Lo siento Maru, va por tí.
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 15/06/2010
En estos tiempos leemos continuamente noticias de exhumaciones de víctimas del franquismo y de la guerra incivil y ya quizás a muchos no les llama la atención más que el número de víctimas y las circunstancias de su muerte.
Pero detrás de cada exhumación hay multitud de historias la mayoría desconocidas para nosotros, historias de las víctimas, de sus familias marcadas desde entonces física, moral o económicamente y de las tres formas en muchos casos, historias de los participantes en el equipo de exhumación, sus familias, etc. incluso historias de sus verdugos y familiares.
El caso que nos ocupa, el llamado «cementerio de las botellas» en el fuerte San Cristóbal de Pamplona, donde tras quince días de intenso trabajo se han localizado los restos de los 131 enterrados de los que se han exhumados 37 algunos en presencia de sus familiares, lleva implícitas miles de historias detrás y alrededor pero yo quiero centrarme en una en especial: no se trata de ningún fallecido ni tampoco de ningún familiar ni siquiera del equipo habitual y habituado en exhumaciones que merecerían cada uno un capítulo aparte.
Yo quiero destacar la pequeña gran historia de «Maru».
A Maru la conocí hace unos dos meses en el fuerte junto a una nieta de uno de los antiguos presos del fuerte San Cristóbal y las volví a ver en dos homenajes relacionados con el fuerte.
Al enterarse de los trabajos de exhumación contactó conmigo diciéndome: «me gustaría colaborar si piensas que puedo ser útil en algo haciendo lo que sea», respondiéndole que cualquier colaboración es bienvenida dado que el campo de trabajo es extenso y sin problemas de espacio.
Comenzó el lunes y al final de la jornada le pregunté qué le había parecido contestándome con un ¡ufff..! cargado de emoción.
Durante toda la semana y en un terreno muy embarrado por las continuas lluvias, ha estado trabajando con la azada o en lo que fuese y yo diría que al límite de sus fuerzas, pasando el último día a poner al descubierto uno de los esqueletos junto con otro miembro del equipo. En un momento dado me preguntó si sabía de quién era dicho esqueleto y le contesté: sí, claro, se llamaba Agustín, y continuó todo el día limpiando con todo cuidado cada hueso de Agustín.
El fin de semana acudieron algunos familiares a presenciar la exhumación de sus allegados entre ellos los familiares de Agustín. La verdad es que las relaciones con los familiares y sus reacciones ante los restos de sus parientes están cargadas de emociones y sentimientos profundos que se contagian al resto de asistentes y así entre familiares, prensa, organización, curiosos y otras tareas apenas presté atención al resto de compañeros ni a Maru.
Cuando la situación se fue normalizando la vi muy afectada y llorosa y me acerqué dándole un abrazo mientras le comentaba: Es duro, verdad? …pero..tanto te ha afectado?
Su respuesta, sin dejar de llorar, fue: es que al final consideraba a Agustín como si fuese mi pariente.
Esta es la pequeña gran historia que quería contar; se podrían decir muchas más cosas pero pienso que sobran las palabras.
Perdona Maru por desvelar tu fragilidad pero quería publicar tu grandeza de corazón.
Un abrazo
Publicado por Venancio Pla

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