A.R.I.C.O MEMORIA ARAGONESA

Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido

Cataluña busca desaparecidos de la guerra en León

Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 14/03/2010

Cataluña busca desaparecidos de la guerra en León

El hijo de un fusilado de Barcelona da la alerta sobre la presencia de combatientes en San Marcos

M.C.C. / León
Al correo de Aerle, la asociación de Estudios sobre la Represión en León, llegan todos los días cartas y e-mails en busca de desaparecidos y fusilados en la guerra civil y los años posteriores del franquismo. Es la llamada desesperada de los familiares, muchas veces los nietos de las víctimas, en busca de un dato, por sencillo que sea. Aunque sea un renglón de un parte de fusilamiento. “Aquí atendemos a todo el mundo”, explica Encina Cendón, presidenta de Aerle. “Con todos los nombres —añade— se hace una fecha y se buscan testimonios, datos… A veces se encuentran, otras no”.
Además de quienes buscan a sus familiares en una fosa los hay que apenas conservan recuerdos de lo que pasó. Si acaso, el nombre y apellidos del abuelo y la confirmación de que luchó en el frente. Internet, en este sentido, es un mundo abierto a compartir datos. Hay varios foros donde algunos leoneses tienen su nombre y apellidos en busca de información por mínima que sea. Algunos casos son terribles, como el de un vecino del municipio deSariegos. Su nombre no importa. Durante años ha buscado datos sobre el lugar donde asesinaron, en este caso, a su padre. Para él la zona era también conocida, porque era viajante y tenía contacto con los vecinos. Nadie, nunca, le dio pista alguna por miedo a remover el pasado.Manuel, otro leonés, busca datos de su abuelo. Su abuela nunca quiso hablar. Su padre inició la búsqueda hace años por varios archivos militares. La respuesta siempre ha sido la misma. “Lo sentimos, no hay datos de la persona que busca”.
Aerle forma parte de una red que intenta no sólo recuperar los archivos y los datos de miles de represaliados, sino también utilizar Internet como medio de búsqueda.
Gracias a la red de redes, un grupo de catalanes también se ha puesto en contacto con ellos hace poco. El monumento a la memoria que se instalará en la capilla laica del cementerio de León incluye apellidos como Valle, Ruiseñor o Tarragó. Apellidos de fusilados catalanes, a los que se cambiaba el apellido original de Valls, Rusinyol y Tarragó en los partes de defunción.Precisamente una persona apellidada Tarragó, Enrique, dio la voz de alarma a otros ciudadanos catalanes. Su padre combatió en el frente catalán hasta la caída de Barcelona, en enero de 1939. Con 29 años, fue trasladado a León, donde sería asesinado a finales del mes de febrero. “Les enviaban al punto más lejano posible”, afirma Tarragó. “Por eso, con Aragón y Cataluña en manos de los franquistas, León fue el punto de destino de muchos republicanos catalanes. Y la mayoría de ellos, como mi padre, fueron recluídos, hasta la hora de su sentencia de muerte, en el campo de concentración de San Marcos, uno de los que más presos albergaron, desde el 25 de julio de 1936 hasta bien entrada la posguerra”.
En este caso, sus nombres no fueron inscritos en ningún registro. Era una forma de ensañarse con ellos: les hacían desaparecer de los archivos para hacer creer que nunca existieron.

Nuevas páginas de campos de concentración

La subsecretaria del Ministerio de Cultura, Mercedes del Palacio, y el director general del Libro, Archivo y Bibliotecas, Rogelio Blanco, entregaron el pasado viernes al Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, CDMH, 145 cajas de documentos que contienen 150.000 páginas con información de los presos franquistas que estuvieron recluidos en campos de concentración y batallones de soldados trabajadores, entre 1937 y 1945.
En concreto, Del Palacio informó que son “extractos de revista” que se realizaban mensualmente a los presos del franquismo y que recogen entre otros aspectos, el listado de altas y bajas, los días devengados por cada preso o incluso información sobre la procedencia de los reclusos, su destino y el tipo de trabajo que desempeñaban.
Esta serie documental, conocida bajo la denominación ‘Exclavos de Franco’ o ‘Exclavos por la patria’, procede de campos de concentración que servían de centros de distribución a otros campos, como el de Miranda de Ebro; también de los Batallones de Trabajo Especializados, como los del Servicio de Recuperación de Automóviles en Madrid o en Sevilla; de los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados, ubicados en poblaciones como Peñaranda de Bracamonte o en edificios históricos como el de San Marcos de León; o de destacamentos de trabajadores destinados a obras específicas como la reedificación de Brunete o la construcción de un tramo del ferrocarril Madrid-La Coruña en la provincia de Zamora.
Son testimonios que dejaron escritos los trabajadores afines al régimen, que recogen los nombres y apellidos de los miles de hombres y mujeres republicanos que “padecieron” la represión franquista y cuyo “único delito” fue pensar diferente o en algunos casos tener una relación de amistad con quien se consideraba enemigo del régimen. Todos los documentos se conservaban en el Archivo del Tribunal de Cuentas, hasta que el 30 de octubre de 2009, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y el presidente del Tribunal de Cuentas, el leonés Manuel Núñez, suscribieron el convenio que ha posibilitado la transferencia de la custodia de los documentos al CDMH. Estos papeles se remitieron al Tribunal de Cuentas para su correspondiente fiscalización, ya que eran testimonio de la ejecución de los pagos mensuales a los reclusos trabajadores.
Mercedes del Palacio recordó la “magnitud” de esta situación y como ejemplo citó que a principios de 1941, el Patronato para la Redención de Penas tenía registrados 103.369 penados, 10.000 de ellos mujeres y más de 280.000 prisioneros políticos.

