Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 18/07/2018
LA MEMORIA QUE YACE EN LAS CUNETAS
LA ARMH SOLICITA AL GOBIERNO QUE APROVECHE EL 18 DE JULIO PARA DISCULPARSE PÚBLICAMENTE CON LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO.
MIRIAM BADIOLA | PONFERRADA – 16/07/2018
El 18 de julio de 1936 se iniciaron casi tres años de Guerra Civil en España, que dieron paso a 40 años de dictadura franquista. Una fecha de la que el próximo miércoles se cumplen 82 años con casi 100.000 cadáveres que aún yacen en cunetas. Cadáveres con nombres y apellidos cuyas familias buscan incesantemente pese al paso del tiempo.
«Detención ilegal, torturas, asesinato y ocultación del cadáver para multiplicar el dolor de las familias», cuatro delitos «gravísimos» encerrados en uno solo: «la desaparición forzada». Con estas palabras, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, pide que se aproveche la celebración de esta efeméride, el próximo miércoles, para «reflexionar sobre cosas que nunca debieron haber ocurrido pero que ocurrieron». Pero también pide algo aún más importante.
El pasado jueves, la ARMH remitió una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para pedirle que realice un «acto público y notorio» en el que pida una disculpa pública, en representación de todo el Estado, «por haber desatendido a las víctimas del franquismo». En concreto, lo que quiere la Asociación es que el Gobierno tome ejemplo de otros países como Alemania, Argentina o Chile porque «no puede ser que eso haya ocurrido y que el Gobierno haya mirado para otro lado» cuando son personas que «han sufrido hechos muy violentos y que un día decidieron luchar para que hubiera unas urnas donde entraran papeletas y llegara la democracia en este país». Una democracia que en el momento que se instauró «se olvidó del pasado», ya que «ningún presidente del Gobierno ha reconocido públicamente el sacrificio de toda esa gente que luchó por la libertad».
Sin embargo, por encima de todo ello, lo que Emilio Silva reivindica es «que se atienda a los familiares» de los cadáveres que aún se encuentran en las cunetas, porque «en este país han muerto miles y miles de personas esperando a que el Estado las ayudara y viendo cómo parece que hay unas víctimas que tienen todos los derechos, como ocurre con las víctimas del terrorismo, y otras que no».
El presidente de la ARMH no llega a mostrarse satisfecho con el anuncio realizado esta semana por la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que aseguró que el Gobierno asumirá la búsqueda de desaparecidos que aún yacen en fosas y cunetas y elaborará un censo oficial de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura.
«El Estado es responsable»
«Es una vergüenza que nosotros llevemos 17 años ayudando a gente que busca donde puede una posibilidad de encontrar ayuda, cuando eso lo debería hacer el Estado, por eso llevamos desde el 2010, año en el que existimos como Asociación, pidiéndoselo al Gobierno», asegura Silva, ya que «existen informes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que indican que esa es la responsabilidad del Estado, porque en casi todos los países del mundo donde ha habido desapariciones forzadas, como el caso de la española, son los estados quienes buscan a las personas desaparecidas».
Para el presidente de la Asociación, este anuncio «solo se podrá celebrar cuando sea un hecho, esté en los documentos en los que tenga que estar escrito y se esté llevando a cabo», mientas que por el momento «es solo una intención, un discurso».
Trabajos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ARMH, en una de las fosas abiertas en la zona del Bierzo en el año 2008. CÉSAR SÁNCHEZ –
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 14/07/2018
LA DIPUTACIÓN DE ZARAGOZA CONVOCA SUS AYUDAS PARA LAS ASOCIACIONES POR LA MEMORIA HISTÓRICA, DOTADAS CON 150.000 EUROS
ESTAS SUBVENCIONES FINANCIAN TANTO EXHUMACIONES E IDENTIFICACIONES COMO, ACTOS DE REPARACIÓN A LAS VÍCTIMAS, EXPOSICIONES Y PUBLICACIONES. TAMBIÉN PUEDEN PEDIRLAS LAS ENTIDADES QUE BUSCAN LA VERDAD SOBRE LOS BEBÉS ROBADOS.
La Diputación de Zaragoza (DPZ) ha convocado un nuevo plan de ayudas para las asociaciones de la zona que trabajan por la recuperación de la memoria histórica.
La tercera edición de este programa de subvenciones vuelve a estar dotada con 150.000 euros y financiará tanto los distintos trabajos necesarios para realizar exhumaciones e identificaciones, como las iniciativas que se impulsen para la reparación moral de las víctimas o para la difusión de la memoria histórica: actos, encuentros, exposiciones, publicaciones, etcétera. Además, también pueden pedir una subvención las asociaciones dedicadas a buscar la verdad sobre los bebés robados.
La creación de un plan específico para apoyar la recuperación de la memoria histórica fue una propuesta del grupo En Común. Con esta iniciativa, el actual equipo de gobierno de la Diputación de Zaragoza cumple el mandato establecido en la Ley 52/2007, que obliga a las administraciones públicas a facilitar a los y las descendientes directas de las víctimas las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas violentamente durante la Guerra Civil y la represión política posterior.
Partiendo de esa premisa, y teniendo en cuenta que en la zona de Zaragoza hubo miles de casos de personas desaparecidas, la DPZ “apoya a sus familiares y a las asociaciones que desde hace años trabajan en la búsqueda de sus restos y en la recuperación de la memoria histórica”.
Con ese fin, la mencionada institución convoca la tercera edición de un plan de ayudas específico que pretende fomentar los valores democráticos facilitando el conocimiento de los hechos acaecidos durante la Guerra Civil y la dictadura en la zona de Zaragoza; contribuir a que se cumpla el derecho de las familias de las víctimas a recuperar sus restos y a la debida reparación moral; favorecer el esfuerzo de las entidades en la búsqueda de las personas desaparecidas; y hacer posible la publicación de trabajos sobre la memoria histórica relacionados con los periodos de la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura.
Las bases de la convocatoria ya se han publicado en el Boletín Oficial de Zaragoza y ahora las asociaciones interesadas en obtener una subvención tienen 20 días hábiles para solicitarla. Cada asociación deberá presentar un proyecto en el que se desarrollen alguno o varios de los tipos de actuaciones subvencionables.
El personal técnico de la DPZ valorará los proyectos y los puntuará en función de la inversión necesaria para llevarlos a cabo. El presupuesto total consignado para este plan se distribuirá entre todas las entidades solicitantes de forma proporcional al número de puntos que hayan obtenido, aunque se ha establecido que el importe máximo que puede recibir una asociación será de 20.800 euros –16.000 para exhumaciones y 4.800 para encuentros, exposiciones, publicaciones, etcétera–.
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 13/07/2018
INICIATIVA DEL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
LAS ASOCIACIONES MEMORIALISTAS APLAUDEN LA REFORMA DE LA LEY
LA DGA CREE QUE PUEDE FAVORECER LA NORMATIVA QUE ELLA ESTÁ ELABORANDO . VEN CON BUENOS OJOS LA ANULACIÓN DE LOS JUICIOS DEL FRANQUISMO
F. V. SCLB – 13/07/2018
Las asociaciones aragonesas que llevan años recuperando e identificando los restos de represaliados de la guerra civil han saludado con «ilusión» la iniciativa del Gobierno de Pedro Sánchez de reformar de manera íntegra la actual Ley de Memoria Histórica y, en especial, su voluntad de declarar nulos los fallos de los tribunales franquistas. Sin embargo, todas ellas, desde Arico hasta Pozos de Caudé, pasando por Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), temen que la propuesta socialista se frustre por la falta de apoyos parlamentarios o no dé tiempo a aplicarla.
El Gobierno de Aragón, que se halla inmerso en la elaboración de otra ley de memoria histórica de ámbito autonómico, considera que con este anuncio el Ejecutivo central favorece su trabajo legislativo. «Si la reforma da apoyo estatal a la exhumación e identificación de cadáveres, reforzará nuestro texto legal», subrayó un portavoz del Pignatelli.
«Es una iniciativa ilusionante», subrayó ayer Enrique Gómez, miembro de ARMHA. «Ahora solo hay que esperar que salga adelante en las Cortes y que haya tiempo suficiente para ponerla en práctica», añadió.
Para Gómez, el punto fundamental de la reforma planteada por la nueva ministra de Justicia, Dolores Delgado, es la creación de una comisión de la verdad. «Es una forma de empezar la casa por los cimientos, estableciendo primero qué pasó y siguiendo con la condena del régimen franquista», subrayó el integrante de ARMHA.
Miguel Ángel Capapé, de la Asociación para la Recuperación e Investigación contra el Olvido (Arico), señaló que su entidad «hace tiempo que reclama que se impulse la Ley de Memoria Histórica», promulgada en el 2007, siendo Zapatero presidente del Gobierno. Desde su punto de vista, ha llegado la hora de que el Estado se haga cargo de las exhumaciones de fusilados, una tarea que en la actualidad, tras el Gobierno del PP, recae enteramente sobre las asociaciones memorialistas.
COMPLEJA REVISIÓN / Por su parte, Francisco Sánchez Gómez, de la asociación Pozos de Caudé, califica la iniciativa del Ejecutivo de Sánchez de «interesante y oportuna». Sin embargo, considera que, aun saliendo adelante en el Parlamento, la reforma puede tener problemas. «La revisión de todas las condenas deberá hacerse una a una, y eso es un trabajo complejo que requerirá la creación de una estructura específica, de expertos, dedicada a ello», apunta. Asimismo, subraya que, «sin financiación», la iniciativa, que es «un paso adelante», se estancará.
