11 minutos y no tiene audio. Igualmente presenta el arribo de los niños y su traslado a Morelia.

“Lo encontramos aquí en la Filmoteca, está en 35 mm y extraordinariamente bien filmado, pienso que seguramente hecho por la DPP (Dirección de Prensa y Propaganda del gobierno) porque se ve que usaron hasta 3 cámaras distintas, y está editado; ese material ya lo tenemos en un dvd titulado Niños de Morelia”,dice Francisco Gaytán.

En las imágenes sobresale el alegre y caluroso recibimiento que les brindaron los niños mexicanos, al son del “Jarabe tapatío” y con vestimentas típicas del país: trajes de charro para niños y de china poblana para las mujeres.

http://impreso.milenio.com/node/9099488

Refugiados de la Guerra Civil Española, llegaron a México 456 niños.

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La memoria que estalla

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 22/01/2012

DESPUES DE 75 AÑOS SUPO QUE SU PADRE HABIA SIDO UNA VICTIMA DEL FRANQUISMO

La memoria que estalla

Constantino Fernández perdió a su padre en 1936 y en su familia nunca se habló del tema. En 2009, su hija descubrió la verdad sobre su abuelo. Viajaron a España, exhumaron el cuerpo y ella se sumó a la causa por los crímenes del fascismo.

“No digas nada. No preguntes nada.” En Villanueva de Valdueza, el pueblo donde hace 76 años nació Constantino Fernández, no hubo grandes batallas, pero las fosas comunes se multiplicaban bajo los campos sembrados y a la sombra de algún árbol en el monte. Cuando él era un niño, los mayores hablaban en voz baja. Apenas si lloraban a los fusilados. La consigna era callar. “Tino” vivió hasta sus 17 años en ese paraje de Ponferrada, provincia de León.

Su padre había muerto cuando él tenía un año y medio. Se llamaba Antonio Fernández y todos lo conocían como “El Cesterín”. Araba la tierra de sol a sol en el pequeño pueblo español y, cuando llegaba la temporada de cosechas, sus cestos hechos con hojas de álamo se multiplicaban entre los pobladores. Murió a los 24 años, dejando a “Tino”, a un bebé de meses y a su mujer, que fallecería a los pocos años.

El tiempo pasó y Tino dejó de hacerse preguntas. Recién a los 75 años, ya de abuelo, supo que su papá Antonio Fernández es una de las miles de víctimas que se cobró el franquismo. Había sido fusilado “a consecuencia de la lucha contra el marxismo”, según dice su acta de defunción. Quien lo descubrió fue Adriana, su hija que hoy conforma la querella que desde Argentina demanda al Estado español por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen fascista.

Tino se acomoda en su silla y se aclara la garganta. “¿Me decías…? Ah, sí. Con mi hermano acabábamos de perder a nuestras abuelas, y una tía que ya vivía en Argentina nos trajo para Buenos Aires. Fue en el año ’52. Mi papá había muerto cuando yo tenía un año y medio. Y mamá, cinco años después. Yo me quedé con mi abuela materna, y mi hermano con la familia de mi padre.”

–¿Qué sabía entonces de su papá?

–Nada. Mi abuela Luisa me contaba que cuando lo vinieron a buscar, llegaron, lo tiraron al suelo y, ahí nomás, le empezaron a pegar. Lo apaleaban entre varios, mientras le sostenían las manos desde atrás, hasta que lo mataron. Pero mucho no nos querían decir. Todo era silencio por ese tiempo. Mucho después, cuando ella murió, trabajé de criado arando la tierra en unos campos de un vecino. Y siempre pasaba uno que me decía: “¿Viste aquellos garbanzos, aquel centeno que está tan alto en el medio? Eso está abonado con tu papá, él está ahí abajo”. Era un cuadradito al lado de una carretera donde el pasto crecía muy verde. Yo pasaba con frecuencia por allí y muchas veces me quedaba sentado mirándolo. Pensando si podría ser cierto que él estuviera ahí abajo.

