Setenta y tres años después
Escrito por: ARICO MEMORIA ARAGONESA en 22/10/2009
Setenta y tres años después
Memoria Histórica exhuma los restos de dos vecinos de Ribadumia y Cambados fusilados en el 36 Barro y enterrados en una fosa común junto a la iglesia de Curro
Elena Larriba
Voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) esperan finalizar hoy la exhumación de los supuestos cadáveres de Castor Corbal Garrido, vecino de Cambados, y Ramón Barreiro Rodríguez, vecino de Ribadumia, fusilados por falangistas el 15 de septiembre de 1936 y enterrados juntos en una fosa pegada al muro de la iglesia de Curro. Sus sobrinos siguieron ayer de cerca los trabajos desenterramiento con mucha emoción y ansiosos por darles una sepultura digna en sus respectivos panteones familiares, aunque tendrán que esperar a que el análisis de ADN de los huesos confirme su identidad. Para ellos «no se trata de reabrir heridas, sino de cerrarlas, después de 73 años de sufrimiento silencioso».
Castor Cordal Garrido, casado y sin hijos, tenía 27 años cuando lo mataron. Era electricista y miembro de la CNT. Se dio cuenta de que iban a por él y se escondió en diferentes lugares hasta que un delator lo descubrió. Estuvo recluido en el Pazo de Fefiñáns y su padre quiso visitarlo pero no lo dejaron e incluso llegaron a amenazarlo con meterlo a él también preso. Al tercer día le dijeron que su hijo se había escapado a Portugal. Pero unos vecinos de Corbillón, que iban a la feria a Pontevedra, vieron al pasar por Barro a dos hombres muertos mientras eran transportados con una escalera para enterrarlos, y reconocieron a Castor.
El otro cadáver era el Ramón Barreiro Rodríguez, de 19 años vecino de Sisán (Ribadumia). Además de poeta, escribía en gacetillas locales y era conocido por la acidez de su literatura. Pertenecía a una familia de tradición republicana. Su hermana fue movilizado en la Guerra Civil por las tropas golpistas y se pasó al lado republicano. Al termino de la guerra fue detenido y estuvo ocho años preso. Ramón estuvo escondido por los montes de Armenteira y aunque la familia nunca supo de su paradero, torturaron a los padres para que cantasen. Su madre fue violada y rapada y no tardó en morir. A Ramón lo delató al parecer un cuñado de su madre y antes de enterrarlo le cortaron un dedo para robarle un anillo de oro que portaba.
La familia de Castor Cordal supo poco después que había sido fusilado junto con otro hombre en un eucaliptal de Barro, cercano a la actual carretera de Vilagarcía, a la altura de donde hoy está ubicado el mesón El Abuelo Pintos. Y sabían también por vecinos del lugar que había sido enterrado 800 metros de allá, detrás del atrio de la iglesia de Curro.
Localización
Un sobrino de Cordal puso todos estos detalles en conocimiento de Asociación de la Memoria Histórica para localizar la fosa y, paralelamente, un hombre mayor de Barro, que murió hace poco más de un mes, se puso también en contacto con un colaborador de la ARMH en Vilagarcía, para contarles que sabía exactamente donde estaba esa fosa pero no quienes eran los que estaban enterrados en ella. Según relató, él y su padre, junto con dos vecinos más del pueblo, fueron obligados a recoger los cadáveres aquel 15 de septiembre de 1936 para darles sepultura. Y confirmó que, efectivamente, los transportaron hasta las inmediaciones de la iglesia de Curro utilizando una escalera.
La Asociación de la Memoria Histórica solo tenía constancia de la identidad de una de las víctimas, Castor Cordal, pero por el registro civil de la localidad consiguió averiguar que la segunda era Ramón Barreiro. Y en este caso fue la ARMH la que se lo comunicó a la familia, que no tenía ni idea de su paradero.
Albino Agraso, también vecino de Curro, que entonces tenía 13 años, aportaba ayer in situ otro testimonio. Aunque el fusilamiento debió de ser al amanecer, recordaba vagamente que no fueron enterrados hasta la tarde noche, «supoño que mandado polo xuiz».
Contó que un tío suyo también fue asesinado aquel año en A Caeira con otros represaliados, «pero os recolleron as familias e os enterraron no cemiterio de San Mauro en Pontevedra, non como esto que foi unha piratada».
http://www.lavozdegalicia.es/pontevedra/2009/10/22/0003_8053436.htm
Los dos cadáveres estaban situados en línea dentro de la fosa localizada junto a la iglesia de Curro – RAMÓN LEIRO
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