En las tres entidades memorialistas consultadas se da un cierto temor a que la iniciativa gubernamental sea un mero gesto o quede solo en eso. «Esto es más importante que la exhumación de los restos de Franco», recalca Enrique Gómez, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. «La extracción de los restos del dictador, estoy de acuerdo, tienen un gran valor simbólico, pero las medidas que ahora quiere poner en marcha el Gobierno afectan a miles de familias», dice.
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 13/07/2018
HALLADOS LOS PRIMEROS RESTOS DE REPRESALIADOS EN LA MAYOR FOSA COMÚN DE GALICIA
LAS EXHUMACIONES DE LA ASOCIACIÓN POR LA RECUPERACIÓN DE LOS DESAPARECIDOS EN EL FRANQUISMO HAN SIDO FINANCIADAS CON DONACIONES Y TRAS SIETE AÑOS DE INVESTIGACIÓN
Solo un día después de que el Gobierno del socialista Pedro Sánchez haya anunciado que asumirá los trabajos para recuperar los cadáveres de los asesinados por el fascismo, voluntarios de la Asociación por la Recuperación de los Desaparecidos en el Franquismo (ARDF) han hallado en la mayor fosa común de Galicia los primeros restos de represaliados de la Guerra Civil. Los huesos desenterrados en el municipio coruñés de Aranga este jueves, con signos evidentes de ejecución, son el fruto de siete años de investigación y el ejemplo de las dificultades que han padecido los colectivos de recuperación de la memoria histórica durante los gobiernos del PP.
«Ya era hora», responde el presidente de la ARDF, Santiago Carcas, sobre el anuncio del Gobierno, que a él y a sus compañeros ha pillado en plena faena en Aranga. Los restos óseos han sido encontrados en el cementerio de Vilarraso después de diez días de excavación y durante una campaña que ha sido financiada a través de donaciones, ante la falta de ayudas públicas. Los voluntarios han hallado evidencias de que se trata de entre seis y diez personas asesinadas, relata Carcas. «Tienen múltiples fracturas por impacto de proyectil, incluso alguno con dos disparos», ha explicado en conversación teléfonica.
Las investigaciones realizadas por esta organización apuntan a que en esta fosa de Aranga podrían haber sido enterrados 37 represaliados por los franquistas entre 1936 y 1938. Los planes de la ARDF incluyen emprender este verano trabajos de exhumación en otras dos fosas comunes situadas en Aranga y una tercera en Foz (Lugo). Esperan hallar los cadáveres, entre otros, de una maestra republicana, un alcalde socialista y tres maquis, solo una pequeña parte de las 800 víctimas mortales de la Guerra Civil que según los expertos siguen desaparecidas en Galicia.
«Llevamos muchos años intentando recabar ayudas pero ha sido imposible. Al menos ahora tendremos cierta seguridad de que podremos excavar, hacer un estudio antropológico y pruebas de ADN. Y, sobre todo, lo más importante: localizar familiares, eso es lo fundamental», señala Carcas. Durante estos años, la asociación ha localizado a varios parientes de los represaliados que se cree están enterrados en Aranga y que esperan con el corazón encogido los resultados de las exhumaciones.
LA MINISTRA DE JUSTICIA, DOLORES DELGADO, ANUNCIÓ ESTE MIÉRCOLES QUE EL GOBIERNO ASUMIRÁ LA BÚSQUEDA DE DESAPARECIDOS DEL FRANQUISMO QUE AÚN YACEN EN FOSAS Y CUNETAS —AHORA ESE PROCESO ESTABA EN MANOS DE FAMILIARES Y VOLUNTARIOS— Y ELABORARÁ UN CENSO OFICIAL DE VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL Y LA DICTADURA. EL EJECUTIVO PRETENDE REFORMAR LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA PARA ANULAR LAS SENTENCIAS DE TRIBUNALES FRANQUISTAS Y CREAR UNA COMISIÓN DE LA VERDAD . ESTUDIA, ADEMÁS, LA ILEGALIZACIÓN DE ASOCIACIONES QUE HACEN “APOLOGÍA DE FRANQUISMO”, COMO LA FUNDACIÓN FRANCO.
«No puede ser que personas con más de 90 años se desesperen intentando recuperar los restos de sus padres ante la negativa de un juez o la arbitrariedad de un Ayuntamiento”, declaró la ministra de Justicia, Dolores Delgado, este miércoles en el Congreso. “Es inaceptable que España siga siendo el segundo país en número de desaparecidos después de Camboya”. Quedan por abrir más de 1.200 fosas comunes, según el mapa disponible en el Ministerio.
Durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, con la ley de memoria histórica, el Ejecutivo dio subvenciones a las asociaciones de víctimas del franquismo para que fueran ellos, los familiares, quienes se encargaran de buscar y abrir las fosas reclutando a profesionales. El Gobierno de Mariano Rajoy redujo a cero esas partidas presupuestarias y las fosas se abrieron entonces con donaciones de sindicatos noruegos de electricistas, la dotación de premios desde EE UU, o exhortos enviados desde la justicia argentina, a 10.000 kilómetros de la escena del crimen.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez asumirá ahora de principio a fin esa tarea: desde la recién creada dirección general de memoria histórica, dependiente del Ministerio de Justicia, elaborará un plan nacional de búsqueda de desaparecidos y contará para ello con un grupo de expertos arqueólogos, abogados, forenses y representantes de las asociaciones de víctimas. Los resultados se publicarán en el BOE anualmente o en los boletines oficiales de las comunidades donde se haya hecho la exhumación, y se elaborará un censo oficial de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. El primero. Hasta la fecha, solo los datos reunidos por el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón en su intento de investigar los crímenes del franquismo abarcaban todo el territorio nacional.
Delgado recordó durante su comparecencia el “demoledor” informe del relator de Naciones Unidas Pablo de Greiff, que en 2014 visitó España y denunció el abandono total de las victimas del franquismo por parte del Estado.
“Me parece una magnífica noticia”, declara a EL PAÍS De Greiff, que dejó hace un mes el cargo de relator de la ONU. “La privatización de las exhumaciones era una política condenada a pésimos resultados. Son procesos difíciles: Argentina y Chile han logrado maravillas, pero 30 años más tarde de lo que pensaban. Esto debe ser una política de Estado, tiene beneficios para todos”, añade.
La ministra insistió en que “hablar de memoria es hablar de justicia” y declaró que el Gobierno quiere realizar una “reforma integral” de la ley de memoria histórica para cubrir las carencias denunciadas estos diez años por las asociaciones de familiares de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Así, el Ejecutivo pretende declarar nulas las sentencias franquistas —en 2007 se declararon ilegítimos los tribunales, pero no se anularon sus resoluciones—; crear una comisión de la verdad e imponer sanciones económicas a quienes no retiren la simbología de exaltación franquista.
Desde la oposición, el PSOE presentó en varias ocasiones estas propuestas, y fueron rechazadas. La última vez, por “motivos presupuestarios”.
Fundación Franco
Asimismo, como avanzó este diario, el Ejecutivo estudia cómo ilegalizar a “asociaciones u organizaciones que hagan apología del franquismo”. La Fundación Nacional Francisco Franco, que pone flores frescas cada día en la tumba del dictador, custodia archivos y recoge en su web múltiples artículos de elogio a Franco y menosprecio de la durísima represión que llevó a cabo, lo que el hispanista Paul Preston llama “el holocausto español”. Entre las posibilidades a estudio por parte del Ejecutivo está llevar al código penal el delito de “apología del franquismo” y modificar la ley de asociaciones y fundaciones. La de Franco ya no recibe subvenciones hace años, pero sus socios disfrutan de beneficios fiscales.
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 11/07/2018
EL GOBIERNO ESTUDIA ILEGALIZAR LA FUNDACIÓN FRANCISCO FRANCO Y DECLARAR NULAS LAS CONDENAS DE TRIBUNALES FRANQUISTAS
LA MINISTRA DE JUSTICIA, DOLORES DELGADO, HA ANUNCIADO EN EL CONGRESO QUE VAN A ANALIZAR CÓMO ILEGALIZAR LAS ASOCIACIONES QUE HAGAN APOLOGÍA DEL FRANQUISMO
TAMBIÉN HA AFIRMADO QUE ES NECESARIO ACTUALIZAR LA LEY DE 2007 PARA «DECLARAR LA NULIDAD DE LOS TRIBUNALES DE EXCEPCIÓN FRANQUISTAS Y SUS FALLOS Y SENTENCIAS»
OTRA DE LAS PRIORIDADES EN MEMORIA HISTÓRICA SERÁ QUE EL ESTADO SE HAGA CARGO DE LAS EXHUMACIONES Y LA RESIGNIFICACIÓN DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Delgado ha hecho este anuncio en su comparecencia ante la comisión de Justicia del Congreso para presentar sus líneas de actuación, en la que ha dedicado un apartado al tema de la memoria histórica porque «es inaceptable», ha dicho, que «España siga siendo el segundo país del mundo en número de desaparecidos después de Camboya».
La ministra ha afirmado que es necesario actualizar la ley de 2007 para «declarar la nulidad de los tribunales de excepción franquistas y sus fallos y sentencias, impulsar desde lo público las exhumaciones, crear una Comisión de la Verdad y resignificar el Valle de los Caídos en los términos recomendados por la comisión de expertos que estudió el asunto en 2011″.
