Expertos vascos analizarán el ADN de los cincuenta cuerpos recuperados en Gumiel
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 09/07/2011
CASTILLA Y LEÓN
Expertos vascos analizarán el ADN de los cincuenta cuerpos recuperados en Gumiel
Los hallazgos prueban que las víctimas llegaron con vida y fueron fusiladas allí en 1936
09.07.11 – 01:47 –
SARA VILORIA | GUMIEL DE IZÁN (BURGOS).
En 1943, la familia de Fernando Macario Martínez García denunciaba su desaparición desde el inicio de la guerra civil. Siete años después se dictaba la presunción de su muerte. Y parece que 75 años más tarde, sus familiares pondrán fin a su ansiosa falta de información.
Fernando era ferroviario y trabajaba con una máquina de vapor. En aquellos años estaba destinado en Aranda de Duero (Burgos) y allí sufrió una caída desde la locomotora que le obligó a llevar un corsé ortopédico durante el resto de sus días. Lo recuerda su nieto Fernando que ansioso espera el resultado de las pruebas de ADN a los restos encontrados por el grupo de investigadores que trabajan en la fosa común del paraje ‘La Legua’.
El médico forense, Francisco Etxeberría, dirige a un grupo de 20 personas de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Valencia y la Universidad del País Vasco, que dedican prácticamente todo el día a las labores de exhumación. Su constancia y cariño en el trabajo pueden devolver la tranquilidad a la familia de Fernando, aunque lo que ya han provocado es que recuperen la esperanza.
Este ejemplo es uno de los más de 50 restos humanos encontrados en la ‘fosa de los ferroviarios’, situada en este paraje de la provincia burgalesa, el monte de Costaján, una de las zonas en la que han aparecido más cadáveres pertenecientes a los años de la represión franquista.
Es una zona tranquila, rodeada de pinares, a la que llegó el pasado lunes el equipo de investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi junto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Desde ese día, y hasta mañana domingo, los expertos trabajan en la fosa, de aproximadamente 40 metros de largo, en la que ya se han encontrado seis grupos diferentes de cadáveres.
Cómo empezó
En el equipo de Etxeberría trabaja también el investigador José María Rojas. Hace un año se trasladó hasta esa zona para comprobar si era cierto lo que un vecino de Gumiel de Izán le había contado; le dijo que allí se habían producido fusilamientos en 1936 y que sería un buen lugar para investigar.
Desde entonces, Rojas tardó un año en reunir al grupo de expertos que durante una semana se han encargado de excavar la zona, para confirmar las hipótesis iniciales de aquel vecino. Se pusieron a trabajar y aparecieron los primeros huesos.
Así, la ‘fosa de los ferroviarios’, como ya ha sido bautizada, porque al parecer los cadáveres allí econtrados son de maquinistas como Fernando, se suma a la lista de fosas comunes existentes en la provincia de Burgos. La zona fue un lugar donde más fusilamientos se cometieron en el comienzo de la guerra civil, hasta el punto de que Rojas la haya calificado como «una zona de excesos». Y da un dato. En 2003, a 500 metros de esta fosa, fueron exhumados 83 cuerpos fusilados hace 75 años.
Los trabajos de su equipo de investigación han servido para encontrar los restos e individualizar durante una semana a los cuerpos de los fusilados. Es posible que muchos de ellos pertenezcan a trabajadores del ferrocarril de uno de los nudos ferroviarios más importante del país. Según las primeras investigaciones, eran trabajadores pertenecientes a los sindicatos de la CNT y UGT, tal y como han denunciado familiares de trabajadores que desaparecieron durante ese periodo de tiempo. Además, Rojas asegura que «el 18 de agosto de 1936 detuvieron de forma masiva a un grupo de trabajadores del gremio», un argumento que incrementa las posibilidades de que los fusilados fueran ferroviarios.
Difícil reconocimiento
Una vez recuperados los restos, lo más difícil es la labor de reconocimiento. José María Rojas, autor de varias investigaciones sobre la represión en Burgos, tiene experiencia en ello. Cuenta que «muchas de estas personas probablemente no fueran de esta zona. Los trabajadores de las obras venían de fuera, aunque los de la línea residían en Aranda». Así las cosas, es complicado contactar con las familias de los fusilados, pero es que además, según Rojas, «la gente de esta fosa no fallecieron el mismo día».
Su asesinato se pudo producir entre los meses de agosto y octubre de 1936, en una zona que está además muy próxima a la cárcel de Aranda de Duero lo que propició el resurgir de las denominadas ‘sacas’, lugares a los que los represores franquistas sacaban a los presos del penal y los llevaban a fusilar en alguna zona próxima al monte de Costaján.
Ahora, 75 años después, el equipo de investigadores ha encontrado allí sus restos y algunos objetos más: un mechero, un peine, un espejo, una pequeña botella de cristal, el corsé ortopédico, e incluso un ojo de cristal muy bien colocado en el hueco de la calavera. Su grado de conservación espanta y altera el sentido al constatar cómo, por ejemplo, la suela de un zapato se ha podido mantener durante todo este tiempo adosada al hueso del peroné de su dueño.
Mirar la fosa es ver una suma de huesos ordenados pero revueltos, que obligan a los expertos a «individualizarlos», como explica Lourdes Herrasti, que es arqueóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Para conseguirlo elabora dibujos y fotografías una vez localizados los cadáveres, y posteriormente procede a la exhumación. Con esos datos busca concretar la edad, el sexo o la estatura y para ello se fija en indicadores claves de los huesos como el desgaste sufrido en las articulaciones, su tamaño o el modo en el que se produjo la muerte, que se conoce a partir de la exhumación. En este caso, las investigaciones han puesto de manifiesto que «estas personas llegaron con vida y fueron fusiladas en ese mismo lugar». La prueba de ello son los proyectiles de un fusil Máuser, típico de la guerra civil, encontrados en la excavación y que muestra el director de la investigación. Etxeberría asegura que los disparos se produjeron al lado de la fosa y que la mayor parte de ellos se dirigieron a la cabeza y otros a los brazos que levantaron para defenderse.
Ahora comienzan las labores de identificación y la obtención del ADN necesario para comprobar a quién pertenecen los cuerpos. De ello se encargarán los laboratorios de la Universidad del País Vasco, en San Sebastián, durante el próximo año, mientras las familias ansían sus resultados con la esperanza de saber si su desconcierto termina ahí.
Queda lo más duro: recomponer la historia de los 50 cadáveres y responder a Fernando. Su duda es saber si en Gumiel de Izán yace su abuelo, el maquinista del corsé.

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