Las fosas del horror
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 17/07/2011
Las fosas del horror
La provincia de León se encuentra sembrada de fosas donde yacen los cuerpos de un número incalculabre de represaliados durante la Guerra Civil
Luis V. Huerga 17/07/2011
Si a día de hoy existe una palabra que traslade a través del tiempo el siglo XXI al año 1936, es ‘fosa’. La polémica Ley de la Memoria Histórica y los esfuerzos de asociaciones como Aerle o la ARMH siguen aún tratando de buscar a los desaparecidos de aquella época, vejados, paseos, fusilados y enterrados en cunetas. Recuperar la dignidad de aquellos hombres y mujeres es su objetivo. Se sigue buscando y las fosas aparecen en distintos puntos, aunque existen algunas que pasarán a la historia con nombre propio.
Entre las localidades de Polvoredo y Lario, al norte de Riaño, se encuentra uno de los lugares que representan la represión en toda su dureza y que, a día de hoy, es paso obligado para todos aquellos a los que estos acontecimientos aún ocupan un lugar en su memoria. Es el Pozo Grajero, una sima natural en la que pululaban cientos de grajos, de ahí su nombre, que se convirtió en el cementerio improvisado para depositar a los fusilados que el ejército franquista dejaba tras de sí durante la conquista del Frente Norte.
En el monte de Polvoredo se libró una de las batallas más duras. Cuentan que cada republicano luchaba contra siete soldados del ejército nacional. Los apresados, paseados y fusilados eran arrojados al Pozo Grajero, dicen que también personas vivas, mujeres y jóvenes entre de 15 y 19 años de edad.
Según a qué fuentes se acuda, el número de personas que fueron fusiladas y arrojadas a este pozo varía. La cifra recurrente es la de 40 personas, la mayoría de ellas leoneses, pero también posibles republicanos de otros lugares de la geografía española. Algunos los cuentan por cientos y, a buen seguro, aún quedan cadáveres abajo, aunque muchos de los restos han sido ya exhumados, gracias entre otros, al trabajo de la asociación que utiliza la misma denominación que la de este siniestro lugar. Ahora, tanto la localidad de Polvoredo, como el cementerio del vecino pueblo de Lario y el propio Pozo Grajero son lugares de recurrido recuerdo y homenaje a aquellas víctimas.
En el año 1995, un grupo de guardias civiles de montaña encontraron la profunda sima natural. A partir de ahí se desencadenó la conmoción entre los vecinos de los pueblos del lugar que encontraban una luz en el tortuoso camino que emprendieron en el momento en que sus padres, hermanos e hijos habían desaparecido. La esperanza de haber podido localizar, antes incluso de que su propia vida se apagara, los restos de sus seres queridos abría la ventana a la satisfacción, pero también a recordar el dolor de aquellos duros tiempos vividos. La localización de un superviviente cuyo destino era ser arrojado a lo hondo del Pozo Grajero ayudó a poner a cara a algunas de las personas que allí parecían haber quedado en el olvido por siempre.
León, triste tierra de fosas
Pero estos no son más que cuatro ejemplos que no hacen más que dejar al descubierto una realidad. Si de fosas se trata, la geografía de la provincia de León ha sido y sigue siendo el lugar en el que yacen cientos de cadáveres esparcidos por los más recónditos rincones. Algunos de esos infaustos lugares ya han sido localizados gracias al empeño de asociaciones y de particulares; en otros se han encontrado los cadáveres de dos, cuatro u ocho personas; los hay también en que los restos se cuentan por cientos. Cada lugar guarda una historia.
Es por esto que, aunque realmente no están todos aquellos lugares especialmente significativos y que son resquicios del pasado, este mapa elaborado por leonoticias.com pretende completar la idea original del Mapa de la Memoria y apuntar todos aquellos lugares que Aerle ha señalado que son de especial interés.
Por su puesto, cada reseña sobre un mapa cuenta con cientos de historias tras de sí, igual que las 18.316 historias que la Asociación de Estudios Sobre la Represión en León tiene catalogadas en un libro de cientos de páginas. Ahí se recogen los nombres de otras tantas personas que fueron encarceladas, paseadas y fusiladas durante la Guerra Civil y la dictadura. Nombres que aparecen en los archivos, en los juzgados o que un particular les acerca hasta sus oficinas. Ellos los recogen, analizan y catalogan para tratar de que su memoria no caiga en el olvido.
Si echamos la vista sobre la provincia de León, la fosa es el resquicio que más presente está en nuestros días. Hay lugares que dieron descanso a los cuerpos sin vida de cientos de fusilados en casi todos los lugares de la geografía leonesa. Carrocera, Salce, Cabreros del Río, Valverde de la Virgen, Villadangos, San Andrés del Rabanedo, Trobajo del Camino, el Monte San Isidro (por donde se paseaba a los presos que estaban en el campo de concentración de San Marcos), Puente Castro (tanto la fosa del cementerio de León como el campo de tiro fueron lugares en los que se sepultaron a republicanos fusilados), Bellera, Camposagrado, Peñalaza, la comarca de Laciana, Casasola de Rueda, el Alto del Rabizo, Grajal de Campos (donde se han encontrado cuerpos en las cunetas), Fabero, Sahagún…
En todos estos lugares existe al menos una de esas fosas que las asociaciones guardan con celo como lugares sagrados, como ese sitio que simbolizó el fin de mucha gente, pero que ahora significa el futuro en forma de recuerdo y de dignificación de la memoria.
El Puente de las Palomas
Existen casos como el del Puente de las Palomas, que recuerdan mucho a otros, a pesar de la distancia. Este puente se encuentra en el término municipal de Piedrafita de Babia, sobre el río Sil. Desde la parte alta al río hay unos 80 metros y era el lugar que utilizaban los franquistas para deshacerse de los cadáveres de los fusilados y paseados de las comarcas de Laciana, Babia y Somiedo (Asturias). Las semejanzas con el Pozo Grajero parecen obvias, como si hubiera una unificación de criterios de represión y tortura que no tuvieran en cuenta los kilómetros.
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Localización de fosas y otros resquicios de la guerra y el franquismo en la provincia.
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