Esta comisión impulsada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero recomendó que los restos del general Francisco Franco, enterrados en este lugar, sean trasladados al sitio que designe la familia o, en su caso, al que se considere digno y más adecuado.
Dentro de esta reforma de la Ley de Memoria Histórica es también intención del Gobierno, ha explicado, «retirar la simbología de exaltación de la Guerra Civil y la dictadura, con un procedimiento tasado con sanciones económicas para el caso de incumplimiento».
Por último, ha anunciado que el Ejecutivo reabrirá la Oficina de Apoyo a las Víctimas del Franquismo cerrada por el gobierno de Mariano Rajoy. «No puede ser que personas con más de noventa años se desesperen intentando recuperar los restos de sus padres, de sus familiares, ante la negativa de un juez o la arbitrariedad de un ayuntamiento», ha asegurado Delgado.
Para la ministra es inconcebible también que «haya miles de víctimas hoy en España aquejadas de indefensión judicial» y que tengan que acudir a otro país para que se les escuche. Ha recordado que el Gobierno ha establecido una nueva Dirección General para la Memoria Histórica que establecerá planes de búsqueda de desaparecidos y publicará un censo oficial de víctimas de la Guerra Civil, entre otras cosas.
Treinta millas al noroeste de Madrid se encuentra una de las fosas comunes más grandes de Europa. Dentro de una gran basílica subterránea estallada en una montaña, los restos de más de 34,000 personas que «cayeron por Dios y España» descansan en honor junto al hombre responsable en gran parte de ponerlos allí: el general Francisco Franco, gobernante autoritario de España de 36 años. En una visita reciente por la tarde, tanto turistas internacionales como algunos españoles se maravillaron ante el inmenso tamaño de la estructura cavernosa, que reveló signos de abandono a través de paredes descoloridas y un techo con goteras. Flores y rosas frescas adornan la tumba de Franco, una losa gris del hormigón en el suelo rodeada de mármol negro: un homenaje a uno de los 20 º dictadores más notorios del siglo.
Más de cuatro décadas después de su muerte, el líder infame de España sigue generando un acalorado debate y sentimientos encontrados, producto de una delicada transición democrática que vio a los líderes políticos posfranquistas de izquierda y derecha forjar «un pacto de olvido» para borrar la pizarra en lugar de llevar a cabo juicios para llevar a los violadores de los derechos humanos a la justicia. Sin embargo, en un país que ha cambiado el nombre de las calles y eliminado las estatuas quellevan el nombre y la semejanza de Franco, el Valle de los Caídos tiene financiación pública, por valor de más de 12 millones de euros.desde 2012, y en gran medida intacta, siendo el recordatorio más potente de su gobierno. Ahora, el nuevo primer ministro español, Pedro Sánchez, instalado el 2 de junio, dice que la exhumación de Franco a un cementerio menos controvertido es inminente. «Creo que una democracia madura y europea como la nuestra no puede tener símbolos que dividan a los españoles», dijo Sánchez al periódico español El País.
El Valle de los Caídos conmemora la sangrienta Guerra Civil española, que mató a unas 500,000 personas entre 1936 y 1939. El general Franco llevó a los nacionalistas a la victoria sobre los republicanos, y luego tomó su lugar como jefe de gobierno por el resto de su vida hasta su muerte en 1975. Diseñado, como dijo Franco, para evocar «grandeza de los monumentos de antaño, que desafían el tiempo y el olvido», la basílica de la montaña del Valle de los Caídos está coronada por una cruz de piedra de casi 500 pies de altura, un símbolo apropiado de Franco » Catolicismo nacional, «un principio clave de su ideología conservadora. Muchos de los derrotados, provenientes del sistema de campo de concentración y trabajo forzado de Franco, construyeron el sitio en los años 40 y 50.. Las estimaciones de cuántos trabajadores murieron durante su construcción varían ampliamente, de solo catorce a miles de personas.
En los meses previos a la inauguración del sitio en abril de 1959, los muertos nacionales y republicanos fueron transportados desde España a través de la oferta de Franco de crear ostensiblemente un espacio de «expiación nacional» que conmemorara los muertos de ambos lados de la guerra civil. Se cree que cientos de republicanos están enterrados allí, y siete familias actualmente están llevando a cabo una campaña para llevar a sus parientes a casa. Está empezando a lograr resultados: los restos de cuatro personas fueron exhumados en abril después de años de obstáculos legales.
Cientos de miles de personas cada año visitan el sitio de propiedad estatal, administrado como una abadía por monjes benedictinos. Sus partidarios dicen que se debe dejar solo como un monumento a un conflicto violento. Los críticos, sin embargo, lo comparan con la idea de un monumento cerca de Berlín que glorifica a Adolf Hitler y la Alemania nazi.
La administración Sánchez entró en la controversia que rodeaba el monumento el mes pasado después de años de indiferencia del anterior gobierno conservador, que fue forzado a salir después de haber estado implicado en un escándalo de corrupción esta primavera.. La administración conservadora había ignorado las recomendaciones de 2011 de una comisión del Valle de los Caídos creada por el último primer ministro de izquierda, José Luis Rodríguez Zapatero, que había pedido la eliminación de los restos de Franco. También habían revertido una ley de memoria histórica aprobada en 2007 con el objetivo de exhumar y volver a enterrar en lugares más apropiados a 100.000 víctimas de la represión de la era de la guerra civil que actualmente se encuentran en fosas comunes en todo el campo español. Disentir públicamente de las acciones del gobierno en ese momento, incluso aprobar una propuesta no vinculante en el parlamento el año pasado que decía que el Valle de los Caídos necesitaba ser rehecho en un espacio «donde las víctimas de la guerra civil y la dictadura fueran reconocidas y tratadas con dignidad» -Los socialistas ahora están en condiciones de hacer algo al respecto.
La pregunta es si es posible incluso convertir el símbolo franquista en algo diferente de lo que es: transformar un símbolo fascista en un sitio para el reconocimiento nacional y el acercamiento.
Francisco Ferrándiz, un antropólogo social del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas que sirvió en la comisión, cree que es imposible desmantelar su simbolismo fascista. «Es el emblema principal del franquismo y su expresión más poderosa», dijo. En cambio, debería ser «una atracción» que explica los peligros del «totalitarismo».
Otros han ido más allá. Un prominente historiador español dijo que el Valle de los Caídos «solo será un lugar hermoso cuando esté en ruinas». Pero pocos españoles abogan por eso, y están divididos sobre la exhumación de Franco. Alrededor del 46 por ciento lo apoya, mientras que casi el 35 por ciento se opone, según una encuesta reciente .
«[La exhumación de Franco] es una reparación mínima, pero no cercana a la justicia», dice Silvia Navarro, presidenta de la Asociación de Familias Republicanas a favor de la Exhumación, un grupo que ha abogado por la transferencia de restos republicanos a sus familias.
El tío abuelo de Navarro, José Antonio Marco Viedma, tenía 33 años cuando fue ejecutado junto con otros quince por el ejército de Franco en el pequeño pueblo de Calatayud en septiembre de 1936. Luego su cuerpo fue arrojado a una fosa común en el cementerio local, o por lo menos su familia pensó. Navarro y su familia aprendieron hace una década que José Antonio había sido desenterrado y transferido al Valle de los Caídos una semana después de que se descubriera. Ella ha hecho campaña para traer sus restos a Calatayud desde entonces.
El monumento, ella cree, está demasiado conectado con el legado de Franco como para servir como un lugar donde los españoles puedan llegar a un acuerdo con el pasado de su país. «¿Cómo puedes hacer las paces con alguien que nunca ha ofrecido una disculpa?», Dijo Navarro. Mientras ella dice que «no sería justo» para las familias de los muertos dejar el monumento para derrumbarse, Navarro no está seguro de que el gobierno español sea capaz de transformar el significado original del monumento.
Eduardo Sánchez, un profesor de antropología retirado de la Universidad de León que presenció el gran entierro de Franco por «una curiosidad ardiente» en 1975, cree que se puede hacer. «Tiene una solución muy fácil», dice. «Sacas a Franco y lo conviertes en un monumento civil que rinde homenaje a los muertos de ambos lados». También apoya la inminente transferencia de José Antonio Primo de Rivera, el líder del partido de extrema derecha Falange que respaldó a Franco y también está enterrado en un lugar de honor allí después de ser ejecutado por los republicanos, a una tumba común dentro del sitio para despojar aún más su simbolismo.
En una democracia en proceso de madurez que ahora sobrevive al gobierno de Franco, la capacidad de España para contar con el pasado ha sido influida en gran medida por quién controla las palancas del poder en Madrid, y qué ventajas políticas pueden extraer de él. La izquierda política española, sin embargo, ha estado más dispuesta a enfrentar el legado del pasado fascista del país, dependiendo de la política del momento. «La comisión se utilizó para reforzar su apoyo electoral», dijo Ferrándiz, refiriéndose al gobierno de Zapatero.
«La memoria histórica se ha convertido en una herramienta política», dice el Dr. Queralt Solé, profesor de historia moderna en la Universidad de Barcelona que ha estudiado el monumento de la época franquista. Los socialistas, dice ella, están aprovechando la ventaja para aislar a los rivales políticos como el Partido Popular de derecha y sus competidores más nuevos contra el establishment como Ciudadanos. Como líder joven y no probado, Sánchez necesita reforzar sus credenciales de liderazgo antes de las próximas elecciones generales en dos años, una tarea difícil dado que los socialistas controlan solo una cuarta parte del Parlamento.