–¿Quiénes se lo habían llevado?

–Mi abuela, que vio todo, no lo dijo nunca. A mí me lo contó mucho después un vecino de San Esteban de Valdueza. “El problema fue que en Pedragales tu padre estaba trabajando cuando unos soldados le dijeron: ‘Antonio, anda a buscar a no sé quién que tenemos que hablar con él’.” Parece ser que mi padre sabía que iban a matar a esta persona y, en vez de mandarla para el pueblo, le advirtió que debía escapar. Luego, dijo que no lo había encontrado. Pero alguien lo delató, y al día siguiente lo fueron a buscar. Lo mataron, sin preguntar nada.

–¿A quién iban a asesinar?

–Recién este año, mi hija, Adriana, consiguió develarlo. Querían a Nicasio Astorgano, el gobernador republicano de San Esteban de Valdueza, donde vivía mi padre. Pero en ese entonces, no lo sabía. Había un pacto de silencio. No digas nada. No preguntes. Nadie iba a responder, ni los mismos del pueblo sabían en quién se podía confiar.

–Usted tenía que sacar sus propias conclusiones…

–No, no lo hacía. Las fosas eran algo común. Recuerdo que mi abuela siempre peleaba como perro y gato con una vecina que teníamos al lado de la casa. Siempre le decía: “Merecido lo tenías. A mi yerno, tu marido lo podría haber salvado y no quiso y ahora tú no sabes dónde está el tuyo”. Su esposo pertenecía a un grupo de falangistas (miembro del partido franquista La Falange) que se dedicaban a robarle a la gente del pueblo, le sacaban las cosechas, los animales. A los de su clase, los mataban los mismos franquistas porque eran una mancha para ellos. Si bien trabajaban para su grupo, no les convenían cuando ya los tenían demasiado tachados. Pero eso lo supimos mucho después.

–¿Iban a parar también a las fosas comunes?

–Sí. Y en El Vierzo hubo muchas, muchísimas. La zona no fue un campo importante de enfrentamiento, pero sí había muchísimos que apoyaban al bando republicano. Entonces, fue una de las zonas donde más fosas comunes hubo. Una vez estaba llevando a pastar a las ovejas y vi cómo un labrador enganchaba con el rastrillo un cadáver. A la gente la mataban, la tiraban en el campo, entre los yuyos, y nadie decía nada. Se los enterraba en silencio.

El terrorismo de acá

Adriana Fernández asiente con la cabeza. Comprende perfectamente lo que es vivir el silencio. El golpe del ’76 la encontró con trece años. “Muchos me decían que la Junta había llegado para estabilizar el país. A mi papá nunca lo escuché hablar de política –“yo siempre pensé que no era sano meterme”, acota Tino–. Me mandaron a un colegio ultracatólico de la zona donde, salvo excepciones, estaban con el régimen; en mi familia nunca hubo un desaparecido; en el barrio, si lo había, yo nunca me había enterado; no tenía compañeros desaparecidos. Vivía en una burbuja. Me iba comiendo lo que iba leyendo en los diarios, que los muertos eran todos subversivos. Creí eso hasta que empecé a escuchar otras voces y caí en que se había vivido un horror que había pasado por alto.”

–¿Qué voces?

–Cuando comencé a ejercer como catequista. Nunca fui de quedarme a dar una charla. Yo salía a los barrios, y a los más pobres del conurbano. Por ejemplo, acá en Tigre, por Villa Garrote o El Palito, que es una villa que ya no existe. Empezaba a escuchar testimonios sobre personas desaparecidas, de personas que habían sido torturadas. Cosas que me hacían plantear “¿qué es lo que me perdí?”. Me empecé a involucrar con las causas de los religiosos que fueron asesinados. Angelelli y Mugica fueron los dos pilares. Ponce de León, las monjas francesas.