Medalla para un colaborador desinteresado

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha solicitado al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la concesión de una Orden al Mérito Civil a título póstumo para el ciudadano japonés Toru Arakawa, porque durante tres años recorrió España “con sus propios medios para ayudar a decenas de familias de desaparecidos por la represión franquista”.
Según el reglamento que rige la concesión de este tipo de distinciones, las mismas se otorgan “a las virtudes cívicas de los funcionarios al servicio del Estado, así como los servicios extraordinarios de los ciudadanos españoles y extranjeros en el bien de la Nación”.
“Hace tiempo que no teníamos noticias de él. Desde hacía cuatro años no faltaba a una sola cita durante el verano en España, pero esta vez había pasado demasiado tiempo sin contestar a los correos. Su silencio no era una buena señal. Finalmente, el primer día del año nos enteramos de que el pasado 5 de octubre sufrió un infarto, fue ingresado y falleció poco después”, escribió Santiago Macías recientemente en una columna publicada en este periódico.
Macías había conocido a Toru Arakawa en julio de 2005. Había volado desde Tokio hasta Madrid con el recorte de una noticia que un periódico japonés había publicado días antes. Llegó a Ponferrada en autobús y se presentó en la puerta del Ayuntamiento preguntando por las personas que formaban parte de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Durante cuatro veranos participó en la exhumación de varias fosas comunes por todo el país, ayudó a poner nombre y apellidos a decenas de desaparecidos y se ganó el corazón de mucha gente para la que fue un ejemplo de solidaridad internacional, un gran amigo y un hombre que dudó en ser uno más en la ardua tarea de reparar los crímenes que la dictadura había cometido contra la humanidad”.
“En todo ese tiempo, no quiso que supiéramos de su corazón maltrecho hasta el mismo momento en que dejase de latir. Por eso, en nombre de todas las personas a las que ayudó desinteresadamente, quiero rendirle homenaje”, escribió Macías.
“Para la gente de los pequeños pueblos que recorría era especialmente emocionante conocerle, mirar la meticulosidad con la que colaboraba en las exhumaciones y tener el ejemplo de alguien que movido por la solidaridad y los valores humanitarios había viajado desde tan lejos para echar una mano”. Toru había leído una treintena de libros en su país sobre la guerra civil española, durante su vida como profesor de inglés. “En especial la había impresionado la historia de los topos que durante años estuvieron escondidos en habitáculos, dentro de sus casas, para no terminar en las fosas que Toru ayudó a exhumar. Ese conocimiento y una intensa solidaridad le llevaron a recorrer esos miles de kilómetros”, señala la ARMH en su escrito a Zapatero.

Los que no encuentran nada

No todas las historias acaban con final feliz, entre comillas. Muchos familiares nunca localizan a sus seres queridos, ni siquiera en una cuneta 50 años después. De todas las historias leonesas sobre el tema, la más injusta quizá sea la de Isabel González, de Palacios del Sil.
En julio de 2002, con 85 años de edad y gracias a la colaboración de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Isabel logró que una excavadora removiera la tierra de Piedrafita de Babia.
Según un pequeño mapa hecho a mano por esta mujer y una amiga en base a testimonios recogidos durante 60 años, en lo más alto del puerto debía estar enterrado su hermano.
La tierra se removió, la entonces jueza de Villablino autorizó que se realizara las pruebas de ADN, pero dio negativo. Ninguno de los huesos de siete cadáveres que se recuperaron correspondió a Eduardo González.
Isabel lo buscó hasta el último día de su vida. Su ilusión fue que juntar un día en el cementerio los restos de su hermano y de su madre.
Entre los testimonios que recogió estaba el de un vecino de Carrasconte, que les dijo que en 1947 había sido una de las personas que había excavado la fosa para enterrarlo. El gran drama de Isabel es que justo la tumba de su hermano quizá esté justo debajo del asfalto de la actual carretera.
No encontrar los restos de su hermano no supuso para Isabel ningún trauma. «Mi obligación es seguir buscando, aunque no lo encuentre», insistía una y otra vez. En Piedrafita desaparecieron 37 personas de las que, en las dos excavaciones realizadas, apenas se encontraron restos de siete. Isabel murió en julio de 2006 con 88 años. Su testimonio y aquel mapa no sirvieron para cumplir el gran sueño de su vida, pero sí para otros vecinos de Palacios. “ Su información me puso sobre la pista de donde podría estar enterrado mi abuelo que había desaparecido de Matalavilla durante la guerra. Finalmente lo encontré enterrado en Francia», recordaba a raíz de su muerte Alejandro, otro vecino del pueblo.
Como Isabel, otras muchas familias buscan a sus seres queridos sin encontrar nada. Ni una sola línea en ninguna parte. Quizá el ejemplo de esta mujer sirva también para remover las conciencias de quienes creen que toda esta historia de desaparecidos es algo político. Son muchas las familias que quieren recuperar los restos de sus seres queridos o parte al menos de su memoria para futuras generaciones.

http://www.la-cronica.net/2010/03/14/7-dias/cataluna-busca-

desaparecidos-de-la-guerra-en-leon-72655.htm

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