Lo que sigue siendo cierto es que la narrativa de España sobre su guerra civil será impugnada por muchos años más. La falta de una extrema derecha española como la que llegó al poder en Italia y Hungría, e hizo incursiones en Alemania, tal vez alivió la presión para sanar las heridas de la devastadora guerra. Sin embargo, la cuestión de cómo conmemorar adecuadamente un conflicto que causó tanto dolor y sufrimiento también se hace eco en los Estados Unidos. Estados Unidos ha luchado durante mucho tiempo con los fantasmas de su propia guerra civil, y ha visto a los nacionalistas blancos defender monumentos conmemorativos y estatuas en honor a la vencida Confederación, a consecuencias peligrosas. El historiador Eric Foner escribió que los monumentos históricos son «una expresión de poder, una indicación de quién tiene el poder de elegir cómo se recuerda la historia en lugares públicos». Si ese poder se comparte entre los españoles será clave para determinar el éxito de su propio experimento democrático, y la extensión a lo que España puede comenzar a contar con su sangriento pasado.
Joseph Zeballos-Roig es un periodista radicado en Madrid. @ josephzeballos
El tío de Navarro, José Antonio, fue exhumado y vuelto a enterrar en el Valle de los Caídos sin el consentimiento de su familia. (Foto cortesía de Silvia Navarro.)
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 11/07/2018
APARECEN EN LAS FOSAS DE PATERNA DOS VECINOS MÁS DE SAGUNT Y CANET
SE TRATA DE DOS TRABAJADORES FUSILADOS POR LA DICTADURA FRANQUISTA EL 9 DE DICIEMBRE DE 1939
J. R. M. SAGUNT 10.07.2018
La fosas del cementerio de Paterna continúan sacando a la luz nombres de vecinos de El Camp de Morvedre que fueron fusilados por la dictadura franquista. Los últimos en ser localizados son Adolfo Pinto Navarro, un ferroviario de 46 años residente en Sagunt, y Mariano Brines Antoni, un mecánico de 49 años vecino de Canet d’En Berenguer. Ambos fueron ejecutados el 9 de diciembre de 1939, junto a otras decenas de personas cuyos cuerpos se encuentran enterrados en la fosa común 22.
Ahora, el ayuntamiento de esta localidad de l’Horta ha hecho público el listado de todas las víctimas fusiladas ese día y el 3 de noviembre, en total un centenar de personas en esos dos días. El motivo es divulgar esta información para que los familiares que estén interesados en recuperar sus cuerpos puedan personarse en el procedimiento abierto y acogerse a los derechos que le reconoce la Ley de la Memoria Histórica a los descendientes de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.
Estos trámites se inician después de que el Ayuntamiento de Tavernes haya solicitado autorización para excavar parte del cuadrante de la fosa 112 donde según las investigaciones llevadas a cabo se encuentran enterrados una serie de vecinos de esta localidad.
Hace unas semanas ya fueron localizados otros nueve ciudadanos de El Camp de Morvedre en las fosas 94 y 128, donde fueron enterrados tras su ejecución unas 273 personas.
Se estima que en Paterna fueron enterradas por la dictadura más de 2.200 personas pertenecientes a organizaciones obreras, anarquistas, comunistas y socialistas, procedentes de hasta diez provincias diferentes españolas. Entre ellas hay contabilizadas al menos al menos ?? vecinos de Sagunt, ?? del Port y ? de Canet, todos ellos distribuidos por diferentes fosas comunes. Entre los fusilados de la comarca se encuentra la joven anarquista porteña María Pérez Lacruz, la Jabalina.
INCLUSO EN MEDIO DEL CAOS DE LAS PRIMERAS HORAS DE LA SUBLEVACIÓN, LA CAPTURA DE MANUEL ERA UNA PRIORIDAD. EN SU PEQUEÑO PUEBLO DE VILLARROYA DE LA SIERRA, MANUEL ERA QUERIDO POR SU TRABAJO COMO VETERINARIO DE LA CIUDAD, PERO TAMBIÉN FUE EL FUNDADOR DEL CAPÍTULO LOCAL DE UN SINDICATO ANARQUISTA. ERA EVIDENCIA SUFICIENTE PARA QUE UN SACERDOTE, EL PADRE BIENVENIDO MORENO, CONDENARA A MANUEL COMO «LA CAUSA DE TODO EL MAL QUE HA LLEGADO AL PUEBLO».
Lo encontraron en las afueras de la ciudad, donde había ido a ayudar a un amigo con la cosecha de verano. Su ubicación fue traicionada por su bicicleta, que los soldados vieron cerca del costado de la carretera. Arrebataron a Manuel de los campos y condujeron a la ciudad con su nuevo prisionero en exhibición en la cama de un camión.
El mayor de los cuatro hijos de Manuel, Carlos, que apenas era un adolescente, lo persiguió, siguió el camión a lo largo de las sinuosas calles de Villarroya de la Sierra, más allá de la plaza central y la iglesia de ladrillo rojo. «Deja de seguirnos», le dijo uno de los soldados al niño, «o te llevaremos a ti también». Carlos nunca volvió a ver a su padre.
Manuel fue transportado a la cercana ciudad de Calatayud, donde fue retenido en una prisión improvisada en los terrenos de una iglesia. Unos días después, fue llevado a un barranco en las afueras de la ciudad llamado La Bartolina, «la mazmorra», y ejecutado por un pelotón de fusilamiento. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común sin nombre.
Purificación «Puri» Lapeña nunca conoció a su abuelo, pero mientras crecía había escuchado historias sobre él. Su padre, Manuel Jr., le dijo a Puri que su abuelo era ingenioso y concienzudo, un padre cariñoso y un amigo confiable. Le contó sobre el momento en que uno de los clientes de Manuel, incapaz de pagar sus servicios, le dio a Manuel una hermosa parcela en una ladera como compensación. Manuel podría haber vendido la tierra, pero en su lugar plantó una arboleda y llevó bancos a la cima de la colina, para que la gente del pueblo pudiera sentarse y disfrutar de la vista. Manuel Jr. también le contó a Puri sobre la desaparición de su abuelo, y quién creía que era el responsable. Cuando apareció el general Francisco Franco en la televisión, Manuel Jr. guardaba silencio, luego señalaba y decía en voz baja: «Ese es el hombre que asesinó a mi padre».
Cuando Puri tenía 16 años, su padre tomó prestado un automóvil y la llevó a La Bartolina, donde permanecieron quietos bajo el sol, mirando hacia el barranco. Quería que Puri viera el lugar por sí misma. Incluso de niña, Puri sabía que estas historias debían mantenerse en privado, nunca compartidas con nadie fuera de la familia.
Cuando comenzó la Guerra Civil Española, en 1936, el fascismo estaba en marcha en toda Europa, como una nueva raza de líder fuerte emergió de los horrores y los estragos económicos de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión. La guerra en España jugó como un ensayo general para el cataclismo mundial que estaba por venir: la primera batalla crucial en la lucha entre el ascendente autoritarismo de derecha y la asediada democracia liberal. Cada lado fue ayudado por aliados ideológicos de todo el continente y más allá. Cuando, por ejemplo, el bastión republicano de Guernica fue bombardeado hasta la ruina en 1937 (el tema de la famosa pintura antibélica de Picasso), el asalto se llevó a cabo a pedido de Franco por aviones de guerra que Hitler y Mussolini habían despachado. Miles de voluntarios también viajaron a España para luchar del lado de la democracia, incluidos cerca de 3.000 estadounidenses.
El conflicto destrozó a España. Los vecinos se enojaron mutuamente, los hermanos mataron a los hermanos y miles de maestros y artistas y sacerdotes fueron asesinados por sus simpatías políticas. Las heridas dejadas por el conflicto nunca se curaron por completo. A día de hoy, la política española tiende a escindirse en la línea establecida durante la guerra civil: la derecha conservadora, religiosa, herederos y defensores de Franco, contra la izquierda liberal, secular, descendiente de los derrotados republicanos.
En 1939, después de que los nacionalistas de Franco conquistaron a los últimos republicanos, aproximadamente 500,000 personas murieron. Más de 100.000 desaparecidos desaparecieron, víctimas «perdidas» que, como Manuel Lapeña, habían sido amontonadas en fosas comunes. Ambas partes habían cometido atrocidades; no había monopolio en el sufrimiento. Pero en las cuatro décadas de gobierno de Franco, se aseguró de que la guerra se recordara en términos simples: los peligrosos anarquistas republicanos habían sido pura maldad, los enemigos del pueblo. Cualquiera que haya dicho de otra manera se arriesga a ser encarcelado y torturado. Para familias como Puri, el silencio era una estrategia de supervivencia.
La ciudad natal norteña de Manuel Lapeña, Villarroya de la Sierra, se encontraba en una falla política que separaba al oeste, en gran parte nacionalista, del este republicano. (Matías Costa)
Cuando Franco murió, en 1975, el país se enfrentó a una elección. En países como Alemania e Italia, la derrota en la Segunda Guerra Mundial forzó una medida de ajuste sobre los crímenes cometidos por los regímenes fascistas. España, que permaneció neutral durante la guerra a pesar de la cooperación secreta con las potencias del Eje, eligió un camino diferente, cimentando su legado de silencio a través de un acuerdo político conocido como el Pacto de Olvidar. En nombre de garantizar una transición sin problemas a la democracia, los partidos derechistas e izquierdistas del país acordaron renunciar a las investigaciones o procesamientos relacionados con la guerra civil o la dictadura. El objetivo era dejar el pasado enterrado, para que España pudiera seguir adelante.