–Quiso conocer sus trayectorias

–Quería que se conozca la historia de esta gente. Porque se hablaba de la madre Teresa, de iconos que el Vaticano los tenía bien altos. Pero no de los nuestros, era como que “lo mataron, pero no es un mártir”. En Tigre, tenemos un cura asesinado por dar una misa cuando los obreros del astillero Astarsa fueron masacrados en la dictadura. Hay calles con su nombre, Pancho Soares, pero la cúpula de la Iglesia nunca dejó que se hiciera la denuncia.

–¿Qué le decían sus pares cuando hablaba de estos temas?

–Me decían que no era catequesis lo que yo estaba haciendo. Era obvio que estaba tocando temas que a los curas les molestaban mucho. Creo que me echaron de todas las parroquias de Tigre. Pero callar, no me callaron nunca. Prefería irme. Jamás di vuelta el discurso: decir “bueno, para quedarme, lo hago más livianito”. Además, como yo apoyaba la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y los juicios de lesa humanidad, me tenían por la oveja negra.

–¿Siempre apoyó estas luchas?

–No. Antes tenía un peso muy fuerte lo que decía la Iglesia. Fue la dictadura: vi una hipocresía explícita y cómo desde un poder, el religioso, se puede someter a una persona, haciéndole creer que si piensa de una manera o la otra va a ir al infierno. El miedo influye de una manera tremenda, sobre todo en los más pobres. Recién cuando entendí eso, se produjo el quiebre y pude replantearme el resto. Ahora formo parte del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y enseño la teología desde otro lugar. Para la Teología de la Liberación, Jesús fue un revolucionario que creó un movimiento y, por ser fiel a esas convicciones, fue asesinado. No vemos las cosas tan celestiales, y eso hace que la fe se te convierta en un motor de lucha. No en una velita para rezar.

Lucha en dos orillas

Sobre su abuelo no sabía mucho. Hasta hace poco más de un año no se le había ocurrido asociar su historia con la de la dictadura franquista. Conocía las anécdotas de su papá sobre su abuelo y las travesuras que hacía en España. “Pero, por muchos años, creí que había sido víctima de un crimen común, de una pelea entre vecinos. En 2009 estaba haciendo un curso sobre el Terrorismo de Estado en el Instituto Espacios para la Memoria, donde estaba la ESMA, y cuando vimos el tema del franquismo me hizo un click. Yo sabía por lo que me contaba papá que mi abuelo, Antonio Fernández, estaba enterrado en medio de un campo, en la montaña. La fecha de su asesinato, 1936, cerraba. ¿Por qué estaba ahí si mi abuela está enterrada en el cementerio? Ni mi papá ni mi tío sabían por qué lo habían matado. Entonces me comuniqué con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), en España, a quienes voy a estar siempre muy agradecida, y les pedí ayuda. Me mandaron el acta de defunción de mi abuelo en la que decía que fue muerto ‘en la lucha contra el marxismo’.”

Tino se despabila del sopor de media tarde. “Yo recordaba exactamente dónde estaba”, cuenta. Ambos sabían que querían exhumarlo. Pero Adriana iría por más: “Justo cuando estábamos allá se hacían aquí los juicios por la ESMA, lo que me dolió mucho, por no poder estar presente. Y mientras desde Argentina dábamos el ejemplo al mundo, en España no hay conciencia, y menos con este gobierno de Mariano Rajoy. Yo quería justicia, por él y por mi padre, que pudo haber continuado su vida en su tierra, que se quedó completamente huérfano tan temprano, por mí misma, que no pude conocer a mi abuelo”.

–¿Sabía que iba a iniciarse la querella por los crímenes del franquismo desde Argentina?

–No. Pero tuve la suerte de conocer al juez federal Carlos Rozanski, que me habló de los juicios de lesa humanidad, que no prescribían, que uno podía apelar al principio de justicia universal. Si bien me estaba hablando de lo que pasó acá en Argentina, me dio pie para el paso que iba a dar. Decía también: “No nos quedemos con el cuerpo, tenemos que buscar justicia”. Porque con el cuerpo, podés llegar a la verdad. Pero la verdad es estática, la Justicia en cambio es dinámica.

