El memorial del cementerio rubricará una investigación de más de 30 años
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 02/05/2010
El memorial del cementerio rubricará una investigación de más de 30 años
En 1979 hallaron zanjas con restos de los fusilados y Sainz de Varanda colocó una placa en su recuerdo.Este reconocimiento convive con símbolos del régimen como la capilla construida en 1941.
El memorial en el que trabaja el Ayuntamiento de Zaragoza en recuerdo de las 3.500 personas que fueron fusiladas en una de las antiguas tapias del cementerio de Torrero servirá para rubricar un exhaustivo trabajo de investigación que se inició hace más de 30 años. Una recopilación de datos históricos obtenidos por investigadores como el catedrático de Historia Julián Casanova, quien encabeza el trabajo de documentación de lo que se traducirá en un referente de la memoria de las víctimas de la represión franquista, la violencia y la violación de los derechos humanos.
A nivel mediático parece reducirse todo al proceso judicial abierto hace años por el juez Baltasar Garzón pero en el campo de la investigación solo se ha perseguido la retribución política y jurídica de los represaliados a partir de 1939 en la capital aragonesa, más que la depuración de responsabilidades que se obvió en el inicio de la transición y que le ha supuesto un buen número de críticas al magistrado de la Audiencia Nacional. Sin embargo, para los investigadores, su tarea ya es imparable y ya se ha iniciado una fase relevante: la divulgación de lo que ocurrió.
TESTIMONIO
Como explica el profesor Casanova, «los pasados traumáticos siempre vuelven» y Zaragoza es un ejemplo más de ciudad en la que la «masacre hecha en nombre del movimiento nacional, Dios y la patria está documentada y se ha silenciado durante muchos años». En su caso, las anotaciones hechas por el fraile capuchino Gumersindo de Estella (su nombre era Martín Zubeldia), trasladado en septiembre de 1936 al convento de Torrero, han sido determinantes. Él fue capellán de la prisión y testigo de los fusilamientos. Y registró los nombres de las víctimas que aparecerán inscritos en el memorial que se hará en el aparcamiento.
Su testimonio, que vio la luz en el 2003, es determinante, puesto que reflejan sus conversaciones con las víctimas que, juzgadas previamente o no, eran conducidas a la muerte a bordo de camiones que les trasladaban desde la prisión hasta una de las antiguas tapias del cementerio, próxima al mausoleo de Joaquín Costa. Un muro donde durante décadas permanecieron los orificios de las balas del pelotón de fusilamiento, un testimonio claro de la sangre derramada junto al camposanto de víctimas que, en muchos casos, ni siquiera llegaron a saber de qué se les acusaba.
Los orificios, según relata Casanova, aún permanecían intactos cuando en 1979, «con la ampliación del cementerio se descubrieron dos grandes zanjas de unos 500 metros de largo por 100 de ancho en los que se hallaban los restos de aquellas víctimas». De ellas tan solo salieron de allí los de «unos 600» que se llevaron los familiares de los riojanos y navarros que pertenecían a la denominada Legión Sanjurjo y que fueron fusilados en Zaragoza porque se creía que pretendían desertar.
Formaban parte de los 3.500 cadáveres que los registros confirman (y los informes forenses), aunque los investigadores afirman que hubo más de los que no se dejó rastro o aún no se ha encontrado. Y es que el cementerio no fue el único lugar donde cayeron víctimas y todos no están registrados. «Hubo muchos muertos en Valdespartera o barrios rurales como Movera que forman parte de lo que llamo el terror caliente del verano de 1936», afirma Casanova.
MÁS SÍMBOLOS
A raíz del descubrimiento de las zanjas, Ramón Sáinz de Varanda, entonces alcalde, ordenó colocar una placa en recuerdo de aquellas víctimas que aún permanece en el llamado Andador de los Caídos del cementerio de Torrero, aunque pase inadvertido para muchos de los que visitan el camposanto.
Es uno de los principales «lugares de memoria» del cementerio y no todos están relacionados con los fusilados. La capilla osario que se construyó en 1941 en memoria de los mártires de la cruzada, un espacio que ahora está prácticamente vacío y casi abandonado, se encuentra a pocos metros de donde aparecieron las fosas, ahora ocultas bajo las manzanas con nichos que se construyeron.
Otro símbolo del régimen es la Cruz de los Caídos que preside la entrada, trasladada allí en 1990 desde la plaza del Pilar cuando se acometió la ampliación de esta. Esta cruz, proyectada en los años 40 de forma ambiciosa, se instaló en 1953 en la plaza, en la zona de los juzgados, con un presupuesto más modesto por las dificultades económicas de la posguerra. Su traslado allí no estuvo exento de polémica. Una discusión política que también se mantiene por el memorial por los caídos en la ensangrentada tapia, testigo inerte de la represión franquista
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=578950
En el Andador de los Caídos se agrupan buena parte de los recuerdos hacia los represarios.
Foto: CHUS MARCHADOR
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