Puri intentó hacer lo mismo. Ella tuvo una infancia feliz, tan normal como los tiempos permitidos. El dinero escaseaba, pero sus padres -su padre era cartero y contable, su madre, sastre y vendedora- trabajaron arduamente para mantener a Puri y sus tres hermanos menores. Puri asistió a escuelas católicas y estatales, y como adulta encontró un empleo desembolsando pensiones y otros beneficios del gobierno en el Instituto Nacional de Seguridad Social. Conoció a un amigo de su hermana llamado Miguel, un hombre con cara de bulldog y un irónico sentido del humor. La pareja se casó en 1983, tuvo una hija y se estableció en Zaragoza, donde algunos de los familiares de Puri se habían ido después de la desaparición de Manuel Lapeña.
La vida continuó, pero Puri siempre se preguntó sobre su abuelo. Era imposible no hacerlo, ya que la guerra civil dio forma a su vida entera: una tía no podía hablar de Manuel sin llorar inconsolablemente. El tío de Puri, Carlos, que de niño había perseguido a los asesinos de su padre por las calles, se convirtió en un devoto derechista, y se negó a reconocer lo que había visto hasta que finalmente se quebró en su lecho de muerte. La madre de Puri, Guadalupe, había huido de su ciudad natal en Andalucía después de que su propio padre y su hermano de 8 años fueran asesinados por las tropas de Franco.
Cuando Puri comenzó a buscar a Manuel, no podía haber sabido que la búsqueda abriría un nuevo frente sin precedentes en la guerra por la memoria histórica de España. Comenzó de manera sencilla: en 1992, Puri leyó un libro titulado The Hidden Past , escrito por un grupo de historiadores de la Universidad de Zaragoza, que rastreó el violento ascenso y el legado del fascismo en el noreste de España. Incluido en el libro estaba una lista de todos los españoles que los autores identificaron como «desaparecidos» durante la guerra civil.
Allí, Puri lo vio: Manuel Lapeña Altabás. Ella había sabido desde la infancia sobre el asesinato de su abuelo, pero la historia siempre tenía la sensación de una leyenda familiar. «Cuando vi los nombres, me di cuenta de que la historia era real», me dijo Puri. «Yo quería saber más. ¿Que pasó? ¿Por qué? Hasta ese momento, no había documentos. De repente, pareció posible encontrarlo «.
Puri comenzó a buscar en los archivos del gobierno local, buscando cualquier información que pudiera encontrar sobre la muerte de su abuelo. Solo tenía un nombre para seguir, y en años de búsqueda solo encontró un puñado de documentos. Nadie quería hablar sobre las fosas comunes de España, y mucho menos rastrear un cuerpo en particular.
Durante décadas, las tumbas no fueron reconocidas: sin marcadores, sin placas, sin monumentos conmemorativos. Cuando los dolientes los visitaron, fue en secreto, como Puri y su padre en el barranco. En los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, un pequeño número de españoles comenzó a reclamar en silencio los restos de sus seres queridos desaparecidos con poco más que manos y palas. Pero esas exhumaciones fueron dispersas y no oficiales, mantenidas fuera del alcance del público por el miedo y la vergüenza. No había manera de saber si los cuerpos descubiertos por las familias realmente les pertenecían.
A principios de la década de 2000, sin embargo, el silencio comenzaba a ceder. Un movimiento social echó raíces cuando arqueólogos, periodistas y ciudadanos comunes, dirigidos por un sociólogo llamado Emilio Silva, buscaron documentar y desenterrar fosas comunes en todo el país. En el lapso de algunos años, miles de cuerpos fueron recuperados. El despertar fue impulsado en parte por los avances en la antropología forense. Con nuevas herramientas como la secuenciación de ADN y el análisis esquelético, los especialistas forenses pudieron identificar los restos y relacionarlos con parientes vivos. La búsqueda ya no era un ejercicio de conjeturas esperanzadoras: ahora los cuerpos tenían nombres y seres queridos que habían dejado atrás.
Así fue como Puri se paró en el barranco de La Bartolina, décadas después de su primera visita, en un brillante y cálido día el otoño pasado. A pesar de su sangrienta historia, el sitio es fácil de perder. Desde la autopista, el único marcador es un edificio deteriorado que, según los informes, sirve como burdel y un sendero delgado y polvoriento que conduce a las colinas. El barranco está completamente seco y cubierto de arbustos. Hay basura en todas direcciones, sacudida por el viento que azota el valle. «Un lugar feo para cosas feas», me dijo Puri, mientras pateábamos la tierra y los escombros.
Ahora con 60 años, Puri tiene el cabello gris ligeramente ondulado y usa lentes simples sin montura. Habla en voz baja y con cuidado, con una autodominación que es casi regia, pero cuando se emociona o enoja, su voz se convierte en un clip rápido e insistente. Se puede ver en fotografías antiguas que heredó los labios tensos y fruncidos de Manuel y sus redondos ojos azules.
Hoy hay un amplio barranco en el corazón del barranco, tallado por las inundaciones repentinas y las máquinas de movimiento de tierras que llegaron hace años para convertir el sitio en un vertedero de basura. Puri cree que las ejecuciones tuvieron lugar contra la pared más alejada del barranco, justo antes de una curva en el lecho del río que oculta la mayor parte del valle. En una visita en 2004, encontró grupos de casquillos de cascaras gastados allí, y marcas de viruela en las paredes de color naranja seco de las balas que habían pasado por alto, o atravesado, sus objetivos.
«Cada vez que pienso en mi abuelo y los otros hombres se alinean, no puedo evitar preguntarme sobre las mismas preguntas», dijo Puri, mientras miraba la pared llena de cicatrices. ¿Qué llevaba puesto? ¿En qué estaba pensando? ¿Dijo algo al final? «Creo que debe haber sido incrédulo. Eran los primeros días de la guerra, y probablemente no podía creer que en realidad lo matarían por no hacer nada malo. Espero que estuviera pensando en su familia «.
En 2006, Puri visitó el cementerio de Calatayud, no lejos del barranco. Decenas de personas de la ciudad natal de Manuel habían sido detenidas y fusiladas allí, incluido el hermano de Manuel, Antonio. Si el cuerpo de Manuel había sido movido, razonó, tal vez fue tomado aquí. Mientras vagaba por los senderos arbolados, en busca de tumbas de la época de la guerra civil, un residente local se acercó y le preguntó qué estaba haciendo. Cuando Puri le contó al hombre sobre su abuelo, él respondió: Oh, no encontrarás ningún cuerpo aquí. Fueron desenterrados y movidos hace décadas. El hombre lo había visto él mismo, y sabía dónde se habían llevado los cuerpos: El Valle de los Caídos. El Valle de los Caídos
Puri estaba eufórico y abatido. Finalmente, ella tenía una pista para seguir. Pero sabía que si Manuel estaba realmente en el Valle de los Caídos, nunca recuperaría su cuerpo. El valle era intocable.
Puri Lapeña encontró en los archivos del gobierno la orden de arresto de Manuel y el certificado de defunción de su hermano Antonio. (Matías Costa)
Manuel fue ejecutado en un barranco local, Antonio en un cementerio cercano. (Matías Costa)
El Valle de los Caídos fue el cerebro-hijo del propio Franco. Declaró su intención de construir el sitio, una imponente basílica católica y un monumento a la guerra civil en las afueras de Madrid, en 1940, un año después del final de la guerra civil. El Valle sería un «acto nacional de expiación», dijo Franco, y un monumento a la reconciliación. Pero desde el principio, estaba claro que el Valle sería algo completamente diferente. Construida en parte por prisioneros políticos republicanos, la basílica contaría a tiempo con solo dos tumbas visibles: una para Franco y otra para el fundador de Falange, un partido político de extrema derecha que ayudó a impulsar a los nacionalistas al poder. La construcción tomó casi 20 años. Unos meses antes de la inauguración del sitio, en 1959, Franco ordenó a los municipios de toda España enviar restos de fosas comunes para mejorar el tamaño y la grandeza del Valle. Si las tumbas tenían republicanos o nacionalistas no importaba. En la muerte, Franco cuidaría de todos.
En total, 33,847 cuerpos fueron trasladados, en gran parte en secreto y sin el conocimiento o el consentimiento de familiares. Pero era imposible ocultar el proceso por completo, y algunas personas, como el hombre que Puri conoció en el cementerio de Calatayud, lo habían presenciado. Los funcionarios locales también conservaron algunos registros, incluido un informe que indica que el 8 de abril de 1959, nueve cofres de madera de pino con 81 cuerpos de Calatayud llegaron al Valle de los Caídos y fueron colocados en una cripta dentro de la basílica. El hecho de que los cuerpos no fueron identificados indicó que las personas dentro de los ataúdes habían sido asesinadas por las tropas de Franco. Cuando los restos nacionalistas llegaron al Valle, llegaron en ataúdes individuales con sus nombres inscritos sobre placas que los designaban como «mártires».
Décadas después de la muerte de Franco, el Valle es el símbolo más potente y controvertido de España de la guerra civil y la dictadura que siguió. Para muchos españoles, el sitio representa una inmensa pérdida y un sufrimiento indescriptible; para otros, como los partidarios de extrema derecha que acuden al sitio cada año para celebrar el cumpleaños de Franco, es un homenaje apropiado al líder más consecuente de España, y un monumento a una tensión persistente del nacionalismo español. Puri visitó por primera vez en 2010, después de conocer la transferencia de cuerpos de Calatayud. Incluso si el cuerpo de Manuel hubiera estado entre ellos, las autoridades le dijeron: «No encontrarás lo que estás buscando».