–¿Eso cuándo fue?

–En diciembre de 2009. A principios del 2010, la gente del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos me avisó que se iba a iniciar esta querella y salí disparada. Se presentó la causa en base a las denuncias de Darío Rivas por su padre y de Inés García Holgado por su abuelo. La mía por mi abuelo, Antonio Fernández, se integró a principios de 2011. Y por ese tiempo me llamaron de la ARMH y me dijeron que cuándo podíamos viajar para exhumar los restos. Fue muy fuerte. Apareció todo –dice, y muestra la foto del esqueleto completo, hallado en el preciso lugar que señaló Tino, en Villanueva de Valdueza.

“Setenta y cinco años ahí, y no le faltaba ni un diente –apunta Constantino–. Las emociones fueron muy fuertes. Mi hermano tenía dos meses y nueve días, y yo un año y medio cuando él murió. Ninguno tiene un recuerdo de él y tampoco había fotos. Hay que ver cómo sale un hueso y el otro. La cabeza completa. Lo veíamos por primera vez, pero veíamos su esqueleto.”

–Los forenses dijeron que tenía una herida de arma blanca, un tiro detrás de la oreja y otro por las costillas –acota su hija–. Aparentemente lo apuñalaron, lo dejaron que se desangrara y lo remataron de un balazo. Se veía que no fue un fusilamiento así nomás, fue con saña. Lo hicieron para aleccionar a los vecinos.

Constantino agrega que un integrante de la Asociación le dijo: “Tino, se nota que este hombre fue enterrado con todo el cariño del mundo”. Porque al cuerpo le habían cruzado los brazos, le dejaron puestas las alpargatas y tenía como una almohada de tierra para que apoyara la cabeza.

“Lo que me angustia es no poder ponerle un rostro, porque no hay fotos de él. La única imagen que voy a tener es ésa, y eso es duro –comenta Adriana–. Para colmo, justo cuando estábamos allá se hacían los juicios por la ESMA y me dolió mucho no poder estar presente porque se hacía justicia por las Madres de Plaza de Mayo y por las monjas francesas con todo lo que había hecho Astiz. Además me chocó mucho todo ese contraste.

–¿Por qué?

–Porque mientras en la Argentina estábamos dando el ejemplo, en España no hubo un solo funcionario que accediera a mi pedido de asistir a la exhumación o, luego, al entierro. Sentí que no había la más mínima voluntad del Estado por hacer memoria. Y quizá tampoco haya mucha conciencia entre la gente.

Constantino recuerda que “se acercó muchísima gente mayor a ver la exhumación”. “Sí, viejitos que durante todos esos años nunca pudieron declarar, contar su verdad –agrega su hija–. Me dijeron que mi abuelo era una persona con una inteligencia enorme, con una capacidad gigante.”

–¿Sabían por qué lo habían asesinado?

–No sabían si tenía una afiliación política, si era de la UGT (Unión General de Trabajadores) o de la Casa del Pueblo. Pero todos decían que había sido por salvar a Nicasio Astorgano, el gobernador de San Esteban de Valdueza, que después murió en la cárcel. En el pueblo a mi abuelo lo conocían como “Cesterín” porque el suegro era el cestero, el que hacía los cestos con hojas de álamo para recoger las vendimias y se nota que él lo ayudaba. Era muy joven, tenía 24 años cuando murió.

–Lo recordaban a pesar de haber pasado tantos años.

–Es que era un pueblito chico –dice Constantino.

Y su hija agrega: “Decían que era una persona muy querida por todos y que el papá de él, mi bi- sabuelo, murió al poco tiempo, producto de la angustia por el asesinato de su hijo. Y su mamá, dicen que iba al portal de la Iglesia de San Esteban y cantaba ‘Cara al sol’, el himno de la Falange Española, pero con el brazo izquierdo alzado y el puño cerrado –como los socialistas y los comunistas–. Nadie se atrevía a tocarla, era una mujer brava”.