Ella siguió regresando de todos modos, un gesto obstinado que era medio peregrinaje y mitad protesta. Aún así, nunca se sintió cómoda visitando. «La gente no comprende que este es un lugar siniestro», dijo Puri, mientras conducíamos hacia el Valle una tarde. La imponente cruz de la basílica, que mide casi 500 pies de alto y parece empequeñecer a las montañas cercanas, estaba saliendo a la luz. Le pregunté a Puri qué sintió durante sus visitas. «Ira, humillación, miedo», dijo. En el asiento del automóvil a mi lado había una carpeta naranja transparente que contenía todas las fotografías, registros, certificados y otros documentos que Puri había acumulado en el curso de su búsqueda. En la parte superior había un hermoso retrato de Manuel, tomado no mucho antes de que lo mataran.
Todo el complejo del Valle es impresionante e intimidante, tal como lo pretendía Franco. Una gran explanada ofrece vistas panorámicas de los alrededores y dos inmensos pórticos de piedra conducen a los visitantes hacia una entrada de bronce. La basílica en sí es una hazaña asombrosa de ingeniería, tallada 860 pies directamente en el granito de la montaña. Cuando el Papa Juan XXIII visitó en 1960, consagró solo la parte más interna de la basílica; si hubiera consagrado todo el espacio, habría eclipsado a San Pedro en Roma.
Cuando llegamos, ya había una larga fila de autobuses y automóviles esperando para entrar. National Heritage, la agencia gubernamental responsable del sitio, había ofrecido a los familiares de la entrada libre fallecida de por vida, pero Puri rechazó la oferta. Ella sintió que aceptar consentiría en el entierro de Manuel. Ella acordó visitar el sitio conmigo solo con la condición de que yo pague la tarifa de entrada para los dos.
El gobierno español ha intentado, de manera irregular y sin éxito, resolver el problema del Valle, o al menos modificar el sitio para hacerlo aceptable para todos los españoles. En 2004, un primer ministro de izquierda presentó la primera legislación para asumir el legado de la guerra y la dictadura. En 2011, nombró una Comisión Pericial para el Futuro del Valle de los Caídos, para recomendar medidas para convertir el sitio en un «centro de memoria que dignifica y rehabilita a las víctimas de la guerra civil y el posterior régimen de Franco». Incluso para los seguidores, parecía una meta casi imposible, condenada a fracasar o revertirse tan pronto como un gobierno conservador tomara posesión del cargo. Un prominente historiador de la Universidad Complutense de Madrid, sin prever ninguna esperanza de éxito, rechazó su invitación a formar parte de la comisión. «Creo que lo que el gobierno tiene la intención de hacer con este monumento es completamente imposible de realizar», dijo. «La única forma de alterar el significado de este lugar sería demolerlo»
Un grupo de voluntarios de ARICO (Asociación para la Investigación y la Recuperación contra el Olvido), que trabaja en la exhumación de tumbas de la represión franquista en la Región de Aragón. (Matias Costa)
Es fácil ver por qué se sintió así. Dentro de la basílica, el significado del Valle es ineludible, inspirando miedo y asombro en igual medida. «Artísticamente, es un monumento fascista perfecto», dijo Puri, mientras estábamos en la entrada. «Está frío, vacío e imponente. Las estatuas te desprecian «.
Más allá de la entrada, en una antecámara oscura y abovedada iluminada por luces parpadeantes estilo antorchas medievales, se encuentran dos estatuas de ángeles con espadas en mano. Los ángeles fueron forjados a partir de los cañones derretidos utilizados en la guerra civil, y sus hojas se empujan hacia abajo en la pasarela como una señal de que la batalla ha terminado y la paz ha llegado. Pero las estatuas también transmiten un mensaje más amenazador, dijo Francisco Ferrándiz, antropólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y miembro de la Comisión Pericial. «No es difícil notar que las espadas se pueden recoger de nuevo», dijo.
Alineando la nave de mármol negro de la basílica hay ocho enormes tapices, cada uno representa una escena de la Biblia. Son una procesión de muerte e ira, Dios en su más vengativa: bestias infernales y ángeles exterminadores, visiones de apocalipsis que parecen oscurecerse y atemorizar cuanto más profundo camines en el vientre de la montaña. Justo antes del altar, donde la nave da paso a los bancos de madera, ocho imponentes monjes de granito vigilan. Al igual que los ángeles que los preceden, los monjes, colocados cerca de la parte superior del techo abovedado, apoyan sus manos en inmensas espadas, y miran hacia abajo con ojos misteriosamente escondidos bajo las capuchas de sus túnicas.
El aura de santa ira culmina en el altar central. En el lado más cercano al altar está la tumba de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange. Al otro lado está la tumba de Franco, colocada en el piso debajo de una simple lápida de piedra con su nombre y una cruz. Encima de ambos descansan flores frescas, reemplazadas cada semana por la Fundación Nacional Francisco Franco.
Un mosaico dorado sobre el altar representa a los soldados de Franco junto a los cañones y las banderas fascistas, herederos de la larga historia de martirio cristiano en España. Franco veía la Guerra Civil española como una nueva Cruzada librada por creyentes leales contra los ateos republicanos. El «catolicismo nacional» fue un pilar de su ideología gobernante, y la Iglesia católica un aliado esencial en su gobierno.
Al caminar por la silenciosa basílica, es fácil olvidar que estás en medio de un cementerio inmenso. Además de las dos tumbas fascistas, los restos están ocultos en ocho criptas que recubren las paredes de la nave y dos capillas pequeñas dispuestas a los lados del altar. Juntos tienen decenas de miles de cadáveres, apilados de tres y cinco pisos de altura.
Después de la primera visita de Puri al Valle, se acercó a un abogado llamado Eduardo Ranz, para ver si había alguna manera de presionar para recuperar el cuerpo de Manuel y el del hermano de Manuel, Antonio. Ranz era joven, apenas había salido de la facultad de derecho, pero ya llevaba varios años trabajando en casos relacionados con la memoria histórica, incluidas exhumaciones. En la búsqueda de Puri para exhumar a su abuelo del Valle de los Caídos, Ranz vio una oportunidad para enfrentar uno de los tabúes finales del legado de Franco.
Eduardo Ranz lidera la lucha legal para exhumar a las víctimas de Franco. «El gobierno espera que el problema muera de viejo», dice, «pero no tendrá éxito». (Matías Costa)
En 2012, Ranz presentó una demanda solicitando permiso para retirar los restos de los hermanos Lapeña para su nuevo entierro. El caso fue audaz, sin precedentes y potencialmente transformador. Pero a pesar del progreso político de la década anterior, no fue un momento prometedor para los defensores de la reforma. Un año antes, un gobierno conservador había entrado en el poder, prometiendo congelar o revertir muchas de las iniciativas defendidas por un gobierno izquierdista de larga trayectoria, incluido el apoyo estatal para exhumaciones. El informe de la Comisión Pericial para el Futuro del Valle de los Caídos, entregado al gobierno nueve días después de las elecciones, no fue escuchado.
La demanda de Puri fue solo el comienzo de una odisea judicial y política. El caso se abrió paso a través de seis tribunales en cuatro años, incluido el Tribunal Constitucional de España y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Inicialmente, Ranz intentó presentar la demanda ante un tribunal penal; cuando el tribunal rechazó el caso en virtud de la ley de amnistía de España por crímenes de la época de Franco, pivotó, invocando un oscuro estatuto civil del siglo XIX que permitía a los miembros de la familia reclamar la propiedad de sus parientes fallecidos.
El gambito funcionó. En mayo de 2016, un juez falló a favor de Puri: Manuel y Antonio Lapeña tenían derecho a un entierro digno, incluso si requería su exhumación del Valle. Había, escribió el juez, una «alta probabilidad» de que sus cuerpos estuvieran entre los restos anónimos enviados al Valle. Ordenó que los investigadores tengan acceso a las tumbas para realizar pruebas de ADN e identificar a los hermanos para la exhumación.
Fue una victoria histórica deslumbrante y, al principio, National Heritage dijo que cumpliría «escrupulosamente» las órdenes del juez. Pero el fallo provocó una feroz oposición de la Iglesia Católica y grupos conservadores, que condenaron la apertura de las tumbas. Incluso si los Lapeñas pudieran ser encontrados e identificados, argumentaron, hacerlo requeriría que los trabajadores perturbaran los restos de miles. Mientras tanto, el gobierno comenzó a ordenar un informe tras otro en nombre de la prudencia y la precaución: evaluaciones estructurales de las tumbas, datos forenses sobre el estado de los cuerpos, inspecciones por daños causados por el agua y más.
Cuando visité el otoño pasado, más de un año después de la decisión del juez, el proceso todavía estaba atascado en las demoras. Ranz, que una vez estuvo eufórico por las perspectivas del caso, ahora parecía abatido. «La realidad es que los cuerpos todavía están allí», me dijo. Para Puri, la espera es angustiosamente personal: su madre falleció en diciembre, y su padre, Manuel Jr., ahora tiene 94 años, sus últimos recuerdos de la infancia se desvanecen rápidamente. La esperanza de Puri es traer a casa los restos de su abuelo mientras su padre todavía está vivo.
Los cuerpos de Calatayud se colocaron en la Capilla del Sepulcro, un pequeño anexo de concreto y mármol ubicado a la derecha del altar. Sobre una ornamentada puerta de madera que conduce a la cripta hay una cruz de hierro negro y las palabras «Caído, para Dios y para España, 1936 – 1939, RASGÓN».
Dentro de la capilla, Puri permanecía en silencio frente a la puerta. Excepto por unos pocos visitantes que entraban y salían, ella tenía el espacio para ella sola. Cuando nadie estaba mirando, ella extendió la mano y probó el picaporte de metal pesado, pero estaba cerrado. Luego ella se dio vuelta para irse. «No querría estar aquí», dijo. «Es un lugar triste y aterrador».
Detrás de la basílica, en la base de la imponente cruz, se encuentra la abadía benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Los monjes residentes son los guardianes del Valle y los cuidadores de los muertos. Conducen misa diaria en la basílica y dirigen una casa de huéspedes bulliciosa y una escuela primaria y secundaria.
El Valle de los Caídos debía evocar «la grandeza de los monumentos de antaño, que desafían el tiempo y el olvido», anunció Franco en 1940. (Matías Costa)
Los monjes están en el centro del Valle, tanto física como políticamente. Si bien la mayoría del sitio es propiedad y está administrado por el estado español, el estado no puede ingresar a la basílica sin la cooperación de la Iglesia. Incluso la decisión judicial a favor de Puri no fue suficiente para obligar a los monjes a cumplir.
El anterior administrador de la abadía es una figura especialmente polarizante llamada el padre Santiago Cantera. No mucho después de la sentencia, presentó una apelación formal ante el Tribunal Constitucional, en nombre de las familias que no querían que los restos de sus familiares fueran tocados. Le parecía que esas familias tenían los mismos derechos que Puri, el mismo interés en determinar el futuro del Valle. Entre los involucrados en el movimiento para abordar el legado de silencio de España, Cantera se ganó una reputación como un oponente implacable. Antes de visitar el Valle, con la esperanza de hablar con él, le pregunté a Puri cuál era el mayor obstáculo para obtener posesión de los restos de su abuelo. Ella no dudó. «El hombre que vas a conocer».
A pesar de que él es el rostro público de una controversia nacional, Cantera es notablemente retraída. Ha evitado las entrevistas con los medios, y cuando el Senado español lo citó para explicar la negativa de la abadía a cumplir con la orden judicial, se negó a comparecer, citando sus «deberes como jefe del monasterio» y su «condición religiosa».
Incluso en la abadía, es difícil de alcanzar. Cuando llegué a nuestra reunión, la recepcionista me dijo que Cantera no estaba disponible. Los monjes estaban en el almuerzo, dijo, y no podían ser molestados. Después de comer, irían inmediatamente a orar. Ella sugirió que volviera otro día. Le dije que estaría feliz de esperar. Me quedé en el escritorio, sonriendo a los visitantes de la pensión mientras iban y venían. Finalmente, después de casi una hora, la recepcionista me dijo que trataría de llegar a Cantera. Marcó algunos números en un teléfono con cable voluminoso, se encogió de hombros exageradamente y colgó. Siguió así durante otra media hora hasta que probó con otro número, esta vez llegando a Cantera inmediatamente, y transmitió que era libre de encontrarse. Él estaba esperando en una habitación al otro lado del patio.
Cantera me sorprendió incluso antes de hablar. Después de las advertencias y el aire general de misterio, esperaba encontrar un disciplinador desgarbado y sin sentido del humor. Pero el hombre de hábito negro simple que me conoció era joven, con ojos amables, una cara de niño y una ligera sombra de barba. Después de que nos sentamos en sillas duras en una habitación simple, se inclinó hacia delante, con los codos apoyados en las rodillas, ansioso por hablar. «Mucha gente viene aquí en busca de paz», dijo.
Cantera llegó al valle de forma tortuosa. Sus padres eran educadores, su padre era profesor de estudios franceses y su madre profesora de historia, y sus cuatro hermanos entraron en la vida universitaria. Cantera siguió el mismo camino, obteniendo un doctorado en historia medieval y tomando un puesto de docente en una universidad en Madrid. Tenía novia y pensó en casarse y tener hijos. Pero la vida monástica, me dijo, «rondaba a mi alrededor desde mi infancia». Una visita a una abadía lo conmovió profundamente, al igual que el encuentro con los monjes y las monjas que vivían allí. Después de completar su tesis doctoral, sobre la orden religiosa cartujana, un monje benedictino lo invitó a un retiro de meditación en el Valle. Se sentía natural.
El papel de abad no ha sido fácil para Cantera. Por naturaleza, es tímido y su parte favorita de la vida monástica es el espacio para pensar. (Escribió 17 libros sobre temas católicos). «No soy una persona a la que le gusta estar a cargo, o tomar decisiones, o imponerme», dijo. Aceptó el papel de abad «como un servicio a la comunidad y a otros monjes, porque es la voluntad de Dios y por obediencia».
El mayor ajuste, sin embargo, ha sido aprender a ignorar las caricaturas dibujadas por los polemistas tanto a la izquierda como a la derecha. Como todos los españoles, Cantera conocía las controversias que rodean al Valle, pero incluso hoy, más de una década después de unirse a la abadía, parece desconcertado por el rencor que inspira. «Nos encontramos en el medio de dos posiciones que tienen los mismos derechos que las demás», dijo Cantera. «Todo lo que digo puede malinterpretarse, y cada posición que tomamos es mala. Siempre molestará a alguien «. Y las personas de ambos lados del argumento no parecen captar la naturaleza de la responsabilidad de los monjes. «No somos los dueños de los cuerpos, solo somos sus custodios», dijo Cantera.
Amanecer de un dictador
El ascenso brutal de Franco al poder fue un primer paso en la marcha hacia la guerra mundia
(Revista Smithsonian)
Cantera cree que es poco probable que los restos de Manuel puedan ser identificados. El nombre de Manuel no aparece en los registros del Valle, y si el cuerpo está allí, es entre docenas de otros de Calatayud, en una pila de huesos sellada en una cripta intacta durante décadas. Los restos se han descompuesto y puede no ser evidente dónde termina un cuerpo y comienza otro. Más importante aún, Cantera considera que la idea misma de las exhumaciones es profundamente molesta. El punto del Valle, dijo, es precisamente que «los cadáveres están entremezclados, los nacionalistas y los republicanos están juntos». Cualquiera que sea el lado por el que lucharon, en el Valle todos están enterrados como españoles.
Escuché el mismo argumento que hizo Pablo Linares, el fundador de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, un grupo conservador que hace lobby para mantener el Valle sin cambios. «El Valle ya es un lugar de reconciliación y paz», dijo Linares. «Es un lugar donde los antiguos enemigos están enterrados uno al lado del otro, enemigos que pelearon en el peor tipo de guerra: una guerra entre hermanos». Linares me contó que docenas de familias con parientes enterrados en el Valle lo han contactado angustiado por la perspectiva que sus seres queridos serán perturbados. «Respeto a Puri y a su familia», dijo Linares. Pero él señaló que su dolor no es único. «También respeto a todos los Puris en este país», que Linares considera que debe incluir a los descendientes de nacionalistas y republicanos por igual.
Por su parte, Cantera ha planteado ideas de compromiso, como inscribir los nombres de cada persona enterrada en el Valle en el pórtico exterior o mostrar los nombres en una pantalla digital dentro. Incluso ha hablado sobre las formas de dispersar la nube de fascismo que se cierne sobre el monumento, ya sea quitando los restos de Franco directamente o introduciendo el cuerpo de un opuesto famoso y simbólico, como Federico García Lorca, el dramaturgo y poeta izquierdista ejecutado por fascistas tropas en 1936. (Esta idea también enfrenta obstáculos: nunca se ha encontrado el cuerpo de Lorca).
A pesar de las numerosas propuestas, no se han producido cambios significativos en el Valle, y el partido conservador ha decidido mantenerlo de esa manera. «Dejen que los muertos entierren a los muertos», dijo un senador conservador. El gobierno debe enfocarse en «problemas de la vida». Nunca es tan simple, por supuesto, no en cualquier parte, y ciertamente no en España. Los muertos están en silencio, pero un legado de violencia y pérdida puede hacer eco durante generaciones. No es coincidencia que España esté sacudida por un movimiento separatista en Cataluña, el epicentro de la resistencia republicana contra Franco y la provincia que su régimen reprimió más severamente.
«Todavía estamos en confrontación», dijo Cantera. «Algunas personas no quieren cerrar viejas heridas».
Cuando Puri quiere visitar a su abuelo, ella no va al Valle. En cambio, conduce a Villarroya de la Sierra, la pequeña ciudad donde vivía. Está ahí, dice Puri, donde Manuel está más vivo. El edificio de ladrillo rojo donde tenía su clínica veterinaria todavía está en pie, justo al lado de la iglesia en la plaza del pueblo, y en la calle de la casa donde nació y se crió. Las ancianas que bajan arrastrando los pies por el camino se detienen y saludan a Puri, llamándola «la chica de Lapeña» y diciéndole cuánto se parece a su madre. Sobre una colina está la arboleda que Manuel plantó para que la gente del pueblo la disfrute. Cuando desapareció, los árboles eran retoños; ahora son gruesas e imponentes. «Nadie se ocupa de ellos», dice Puri. «Simplemente crecen y prosperan por sí mismos, un recuerdo vivo de quién era».