–¡Ja! La abuela Josefa –recuerda Tino.

–A mí siempre me preguntaron de dónde me venía el zurdaje –remata Adriana–. Bueno, me venía de ahí, de mi familia.

Informe: Rocío Magnani.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-185973-2012-01-22.html

Imagen: Luciana Granovsky.

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO «ESCRÍBEME A LA TIERRA: HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN TORRIJO DE LA CAÑADA (1936-2011)»

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 21/01/2012

HOLA A TODOS!!

OS INVITO A LA PRESENTACIÓN DE MI NUEVO LIBRO «ESCRÍBEME A LA TIERRA: HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN TORRIJO DE LA CAÑADA (1936-2011)», que ha sido editado por la editorial Aqua y financiado por la Agrupación de Familiares de Vecinos de Torrijo de la Cañada asesinados durante la guerra civil.

FECHA: SÁBADO, 28 DE ENERO DE 2011
HORA: 19h.
LUGAR: CASA DE CULTURA DE TORRIJO DE LA CAÑADA (ZARAGOZA)

Escríbeme a la Tierra. Homenaje a las víctimas de la represión franquista en Torrijo de la Cañada (1936-2011)

Autor: Nacho Moreno Medina

EdiciónAqua

Caract: Año 2011, 163 p, il, 17 x 24 cms

ISBN: 978-84-92903-13-9

Se muestran en este título las historias particulares de Torrijo de la Cañada (Zaragoza) que fueron víctimas de la represión franquista. Veintinueve personas fueron asesinadas durante el otoño de 1936 y enterradas en fosas comunes. Una de estas fosas, situada en Cetina, y que contenía los restos de doce torrijanos, fue exhumada en marzo de 2010. Por desgracia, en otras situaciones ha resultado completamente imposible esta labor de recuperación de los cuerpos. Quedan reflejadas las biografías de esas personas asesinadas y también nos transporta al contexto de la guerra civil donde las incautaciones de bienes, las multas, la cárcel y el miedo, hizo que la represión sobre los vecinos de Torrijo de la Cañada fuera mayor.

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CONCENTRACIÓN EN ZARAGOZA EN APOYO A GARZON

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 21/01/2012

Estimados amigos/as.

Os hago llegar nuestra intención de volver a reactivar la Plataforma de apoyo a Garzón y a su proceso a los responsables de los crímenes de la dictadura franquista.

Reunidas varias organizaciones políticas y sindicales queremos hacer extensiva esta iniciativa a todas aquellas organizaciones y particulares que deseen colaborar .

Para ello os hacemos llegar esta nota indicándoos que, salvo cambios de última hora, la concentración sería el viernes 3 de febrero a las 19:30 h. en la Pza. de España de Zaragoza.

Nos encantaría que divulgáseis entre vuestros contactos esta nota y os invitamos a que aportéis todas las ideas y sugerencias que puedan ayudar a el éxito de esta movilización.Sean artísticas, documentales o del tipo de colaboración que para una mayor brillantez del acto se os puedan ocurrir.

Somos muchos los ciudadanos/as que estamos hartos de que nos tomen el pelo con una acción tan antidemocrática como reprobable y que nos lo vendan como una clara muestra de que nadie está por encima de la ley.

Todos/as sabemos que este linchamiento político y corporativo se debe a que ni la derecha(ni mucha de la izquierda pactísta y amnésica)tolerarán que se atreva nadie a pedir Verdad , Justicia y Reparación para las víctimas del franquismo , asunto este que ellos consideran zanjado en las negociaciones de la «transición», ni que les investiguen las cuentas ni los medios con los que se financian.

Saludos ,os iremos informando a través de estos medios y los de comunicación de los progresos para una concentración mayoritaria y exitosa.

Enrique Gómez

ASOCIACIÓN POR LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE ARAGÓN

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