Arboleda de árboles plantados por Manuel Lapeña Altabás cuando uno de sus clientes le regaló a Lapeña un hermoso terreno en una colina que domina la ciudad. Lo hizo para que la gente del pueblo pudiera venir y disfrutar de la vista. (Matias Costa)
Aranda del Moncayo, es la ciudad con mayor número de personas ejecutadas en toda la región, entre 43 y 72 según diferentes fuentes. (Matias Costa)
Al final de un camino sin pavimentar fuera de la ciudad hay un pequeño cementerio municipal. Dentro de la puerta de hierro forjado, a pocos pasos de un marcador simple que honra a los muertos en la guerra civil del pueblo, se encuentra la parcela de la familia Lapeña. El día que visitamos, las flores encima de la tumba estaban marchitas y secas, y Puri arrojó los tallos a un lado. «Aquí es donde pertenece», dijo. La abuela y la tía de Puri están enterradas aquí, y la familia ha reservado espacio para Manuel y Manuel Jr.
Cuando la búsqueda de Puri comenzó hace dos décadas, su único objetivo era llenar esa tumba vacía. Hoy, ella dice, «mi preocupación no es solo mi abuelo, sino que la historia de España se cuenta de una manera verdadera». Ella quiere ver a los monjes, los cuerpos y la cruz retirados del Valle, y el sitio transformado en un centro educativo o museo donde se cuenta la historia de la guerra y la dictadura en su totalidad.
Sus deseos se hacen eco del informe largamente ignorado por la Comisión Pericial para el Futuro del Valle de los Caídos, que propuso convertir el sitio en un centro de memoria y aprender a relatar los crímenes del régimen de Franco, así como los cometidos por los republicanos, y construyendo un nuevo monumento en la explanada para igualar el poder imponente de la basílica.
Pero esa no era la idea original. Cuando la comisión fue nombrada por primera vez, contrató ingenieros para evaluar el estado físico del Valle. Los comisionados se dieron cuenta de que el valle se estaba cayendo a pedazos (fisuras en la piedra, grandes daños causados por el agua, estatuas que se desmoronaban) y, por lo tanto, su instinto fue: dejarlo colapsar. Deje que la cruz caiga por la ladera de la montaña, deje que la basílica se desmorone, deje que todos los cuerpos, tanto Franco como Manuel, se conviertan en polvo. Que las ruinas, en lo alto de Madrid, sirvan de advertencia a una nación dividida por la enemistad y a cualquier ciudadano que desee un dictador como Franco, un hombre fuerte asesino que tratará de arrancar la inmortalidad de un santuario lleno de muertos. Déjalo caer, y deja que todos lo vean suceder.
Ese plan, por supuesto, nunca será implementado. Es demasiado radical para la mayoría de los españoles. Pero en los siete años desde que la comisión terminó su trabajo, sus miembros han llegado a creer que todas las propuestas de reforma comparten un problema: llegaron demasiado pronto. Las heridas de la guerra civil se han inflamado durante décadas, pero solo ahora están llegando al punto crítico cuando una nueva generación finalmente puede comenzar a sanar la división.
La oposición del padre Santiago Cantera impidió que el estado comenzara las exhumaciones del Valle. «Estamos atrapados entre dos incendios», dice. (Matías Costa)
En marzo pasado, Cantera retiró su petición contra la exhumación de Manuel y Antonio Lapeña Altabás. Me dijo que estaba satisfecho después de recibir garantías de que la búsqueda de los hermanos Lapeña no causaría daños estructurales y que, si se identificaran restos nacionalistas identificados, los técnicos primero pedirían permiso a las familias. Pero eso fue solo una parte de la historia.
Unos días antes de su reversión, un obispo español de alto rango, tal vez receloso de una creciente crisis entre la Iglesia y el estado, intervino para resolver el enfrentamiento. Cuando hablé con Cantera sobre su cambio de opinión, él mencionó oblicuamente que su decisión había sido determinada en parte por «la presión recibida».
Las inspecciones de las criptas comenzaron el 23 de abril. Puri estaba en la entrada principal del Valle, aunque no se le permitió entrar. Ella no estaba sola. Otras dos familias, que también trabajaban con Eduardo Ranz, siguieron sus pasos y solicitaron con éxito que el estado identificara y, si fuera posible, exhumara a sus familiares: dos soldados nacionalistas que murieron luchando por Franco y cuyos restos fueron trasladados sin la ayuda de sus familias. consentimiento.
El Valle es «nada más que el símbolo egocéntrico de un dictador, que usa a los muertos de ambos lados», dijo Héctor Gil, nieto de uno de los soldados nacionalistas, a los periodistas. Al igual que Puri, las familias esperaban dar a sus familiares un entierro adecuado, para que finalmente pudieran dejar el pasado en reposo.
Esa mañana, Puri y su esposo se pararon junto a los Gils y observaron a los técnicos que saludaban a través de la puerta del Valle en su camino hacia las criptas. Después, las dos familias fueron a comer. Nunca se habían visto antes, y querían una oportunidad de hablar.
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 02/07/2018
COMIENZAN LOS TRABAJOS DE EXHUMACIÓN EN LA FOSA DE ALARÓ PARA ENCONTRAR AL EXALCALDE Y SU HIJO
POR REDACCIÓN – LUNES 02 DE JULIO DE 2018
El Govern balear ha iniciado hoy los trabajos de exhumación de la fosa del cementerio de Alaró, donde se buscan los restos del zapatero y exalcalde republicano Pablo Crespí Villalonga y de su hijo Onofre Crespí Riera. Padre e hijo, de 57 y 21 años de edad cuando murieron, procedían de Mancor de la Vall y fueron asesinados el 20 de octubre de 1936 en el lugar conocido como la «Costa de Tofla», en la carretera que une Alaró y Lloseta. La apertura de esta nueva fosa es la primera que figura en el plan de fosas de 2018 y la quinta que se abre en Balears. El tiempo estimado de duración de los trabajos de excavación es de una semana.
La presidenta de Balears, Francina Armengol, ha querido estar presente hoy en el inicio de estos trabajos en el camposanto de Alaró y ha afirmado que esta nueva exhumación supone«cumplir la palabra dada por el Govern para que no caiga en el olvido el sufrimiento y el dolor de las familias represaliadas por sus ideas democráticas».
La de Alaró es la cuarta fosa que el ejecutivo autonómico abre desde la aprobación de la ley de personas desaparecidas y fosas, tras las actuaciones en Porreres y Montuïri en Mallorca y San Ferràn en Formentera.
Es la quinta si se contabiliza la de Sant Joan, la primera que se exhumó en Balears antes de que se aprobara esta ley. En total, el plan de actuación de 2018 prevé un total de once actuaciones.
Por su parte, la consellera de Cultura, Fanny Tur, ha incidido en que «lo que estamos haciendo es cumplir con nuestra obligación de demócratas y reconocer aquellas personas que murieron por defender la democracia; esperamos poder encontrar los cuerpos de Pablo y en Nofre Crespí».
Tras la de Alaró, la siguiente fosa que se exhumará será la del cementerio de Santa Maria del Camí.
Durante el mes de julio también se llevará a cabo la búsqueda y localización en el cementerio de Sencelles de la posible ubicación de la fosa con la ayuda de arqueólogos e historiadores.
Además, también se llevará a cabo el trabajo de campo en el Pozo de s’Àguila (Llucmajor) para proyectar las tareas para la exhumación durante el otoño.
Por último, dentro de este mes de julio, también se harán tareas de búsqueda y localización en el cementerio de ses Figueretes para ver sobre el terreno los diferentes lugares donde se deberá excavar a partir del otoño.
En agosto y septiembre, la Sociedad de Ciencias Aranzadi elaborará los informes de excavación pertinentes para el resto de fosas previstas en el plan, que se llevarán a cabo a partir de octubre.
Previsiblemente, en septiembre la Comisión de Personas Desaparecidas y Fosas examinará y aprobará el calendario y el orden de exhumación de las fosas previstas: Calvià, Sencelles, Marratxí, Llucmajor, Deià, Porreres, Montuïri y ses Figueretes.
Además, este verano también se harán dos informes de viabilidad de las fosas de los cementerios de Bunyola y Manacor.
La Sociedad de Ciencias Aranzadi es la empresa adjudicataria de ejecutar las intervenciones de este plan, tras obtener la licitación del contrato de servicio de exhumación de fosas comunes.
BALBOA: «SE CIERRA UN CAPÍTULO OSCURO DE LA HISTORIA»
El alcalde de Alaró, Guillem Balboa, ha manifestado este lunes su emoción por la apertura de la fosa del cementerio del municipio y ha afirmado que con esto se cierra «un capítulo oscuro de la historia» del país.
«Es un día emotivo, feliz», ha indicado el que también es co-coordinador de MÉS per Mallorca, según ha recogido la formación en un comunicado.
Balboa ha declarado que «para Alaró» esto representa «poder dignificar» a las víctimas. El alcalde ha agradecido la tarea «inmensa e incansable» de los colectivos para la recuperación de la memoria histórica, en especial «el trabajo del historiador Marçal Isern, de Alaró, y que se ha encargado de este capítulo en concreto».
Isern, por su parte, ha defendido que es necesario abrir las fosas «para mirar con dignidad el futuro, para poder vivir dignamente el presente y para poder ganar el futuro». El historiador también ha pedido «conciencia ciudadana».
Paralelamente, la consellera de Cultura, Fanny Tur, la apertura de esta fosa para localizar a dos asesinados en 1936 -uno de ellos alcalde de Mancor de la Vall- es «una deuda» con «la democracia», aunque llegan «40 años tarde».
«Es una prioridad absoluta de la Conselleria de Cultura y es una prioridad para todas las personas comprometidas con la democracia y con la recuperación de la memoria histórica», ha señalado Tur.